Charly Sinewan | De boda en Rishikesh
1407
post-template-default,single,single-post,postid-1407,single-format-standard,ajax_fade,page_not_loaded,,qode_grid_1300,qode_popup_menu_push_text_top,footer_responsive_adv,qode-content-sidebar-responsive,qode-child-theme-ver-1.0.0,qode-theme-ver-17.2,qode-theme-bridge,qode_header_in_grid,wpb-js-composer js-comp-ver-5.6,vc_responsive

De boda en Rishikesh

De boda en Rishikesh

Vuelta al Mundo en Moto Sinewan. Capítulo anterior

En Gwaldam, India, un muy pequeño pueblo a 2000 metros donde casi nunca ven rostros como el mío.

Salí esta mañana de Rishikesh, escapando de la ruta turista por carreteras elegidas casi al azar, y encantado de haberlo hecho porque el homenaje ha sido memorable…

A Rishikesh se accede desde Delhi dirección noreste,  después de 260 kilómetros infernales de tráfico suicida, polvo, obras y animales de todo tipo deambulando por la carretera. Parece un videojuego.

Me entretuve en Delhi más días de la cuenta, la hospitalidad de Simon y  Alex, su novia y la que reside en Delhi realmente, hicieron tomármelo todo con mucha tranquilidad y sin padecer estrés alguno por estar en una gran ciudad. Perdí la cuenta de los días que pasé con ellos, claro síntoma de lo bien que estaba.

Thanks friends!

No sé qué día salí porque hace tiempo que no sé ni en qué día vivo. Sé que salí cerca de las ocho de la mañana, que tardé algo más de una hora en abandonar Delhi y que después de otras seis horas llegué a Rishikesh. Hacer una media de 40km/h en india es lo normal.

Me dio para hacerme a la nueva conducción de la moto que con las ruedas de campo ha cambiado, menos fiable con buen asfalto pero muchísimo más dominable cuando aparece tierra o barro. Volvía también a estar limpia y el equipaje después del reajuste se redujo bastante.

Con dolor de cabeza después del suplicio de carretera llegué, pero al llegar desapareció el estrés y todo cambió, aparecieron las montañas y de nuevo un valle por el que acceder al pueblo, construido a ambas orillas del río posiblemente más espiritual del mundo, el Ganges. Por eso Rishikesh es lugar de culto de hindúes y el turismo local es numeroso. También muy numeroso es el turismo israelí y europeo por ser parada oficial de viajeros con mochila y recomendación de la lonely planet. Es la capital del Yoga y eso hace que parezca un poco artificial por todo el negocio que conlleva, pero cuando paseas por el río o por la parte baja del pueblo y ves la cantidad de monjes sadhu peregrinando y meditando, todo parece más real.

MEDITANDO

Es un lugar claramente de descanso, uno de los oasis de India, con algo menos de  basura y aire más limpio. Yo no llevo lonely, lo que hace que viaje por lo que me van diciendo los lugareños y los viajeros con los que me cruzo. Rishikesh me venía de paso para llegar a Nepal y pensé en parar un día o dos, pero no, como siempre todo cambia y allí pasé seis noches.

La carretera principal entra por la orilla oeste del río, elevada sobre éste y cortando la montaña. Un desvío a la derecha te baja por una estrecha y virada calle unos 500 metros, entre hoteles, restaurantes y tiendas, hasta llegar al segundo de los puentes que cruzan el Ganges, una estructura metálica moderna que  por aparentemente contundentes cables sujeta una pasarela de poco más de metro y medio de ancho. Repleta de gente a cualquier hora del día.

Cuando llegué paré, observé la imagen de la pasarela y el gentío y pensé que mi camino en moto había terminado. Mis indicaciones eran cruzarlo porque el turismo económico europeo se situaba al otro lado del río, en la parte alta, la que cruzaba ese puente.

No me dio tiempo a pensar cuando un francés me miró con cara de excitación y me dijo:

Parece increíble sí!, pero las motos pasan…

Debieron ser diez minutos lo que tardé en poder cruzar el puente, la gente prefería no apartarse para poder ver mejor la moto y hacerme más preguntas típicas. En varias ocasiones se produjo un colapso total al encontrarme con motos que venían en dirección contraria y teníamos que medio tumbar una  para que la otra pasara.

Sudando  llegué a la calle principal de la otra orilla, también estrecha y con miles de comercios, hoteles, vendedores y turistas. La recorrí a paso de tortuga buscando alojamiento, ante la mirada atónita de todo indio con el que me cruzaba, hasta que llegué a una Guest house donde me quedé sin ganas de pensar más y por seis euros la noche, el doble de lo que me costó un hotel más que decente al día siguiente.

Intentar negociar un precio cuando llego “montando el numerito”, es casi imposible. Ya he aprendido que al día siguiente vestido normal puedo conseguir un mejor lugar por la mitad, tres euros en este caso. Con otros tres o cuatro euros desayunaba, comía y cenaba  muy bien, y como no entro en ninguna tienda salvo que sea inevitable, ese fue todo el gasto esos días. Por eso muchos no vuelven.

A los diez minutos de llegar conocí al grupo de viajeros solitarios que habían formado una pequeña familia muy internacional, Viviana italiana, Adam de Canadá, Victoria y Mark ingleses, Marian suiza, Victoria australiana, Timor, Tal y Limor de Israel y Peri griega.

Con ellos pasé casi una semana, entre paseos por el Ganges, visitas a cascadas, alguna clase de yoga en la mañana, alguna sesión de yoga al atardecer en la arena del río, y sobre todo con ellos y sin ellos pasé horas en el “freedom”, un restaurante cuya estructura de madera casi flota sobre el Ganges y que por momentos recuerda a Ibiza. Dos plantas repletas de mesas bajas rodeadas de cojines, con música, buena comida, vistas al río y gente de todo tipo con la que apenas había  silencios.

FREEDOM

La moto se quedó aparcada en la puerta del hotel, en la calle principal. Fue más fotografiada que cualquier templo de la zona y los dos paseos que me di río arriba río abajo con ella fueron  suficientes para que todos los comerciantes de esta parte de Rishikesh me conocieran, me saludaran,  e incluso me hicieran ofertas de compra por la moto.</FO
nt>

El más efusivo de todos era el dueño de una agencia de viajes, de setenta y dos años, soltero porque huyó, y uno de los muchos entregados a la meditación. No conseguí saber su nombre pero todos le llamábamos Babá.

BABÁ

El penúltimo día nos invitó a la boda del hijo de uno de sus mejores amigos, vecino del barrio. La cita era a las siete y teníamos que ir con manga larga, eso era todo.

En la calle principal, muy cerca de mi hotel, empezó la orquesta a tocar frente a la casa del novio.

ORQUESTA

Al rato éste bajó ante las efusivas muestras de afecto de sus amigos y familiares. Se subió en el caballo y la procesión partió. Al frente de ésta avanzaban a duras penas dos destartalados carros, uno de ellos con un generador del que salían varios cables de dudosa seguridad. Los cables formaban un rectángulo con ocho pesados faroles decorados para la ocasión, cada uno de ellos transportado a hombros por un adulto excepto uno que lo soportaba como buenamente podía un niño casi adolescente.

NIÑO FAROL

Dentro del rectángulo avanzaban sin prisa los invitados, primero los hombres sin parar de bailar al más estilo “bolibud” y al son de la orquesta que rodeaba la cabalgata. Después las mujeres, más bien serias y sin bailar.

Entre parones por tráfico, parones por fuegos artificiales y parones porque las ruedas de los carros tenían el eje algo perdido, la procesión tardó cerca de dos horas en llegar a una gran carpa donde esperaban el resto de invitados. Un gran comedor con cantidades exageradas de comida india nos dio para esperar a la novia, primero comiendo y luego observando cómo los invitados varones seguían bailando sin cesar. El novio permanecía junto a la pista, en un pequeño escenario elevado y sentado en un banco también como todo, decorado para la ocasión. Su cara era de susto, con sonrisa nerviosa y continua.

NOVIO

Me acerqué primero a saludar y darle la enhorabuena y lo primero y apenas único que me preguntó  fue sobre la moto, incluso en ese momento.

Al rato fue Viviana quien fue a saludar, y como buena mujer, preguntar por la novia. Volvió con cara de incredulidad.

– No se conocen!!!, es la primera vez que van a verse!.

De repente todo cambió, casi todo lo que se ve cuando se viaja por zonas turistas es al menos un poco artificial. Pero estábamos a cinco metros de un novio indio, que en diez minutos esperaba a la mujer con la que iba a pasar con casi toda seguridad el resto de su vida, y que no conocía. La teoría de las familias “negociando” el matrimonio para sus hijos por intereses económicos, y porque los astros dicen  que según las fechas de nacimiento de ambos, se llevarán bien, la sabíamos. El estar viviendo la puesta en práctica de eso, de verdad, nos sorprendió y nos hizo esperar ansiosos y curiosos la llegada de la novia.

Apareció por el pasillo que formaban las dos hileras de sillas, similar al de una boda católica. A paso lento, con música alta y alegre, y rodeada de focos, apareció un rostro espectacular envuelto en maquillaje y adornos que no dejaba de mirar al suelo. Sus ojos  mostraban miedo, el que supongo produce saber que desde esa noche iba a compartir su vida y su cama con un desconocido.

NOVIA

Se juntaron ambos en el escenario donde él esperaba, ella sin dejar de mirar los zapatos de él, y éste bromeando con todos sus amigos que no dejaban siquiera un segundo de privacidad a la pareja. De refilón miraba entusiasmado lo afortunado que iba a ser, o al menos eso pensábamos nosotros viendo lo espectacular de la belleza de ella.

Seguimos un rato boquiabiertos viendo la ceremonia y al rato salimos, fuera estaba sentado Babá, aparentemente emocionado por la boda.

Le preguntamos y nos dijo que sí que lo estaba, después empezó a contarnos historias que no conseguíamos entender pero que al menos yo, escuchaba atentamente. En un momento de no entender nada, Viviana en español (que habla perfecto) me pregunta.

Crees que está fumado?

No hizo falta especular mucho, el “viejo” Babá, de setenta y dos años, nos dijo.

Perdonarme si digo tonterías, pero es que voy muy fumado…

Sentados en la puerta de la carpa, con Babá, vivimos una media hora absolutamente surrealista en la que nos contaba cosas como que estaba muy triste porque había perdido su chilum, o nos contaba la historia de los invitados que iban abandonando la boda, si eran ricos, si eran buenos, si eran hijos de ricos que se dedicaban a perder las fortunas de sus padres en el juego, y cosas así. Muchos se acercaban saludar y los jóvenes a intentar ligar con las turistas, uno de ellos soltó una “perla” que nos hizo reír a todos.

– Pero Babá!, qué afortunado eres rodeado de tantas mujeres bellas!, creo que tengo que cambiar la discoteca por la meditación, parece que funciona mejor…

Más que satisfechos nos fuimos a
dormir.

Al día siguiente, e igual que los cuatro anteriores, dije que me iría mañana. Esta vez lo cumplí y esta mañana sobre las once salí de Rishikesh. Anoche  la pequeña familia se despidió, cada uno seguía rutas diferentes aunque es posible que algunos nos volvamos a encontrar.

Yo decidí al azar una ruta a Nepal, atravesando el pre Himalaya, huyendo del calor, del tráfico intenso y también del circuito turista. Los 230 km de hoy de momento me dan la razón, un homenaje con muy buen asfalto casi todo el trayecto y bordeando el Ganges durante casi 200 km, sin parar de tumbar la moto en ningún momento y con vistas espectaculares entre valles y montañas. Los últimos cuarenta km han sido subiendo desde 400 hasta casi 2000 metros. La carretera empeoró el último tramo y estoy más que feliz con la Varadero cuando se acaba el asfalto, las ruedas y el menor peso  hacen que sea mucho más segura y estable. Sin hacer locuras claro.

En Rishikesh pasé por el aro turista y además de Yoga fui a un astrólogo que me habían recomendado. Yo no creo nada en este tema, pero la verdad es que después de haber ido, sigo sin creer. El “tío” la verdad es que era muy bueno, ambiguo como el mejor, y cuando se la jugó a concretar, acertó casi siempre. Cuando no acertó  fue rápido y supo salir airoso. De todo lo que me dijo iré hablando si se cumple, de momento me dijo que tuviera cuidado con los perros.

Hoy en una curva dentro de un pueblo, de la nada ha saltado una fiera desesperada por morderme, si llego a ir en una moto pequeña me alcanza. Pero he metido puño y he visto rápidamente como su dentadura se hacía pequeña en el retrovisor. No es la primera, en Turquía ya tuve un atentado perruno y en Delhi volviendo de noche a casa tuve una pandilla persiguiéndome por un rato. Veremos qué pasa.

Aunque son las nueve estoy en la cama, he preguntado si había algún “night club” en este pueblo pero parece que no, el silencio es total, hace frio y tengo ganas de amanecer para seguir en ruta.

Espero encontrar internet en algún lugar mañana para subir esta entrada, pero la suba cuando la suba se queda así.

gracias por leerme

 

Vuelta al Mundo en Moto Sinewan. Capítulo siguiente

20 Comments
  • ezequiel
    Posted at 19:03h, 05 noviembre Responder

    Charly:
    Amigo mío, verás que al gran viajero le pasa lo que a todo mujeriego: que todas las ciudades, todos los pueblos, todas las razas y todas las naciones terminamos siendo iguales.

    • Charly
      Posted at 11:02h, 20 noviembre Responder

      amigo Ezequiel, echaba de menos tus comentarios. y sí, cambia el idioma, la religión y la comida. pero la esencia de la gente es muy parecida en muchos casos. si lees el último relato verás que me he cargado la horquilla, los retenes parece. seguro que me das algún buen consejo. un abrazo amigo

  • silvia
    Posted at 19:20h, 05 noviembre Responder

    jo carlitos, que guay, que envidia y como mola tu diario,

    un beso fuerte!!!!!!!!!!

    • Charly
      Posted at 11:03h, 20 noviembre Responder

      silvi!!!, qué bueno que también me leas, me hace muy bien saberlo. muchos besos para los dos!!!!

  • Me tocará pronto
    Posted at 21:40h, 05 noviembre Responder

    Sigue, amigo, sigue. Pronto yo empezaré mi propio viaje.

  • Esteban
    Posted at 17:24h, 06 noviembre Responder

    Excelente relato , me rei muchisimo con el fumado de Babá ….
    Segui enviando los relatos del viaje que estan muy buenos.
    Esteban , Misiones , Argentina.

  • Lagu
    Posted at 22:58h, 06 noviembre Responder

    Es la primera vez que escribo, pero te sigo desde hace un mes y a ratos me pongo verde de la envidia. Me parece genial lo que estás haciendo, un auténtico viaje de aventura. Como muchos decimos por aquí…quizás algún día, pero no se si elegiria hacerlo acompañado mínimo de otra moto.
    Que la flor te siga acompañando y si necesitas que te envíe un espanta chuchos de esos de ultrasonidos, sólo tienes que decirlo, que los venden en tiendas de repuestos, de hecho un conocido lo tiene puesto en la moto y espanta a los animales en las cunetas.

  • DÉBORAH
    Posted at 00:21h, 07 noviembre Responder

    Ohhhhhhh!!! Este relato sí que me ha dado envidia!!!!!!!!! Una boda india, yoga en la orilla del Ganges,y ya camino de Nepal!!!!!Ya me lo contarás todos los detalles a tu vuelta.Besos, y como siempre te digo…sigue disfrutando !!!!

  • Antonio
    Posted at 00:17h, 09 noviembre Responder

    Me lo he leído todo de un tirón, y lo he disfrutado de verdad. Espero que nos sigas deleitando con tu relato y que sigas disfrutando del viaje.

    ¡Buena suerte!

    • Charly
      Posted at 10:56h, 20 noviembre Responder

      gracias Antonio, me alegra saber que se pueda leer del tirón. un saludo y seguimos…

  • Flamauder
    Posted at 21:29h, 09 noviembre Responder

    Estupendo leerte de nuevo…..pero y tú: ¿no estas cansado ya?
    Cuídate.
    Un Saludo.

    • Charly
      Posted at 10:55h, 20 noviembre Responder

      me cansa mucho más conducir por India y por Nepal que por Turquía o Irán. pero ahora voy parando mucho más y tengo carrete para bastante, a Australia espero llegar… gracias por seguirme!. un abrazo

  • Alfredo
    Posted at 12:50h, 10 noviembre Responder

    Carlos tio por un momento me he sentido en la boda bailando como shiva XD

    Cuidate!

    • Charly
      Posted at 10:53h, 20 noviembre Responder

      gracias Alfredo, estuvo muy divertido la verdad… abrazo

  • Rafa
    Posted at 17:28h, 10 noviembre Responder

    Carlos, vuelve pronto. Aquí ya se ha acabado la crisis y todo funciona fenomenal, se está reactivando con fuerza el mercado inmobiliario y el Atletico de Madrid casi gana al Real!
    (Si, es mentira claro pero si te digo la verdad te quedas en Asia para siempre!)

    • Charly
      Posted at 10:53h, 20 noviembre Responder

      he decidido volver para el siguiente doblete del atleti… al menos la crisis ya habrá pasado… abrazo!!!

  • PerryM
    Posted at 23:17h, 10 noviembre Responder

    Un placer leerte de nuevo, es como estar allí.
    Suerte.

  • Maiki1977
    Posted at 20:43h, 11 noviembre Responder

    Charly, otro relato cojonudo! Por cierto, las fotos muy buenas tio. Sigue así, hay mucha gente que te sigue.

    saludos
    30mps

  • SINEWAN | La flor que me acompaña — El mundo en moto Sinewan
    Posted at 13:10h, 28 marzo Responder

    […] Vuelta al Mundo en Moto Sinewan. Capítulo siguiente Filed Under: Madrid-Sydney, Mis viajes Tagged With: 2tmoto, Asociacion, Delhi, el mundo en moto, ewan, India, la vuelta al mundo, Manali, mcgregor, ruedas, sinewan, viajar […]

  • SINEWAN | Una de cal y una de arena — El mundo en moto Sinewan
    Posted at 13:19h, 28 marzo Responder

    […] Vuelta al Mundo en Moto Sinewan. Capítulo anterior […]

Post A Comment