Charly Sinewan | Bajando el Mekong
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Bajando el Mekong

Bajando el Mekong

Vuelta al Mundo en Moto Sinewan. Capítulo anterior

 

En Ko Phangan, una pequeña isla al sur de Tailandia, en un restaurante italiano.

Hasta el 31 de diciembre por la mañana todo fue sobre ruedas, nunca mejor dicho porque recorrí muchos kilómetros para pasar la Navidad donde quería y la noche vieja también, pasando entre medias por Bangkok para reparar la moto.

Pero tanto el último día del año pasado como lo que llevamos del presente han sido los peores del viaje, a excepción de un paréntesis de unas horas en las que asistí a la “full moon party”, una macro fiesta en una de las playas  de esta isla que debió ser paradisiaca hasta que fue invadida por miles de turistas. Pero mantiene playas y paisajes de película.

Ya me voy encontrando mejor pero he estado bastante chungo, con diarrea, mareos, agujetas, contracturas y muy cansado, abatido más bien. Fiebre no he tenido, lo que descarta en principio enfermedades chungas transmitidas por mosquitos, además que ya parece que voy recuperándome a base de dormir, comer y descansar en un hotelito frente a una playa paradisiaca, así que tan mal no estoy.

PLAYA PHANGAN

Las causas de estar malo entiendo que serán consecuencia de algo que no debí comer, o el hielo de alguna de las varias copas de la Nochevieja que no debí beber, o una resaca monumental, o consecuencia de una insolación unida al peor día motero de mi vida y de uno de los mayores esfuerzos físicos que nunca he hecho. O quizá sea todo junto, el caso es que llegué aquí feliz y entero y de momento intento levantar cabeza para seguir viaje.

Por todo lo anterior no he escrito hasta el momento, y ahora se acumulan las historias que iré subiendo por capítulos.

La historia quedó el día después del accidente, en Tailandia y cerca de la frontera con Laos.

Los primero kilómetros de la mañana se centraron en preocupaciones. Cada parada volvía a poner el caballete central y hacía rodar la rueda, que se frenaba en la primera vuelta y emitía un desagradable sonido de discos rozando pastillas. Algo que cuando lo escuchas en tu lugar no tiene mucha importancia, te vas al taller y se soluciona. Pero un incidente en un viaje puede provocar cambios en éste, y eso si me preocupaba. Afortunadamente estaba en Tailandia y un cambio de rumbo me llevaba a Bangkok en un día, cosa que me fastidiaba enormemente pero al menos me tranquilizaba. Por lo demás la moto sin guardabarros había adquirido un “look madmax” que la hacía, y la hace, más macarra.

MAD MAX

Cada rato frenaba en seco para comprobar que la moto respondía y que no vibraba el freno, al menos en exceso. Todo bastante bien, los discos se calentaban pero nada alarmante. También hacía comprobaciones algo absurdas como soltarme de manos y ver si se iba a un lado u otro y observaba la rueda desde el hueco entre el frontal y el depósito, algo que no creo que en ningún caso hubiera aportado dato de interés alguno pero que alimentaba mi obsesión.

Una pena porque no disfrutaba del trazado espectacular del día, serpenteando por buen asfalto y entre pequeñas montañas y selva y paralelos al río Mekong, con una luz espectacular y sin apenas tráfico. Teníamos 300 km hasta la frontera donde pensábamos llegar lo suficientemente pronto como para cruzarla o cambiar el rumbo a Bangkok.

Pero la ktm, acostumbrada a ser el centro de atención, estaba celosa de la noche anterior y de cada una de las paradas en que los dos centrábamos nuestros mimos en la otra. Y es que son todas iguales.

Cruzando un pueblo perdí a Duncan en el retrovisor, paré, esperé lo cortés y di la vuelta encontrándome a los pocos metros con lo sospechado. Primer pinchazo del día.

De nuevo el sitio era ideal para observar el arreglo. Pueblo tranquilo, temperatura agradable y en la puerta de un súper mercado con todo tipo de comestibles y refrescos, y una dependienta que por falta de clientes se mecía en una hamaca. La mujer se sorprendió de lo que en la puerta de su establecimiento ocurría, dos tipos blancos, bastante sucios, con dos motos muy grandes y que uno de ellos desmontaba una rueda para con unas piezas metálicas enormes separar lo negro de lo plateado. Eso pienso que pensaría.

Pero toda su sorpresa la reflejaba con los ojos, el resto del cuerpo ni lo movía. Con un dedo me indicó que cogiera lo que quisiera y siguió meciéndose y observando atónita las manos negras de Duncan.

Yo preparé mi desayuno a la sombra, sentado en las escaleras de cerámica azul y extra limpia que daban acceso al súper, justo frente a Duncan y a escasos metros de la buena mujer. Galletas de chocolate y red bull.

Supongo que la mujer al verlo debió pensar algo así como…

– Este chico además de blanco y sucio es tonto…

Con gran esfuerzo y en varios tramos lentos de movimiento la mujer consiguió bajarse de la hamaca, caminar despacio sin decir una palabra y perderse en el fondo del local. Acto seguido apareció en silencio por mi espalda para depositar a mi lado dos botellas, una de leche y otra de yogurt líquido. Con un gesto me indicó que era para mí y que corría de su cuenta.

Las galletas con red bull no van blanquito, pensaría la buena señora…

SUPERMERCADO

Con retraso sobre el horario previsto seguimos, por el mismo tipo de trazado y atravesando pueblos parecidos al del pinchazo. Todo en calma, la moto bien y mis preocupaciones se iban calmando.

Circulábamos entre 80 y 90 Km/h cuando uno de los puestos militares habituales nos hizo aminorar la marcha para sortear dos vallas y que los militares pudieran comprobar si éramos buenos o malos. De nuevo tuvimos suerte, esta vez Duncan. A escasos metros de atravesar el corte, y a baja velocidad, la cadena de la ktm dejó de ser perpetua y cayó al suelo sin dejar de colgar de la moto. Tras unos metros la rueda trasera se enganchó, la moto empezó a culear de un lado a otro y Duncan con equilibrios antiestéticos evitó la caída consiguiendo parar la moto. Casi.

Llevas repuesto?

No

Jeje

Jiji

Duncan desmontó la tapa para ver si había más daños y no los había. Sacó la cadena extra sucia y la metimos en una bolsa. Preguntamos a unos lugareños que nos indicaron que había un mecánico a dos kilómetros.

Qué hacemos?

Hay dos posibilidades, que te lleves mi moto al mecánico y preguntes si te la pueden arreglar o que te remolque.

Ummmmmmmmm…, me remolcas.

Con una cincha unimos las motos por donde pensamos que era mejor. Cuando nos disponíamos a ponernos los cascos Duncan levantó una mano con la palma abierta, quedándose inmóvil y pidiendo silencio.

pssssssssssssssssssssssssssss

Segundo pinchazo del día, si remolcar una moto ya tiene su gracia, hacerlo con la rueda pinchada lo hacía más que divertido.

Has hecho esto alguna vez?

No y tú?

No

La verdad es que después me acordé que hace muchos años remolque con mi Vulcan 500 la Dr big 800 de un buen amigo, lector de este blog. Aquella moto era como la ktm, terminabas queriéndola por la cantidad de anécdotas que te daba.

Poco a poco aceleré en primera y nos pusimos en movimiento, cambié a segunda y todo iba perfecto. Entonces escuché a Duncan

Go faster!

Faster?

Este chico está loco pensé, aceleré un poco y ya, más no que nos la damos…

Go faster Carlos! Go Faster!

Que no…

Llegamos al lugar y las ocho personas que trabajaban al aire en la puerta del taller dejaron de hacer lo que estaban haciendo para ver el momento.

Por qué querías ir más rápido?

Más rápido? “No Faster” te decía

Jajajajajja

Problemas de sonido y problemas de idioma, menos mal que no hice caso de lo que entendía.

Al pobre Duncan el día anterior se le había suicidado una avispa en la frente, dejándole de legado su veneno en forma de huevo Kínder. Con el día había aumentado y el tamaño era al menos sorprendente. Así se acercó al taller con su cadena en mano, su cara de bueno y su perfecto inglés británico.

Explicó al primer mecánico que se acercó sus problemas a la vez que le mostraba la cadena. El mecánico, sin entender una palabra de lo que escuchaba, lo miraba y sonreía. Cuando Duncan terminó su discurso el mecánico señaló el huevo kínder con su dedo índice a la vez que se giraba para buscar la complicidad del resto de los presentes. Cambiaron las sonrisas por risas y todos terminaron a carcajada limpia, perdón, terminamos, porque no pude evitar unirme a ellos.

Pasado el momento carcajadas la cadena pasó de uno a otro hasta llegar al que a la postre supimos que era el jefe. La miró, se acercó a la moto, la puso por encima, midió a ojo y se la llevó.

Tendrán repuesto?

Ni idea

Por supuesto nadie hablaba una palabra de inglés allí.

Al rato entendimos lo que estaban haciendo, porque recambio no tenían. Unieron la cadena por el último eslabón haciéndola más pequeña, ajustaron la rueda al máximo y la montaron. todo a martillazo limpio durante media hora en la que observábamos y rechazábamos ofertas de whisky tailandés. Ellos dale que te pego.

Quedaba muy tensa, Pavarotti podía hacer el equilibrista sobre ella y ni se hubiera inmutado, la cadena quiero decir.

No dio tiempo para pensar, el mecánico hizo un gesto indicando que la solución era limar el hueco donde agarra la rueda, que no sé cómo se llama, y hacerlo mayor, así destensaría. Nos miramos sorprendidos.

Qué haces? Podemos buscar la forma de volver a Bangkok y cambias el kit entero.

No no, seguimos, vamos a la playa.

Dimos el ok al mecánico que esperaba sorprendido mientras dudábamos, daba por hecho que había que solucionarlo así, ni había cadena ni la habría en varios días aunque la pidiera. Sólo nuestras europeas cabezas dudaron por un instante.

La “ñapa” quedó estupenda y pudimos continuar, por supuesto dirección Laos porque a esas alturas yo ya ni pensaba en mi moto, seguíamos sobre el plan inicial de llegar a la costa de Camboya en Navidad.

ÑAPA CADENA CADENA ROTA

Pero se nos había hecho muy tarde, lo que supuso tener que conducir tres horas de noche hasta llegar al paso fronterizo, cosa que nos dio igual, nos había entrado el veneno en el cuerpo y en lo único que pensábamos era en llegar.

Y llegamos casi a las diez de la noche, sin información alguna nos pusimos a buscar hotel, n
os pareció ver blancos en un restaurante con terraza y decidimos tomar algo, celebrar el día y de paso preguntar dónde estaban los alojamientos baratos.

Y sí que había blancos sí, todos bastante mayores además de chicas tailandesas jóvenes que se levantaron de una mesa al vernos llegar. La única que no era joven nos hizo los honores, nos sentó e indicó a dos chicas estupendas que se sentaran a darnos conversación.

Pero que se dedicaran a lo que se dedicaban no quiere decir que no fueran lo suficientemente inteligentes para saber que dos tipos sucios y mal olientes que piden coca cola a las diez de la noche, y que preguntan por hoteles de cinco euros, no son clientes. Así que al poco se levantaron y se fueron a la barra. Nosotros al rato nos fuimos y con sus indicaciones encontramos la zona de hoteles.

Esa noche mientras Duncan dormía estuve largo rato pensando en la noche anterior y en el accidente. Intentaba hacer memoria pero no recordaba, miré de nuevo la ropa y me miré bien en busca de algún golpe que no hubiera visto. Pero no, ni encontré ni recordé nada, ni esa noche ni después.

La mañana siguiente sin apenas complicaciones y previo pago de 35 dólares de visado, pasamos la frontera y entramos en Laos, país vecino de Tailandia, raza casi igual y mundos diferentes. Para empezar porque se circula por la derecha, a buenas horas, también porque fue colonia francesa y tanto el café como el pan son excelentes. Y sobre todo porque el desarrollo es otro, la capital Vientiane comparada con Bangkok es como un pueblo grande. Con avenidas anchas, banderas comunistas por todos los lados, apenas edificios en altura, arquitectura local combinada con colonial y bastante más suciedad que en su país vecino. Gentes amables y mucho más sorprendidas al vernos, en Laos volvió ese efecto extraterrestre que en Tailandia era menor. La gente se colapsaba al vernos, nos observaban con cierta distancia y algo de miedo hasta que poco a poco, al ver que éramos casi normales, se iban acercando. Especialmente los niños, que recuerdan a África, primero miedo absoluto y cuando lo iban perdiendo, increíbles, terminábamos teniendo un círculo rodeándonos y esperando una simple pedorreta que los daba aparentemente más felicidad que una “play station” a un niño europeo.

PARADA LAOS

Estábamos muy avisados de tanto en Camboya como en Laos no salir de la carretera en ningún caso, ambos países siguen estando minados en muchos lugares. En la primera parada, y como se puede comprobar en la foto, vimos en primera fila las consecuencias de esas minas. El chico me pidió que le liara un cigarro y fumamos juntos.

Tardamos dos días en bajar Laos desde la capital, paralelos al Mekong pero a una cierta distancia que nos impedía verlo, una pena porque el trazado en la parte tailandesa era más bonito. La carretera era prácticamente una línea recta de asfalto correcto y que atravesaba continuamente zona rural, con selva a ambos lados y con alguna pequeña localidad poco desarrollada.

PUEBLO LAOS

Así llegamos a las cuatro mil islas, una zona turística de Laos casi pegando con Camboya y donde decidimos pasar una día y descansar. Elegimos Don Som, la mayor de las islas, y nos dirigimos al puerto que el gps indicaba. Al llegar vimos un transbordador que se alejaba…

Varios locales nos empezaron a hacer señas que casi nos llevaron a una doble canoa de madera con una plataforma, también de madera, esperando nuestros 800 kilos.

Ni de coña

Lo mismo aguanta?

Lo mismo no, si quieres prueba y te grabo, puede ser la primera ktm del mundo que bucea…

Esperamos que volviera el transbordador pero Duncan se quedó con las ganas de cruzar en canoa con su moto, algo muy visible de cara a la foto pero que yo no tenía nada claro, sobre todo porque peso más. Bueno yo a estas alturas del viaje no, la moto quiero decir.

Llegamos a la isla y las indicaciones nos llevaron a una camino de arena paralelo al río y donde parecía que encontraríamos alojamiento. En un giro la imagen de un ángel nos hizo parar.

Era Ali, una viajera inglesa de pequeño cuerpo y enormes ojos azules, pelo rubio rizado y muy alborotado. Se escondía bajo un vestido de algodón blanco y largo, sentada en el suelo, apoyando su espalda contra un árbol y canturreando cancioncillas acompañada de una pequeña guitarra , con el río como único espectador. Parecía salida de un cuento.

Hola

Hola, sabes dónde podemos encontrar alojamiento barato?

Y nos alojamos en su hotel, nos hicimos colegas y estuvimos toda la tarde con ella. Suficiente para ver la isla y ver que no había nada que ver. Sólo tranquilidad y una espectacular puesta de sol a orillas del Mekong rodeados de niños.

Ali se iba a mañana siguiente a Don Det, otra isla más pequeña donde parecía haber más gente joven y algo más que hacer, pensaba pasar allí las navidades. Habíamos hecho buenas migas, especialmente Duncan, así que nos ofrecimos a llevarla porque nos quedaba de paso y no tenía fácil transporte. Aunque no dijo nada, Duncan empezó a dudar si quedarse o seguir conmigo y mis prisas. Él tenía todo el tiempo del mundo pero yo no, mi idea era pasar la navidad en la playa para después ir a Bangkok, reparar la moto y que me diera tiempo de pasar la noche vieja en una isla al sur de Tailandia.

Por la mañana Duncan me preguntó.

Cómo hacemos?

La ktm no tiene espacio más que para un cepillo de dientes extra y con dificultades.

No te preocupes, las motos grandes cuando haces fuera de pista son un incordio, pero si ligas son fantásticas.

Aunque no era el caso.

Cargamos mi macuto sobre una maleta y el de Ali sobre la otra. Y ella detrás sentada en una especia de trono. En total debíamos sumar casi 500 kilos.

"justify">MOTO CARGADA

Y así nos fuimos con dos misiones, encontrar un cajero primero y después dejar a Ali en el puerto para seguir camino y cruzar la frontera, avanzar un poco y llegar al día siguiente a la playa de Camboya. Pero los planes siempre cambian.

Y es que encontrar el banco nos llevó más de una hora, la carretera era de asfalto pero cada desvío que te llevaba a una población era pista de tierra rojiza, a veces con barro y a veces en obras. Duncan iba disfrutando mientras yo iba haciendo lo posible por no tener la imagen del elefante sobre la débil pierna del angelito que transportaba. Afortunadamente salimos airosos y nos lo pasamos en grande, especialmente el inglés y su ligereza.

Atravesando el río que se había desbordado llegamos al puerto y decidimos comer para después, en teoría, irnos.

Pero en la comida Duncan ya estaba muy dudoso y me dijo que no sabía qué hacer. Por un lado quería seguir conmigo pero por otro lado le tiraba quedarse, así que…

Si encontramos una barca decente, no una de estas canoas (no había transbordador), pasamos la noche en la isla y mañana si lo ves claro te quedas, que no me importa irme solo y hacerme Camboya en un día, aunque llegue muy de noche.

Y casi así hicimos, terminamos de comer y empezamos a costear el río por un sendero divertidísimo hasta no encontrar una embarcación mejor que la doble canoa de madera con plataforma. Y al final Duncan me convenció y el barquero me aseguró que no había problema, que aguantaba sin problema.

Y empezó el cachondeo de subir dos motos enormes a una plataforma de madera con un toldo azul que impedía tener la cabeza erguida.

El vídeo de la llegada se estropeó, porque la barca aguantó y llegamos claro, pero el espectáculo fue peor al salir de culo. Afortunadamente dos espontáneos cachas que tomaban el sol nos ayudaron, yo estaba sentado en la moto pero agachado porque daba con la cabeza en el techo, así que casi no podía empujar la moto para atrás para subirla a la rampa. Una vez subida empezó a bajar y la rampa de madera empezó a crujir. Fueron unos segundos de pánico, pero no, aguantó y conseguimos bajarla a la playa.

Y ya en la isla nos alegramos de haber llegado, dimos una vuelta por pequeños caminos y de nuevo disfrutamos de la moto y de los paisajes, el día terminó siendo divertidísimo. La isla era muy pequeña y tranquila, pero llena de bares “chill” con vistas al río y alojamientos baratos y básicos que hacían que el turismo allí alojado fuera efectivamente joven en su mayoría y de un estilo con el que al menos yo conectaba. Pasamos la noche en tertulia europea y después a la cama, que había que madrugar y mucho.

A las seis y media de la mañana empezó el día más largo del viaje, Duncan y Ali también se levantaron aunque ambos se quedaban. Recogí rápido y desayunamos en casi un rotundo silencio junto a la playa que hacía de puerto. No estábamos enfadados, lo que estábamos era muy dormidos. Terminando el desayuno les dejé allí y bajé a negociar el precio con el único barquero que había, mal asunto. Peor que no hablaba una palabra de inglés, lo que nos llevó a negociar el precio pintando números sobre la arena del río. Empezó por el equivalente a unos diez euros, yo pinté cinco, se echó a reír, yo también, y quedamos en siete después de varios tachones más.

Con un abrazo me despedí de Ali y con otro más caluroso de Duncan, excelente compañero pero que tenía que seguir su viaje como yo el mío. En un viaje como este conoces mucha gente y llegas a tener amistad con muchos, lo que nunca se sabe es con quién seguirás teniendo amistad después. Tanto con Simon como con Duncan espero que sea así porque los considero amigos.

Esta vez tanto la subida como la bajada de la barca fueron más fáciles, no tenía toldo y tenía salida por ambos lados, lo que yendo solo fue un alivio.

BARCA 2 BARCA 1

Rápido llegué a la frontera, la menos transitada hasta la fecha. En las casi dos horas que tardé en cruzarla sólo me crucé con un pequeño autobús de turistas, gente local no vi pasar, ni andando ni en coche. También la más corrupta hasta la fecha.

Primero el que me sellaba el pasaporte en Laos me pidió un dólar, cosa que ya me había pasado en otras fronteras pero que poniéndome borde siempre había solucionado. Esta vez no, el tipo cerró el cuaderno y me dijo.

– No dólar, no sello

Y no pasaba un alma, así que él tenía todo el día y yo no. Con dolor de estómago le pagué el dólar y pasé el primer corrupto del día.

El segundo estaba ya en Camboya, sentado bajo una carpa blanca, con gafas y aparentando ser médico. Era el control sanitario. El tipo me hizo rellenar un absurdo formulario para después, de una caja de cartón, sacar una pistola de plástico fácilmente comprable por un euro en un chino. Me la puso en la frente, apretó el gatillo, la apartó, miró un indicador inexistente y muy serio me dijo:

Está usted bien.

No pude reprimir una medio carcajada para que del alma me saliera algo así como:

Muchas gracias hombre, me quedo mucho más tranquilo

Es un dólar.

Después otro dólar para el sello en Camboya, veintitrés de visado y “padentro”…

Un asco que no tiene solución, Alejandro y Guadalupe me contaban que en África es mucho peor, además de ser cantidades mayores si te quejas te van subiendo el importe y no van de farol. Un negro enorme y descalzo pero con una metralleta que no tiene mucho reparo en usar si le parece oportuno. Así que qué le vamos a hacer, es lo que hay.

A partir de ese momento empezó la rodada interminable, setecientos kilómetros que empezaron muy bien, por buena carretera y casi vacía, y que me hizo volver a rodar a 120 km/h. Llevaba mucho sin hacerlo y el guardabarros que llevaba enganchado malamente a una maleta no estaba acostumbrado y decidió volar. Y no sé cuándo lo decidió porque cuando me di cuenta, aunque di la vuelta y lo busqué unos dos kilómetros, no lo encontré, una pena porque aunque estaba ciertamente perjudicado lo podía haber arreglado creo.

A los doscientos kilómetros el tráfico empezó a ponerse intenso para terminar recordando a India, pero peor, más rápido y con conductores de camiones menos dispuestos a evitar accidentes.

A las seis de la tarde, casi de noche, llegué a Phnom Penh, capital de Camboya que atravesé por el centro y que me dio la sensación de ser un punto intermedio entre Bangkok y Vientiane, ni tanto ni tan poco. Quedaban 140 km para Kampot, lugar al que me dirigía y donde me esperaba un hotel que me habían recomendado como un pequeño paraíso, el bodhivilla.

No me apetecía nada dormir en una ciudad y quería amanecer en la playa, así que pensando que sería dos horas y media me encaminé a Kampot, por la carretera nacional III que cuando la terminen seguro que es buenísima. Pero no, los 140 km estaban en obras, polvo rojizo, camiones, oscuridad y baches me hicieron tardar cuatro horas en llegar. Pero llegué, después de dieciséis horas de viaje y con un aspecto lamentable, sudando y con la cara roja del polvo que había comido en el último tramo. Aún así me dieron alojamiento, sorprendente, al día siguiente era 23 de diciembre y esperaba decidir dónde pasar la noche buena y esperaba encontrar información de playas donde hacer kite…

Continuará…

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11 Comments
  • cubanocjc
    Posted at 17:42h, 04 enero Responder

    JEJEJE, muy buen relato.
    Duncan debe de ser un tipo muy canchondo. Por favor, no dejes de avanzar y de contarnoslo.

    Vsss

  • Astangi
    Posted at 19:38h, 04 enero Responder

    Me alegro de que hayas decidido reparar la moto finalmente. Y de que sigas acumulando experiencias.

    Nos debes muchos días de relato, todavía.

    Bsos,
    S

  • jimber
    Posted at 22:24h, 04 enero Responder

    Pues que sigas teniendo tanta suerte y que te vaya tan bien como últimamente. Seguro que encuentras algún compañer@ de viaje pronto! Vsss

  • Luis
    Posted at 00:58h, 05 enero Responder

    eu! Un poco tarde pero…Feliz Año. Un beso.

  • paratito
    Posted at 15:37h, 05 enero Responder

    Como siempre impresionante!!!!!
    Ya se que es bastante dificil pero me encantaria que colgaras mas videos ya que cuando los veo parece que este viviendo la aventura contigo. Vaya pelotas de subir la moto a esa balsa, no quiero pensar como seria la otra a la que te negaste subir.
    Feliz navidad alli donde estes!!!

  • kuk
    Posted at 13:09h, 06 enero Responder

    Hola amigo

    Felicidades por el viaje y gracias por explicarnos tu viaje con tanta pasion
    la que recibimos todos los que te leemos.
    Una pregunta la camara que llevas en el casco, que marca y modelo es
    pues estaria interesado en una; dado que la has probado en tantos km

    Saludos
    kuk

  • tu tio
    Posted at 16:17h, 07 enero Responder

    Despues de tu relato y tus odiseaaaaas….,pero sobre todo que estes bien,descansa y recuperate que es lo que te deseo.
    FELIZ AÑO NUEVO.Aventurero y buen Cronista.
    Muchos besoooos de todos nosotros.

  • tu tio
    Posted at 16:22h, 07 enero Responder

    Se me olvidaba Carlangas me ha impresionado las fotos sobre todo la del chiquillo que se esta fumando el cigarro que le liastes.
    Eres un jabato chabal.
    Mas besos.

  • Jaume
    Posted at 21:47h, 17 enero Responder

    Si no es porque lo he visto en el video y en las fotos, nunca hubiese dicho que un par de canoas, que no llegan ni a barcas, se pudiese cruzar un rio con una moto tan pesada y alta como la nuestra encima.Impresionante.Mucho animo Carlos.Saludos Jaume.

  • SINEWAN | El golpe — El mundo en moto Sinewan
    Posted at 16:58h, 28 marzo Responder

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    Posted at 17:23h, 28 marzo Responder

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