Charly Sinewan | Llegar a buen puerto
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Llegar a buen puerto

Llegar a buen puerto

Vuelta al Mundo en Moto Sinewan. Capítulo anterior

 

En Johor Bahru, Malasia, en un hotel en el que no hace falta usar el saco sábana.

Dicen que cuando el río suena, agua lleva…

Y no me refiero a que últimamente cada día llueve un rato. Luego sale el sol y seca todo lo mojado, menos mi camiseta que estando seca, pasa a estar mojada. Cosas de Lorenzo.

Me refiero más bien a que todas las informaciones que tenía del paso motero desde Malasia a Indonesia, en los últimos tiempos, eran desde Penang, una isla al noroeste de Malasia y a ciento cuarenta kilómetros de Tailandia. Por lo que había leído era el paso más sencillo, cualquier otro puerto se complicaba. Pero me costaba creerlo, la Península de Malasia y Sumatra en Indonesia, están realmente a tiro de Ferry.

En las primeras horas de estar en Malasia me empezó a dar pena no conocer algo más de este país, pero la “prisa mata”  y con ello parecía que morían mis inquietudes malayas. Tenía que cruzar rápido.

Pero no, de nuevo el guionista se gustó y decidió cambiar los planes y que no me perdiera Malasia, un país desarrollado, fácil de viajar y  con gente muy generosa. Gracias guionista…

Pero eso fue después, todavía estábamos en Tailandia…

En pocas horas abandoné Tailandia confirmando que el país en su totalidad es un parque natural. Los paisajes de norte a sur son completamente verdes y a medida que bajas, además de playas paradisiacas, aparecen bosques de palmeras y formaciones de roca caliza que permiten fotos únicas. Aunque hay que buscarlas en google porque desde hace tiempo estoy bastante vago con la cámara.

KRABI

Lo malo de Tailandia, y en especial del sur, es que es tan impresionante que reúne a todo tipo de turistas. Los moteros, los buceadores, los escaladores, los buscadores de amor, los buscadores de cerveza barata, los exhibicionistas de tatuajes y gafas de sol, los recién casados y los recién divorciados…

Eso hace que todo lo que rodea las zonas turísticas, que son la mayoría en el sur, parezca artificial. Los tailandeses están volcadas en dar servicio a los anteriores, y en muchas ocasiones, y entendible claro, lo hacen protegiéndose de la invasión. Una pena porque Tailandia es el único país de la zona que nunca fue colonizado, lo que hace que en muchas cosas sea único. Comida, costumbres, arquitectura…

Pero como se descuiden los van a colonizar los rusos y europeos que vienen y se quedan…

La moto después de mi sofisticado y meticuloso arreglo, cambio de pastillas, seguía igual. En marcha frenaba perfectamente pero al parar por completo la sensación era parecida a una frenada de abs, como con pequeños saltos. Mis conocimientos sólo daban para pensar que los discos no los habían arreglado correctamente.

Los malos malísimos del sur de Tailandia, y de los que en varias ocasiones me habían advertido, tampoco aparecieron esta vez. A medida que la carretera se acercaba al paso fronterizo, el país empobrecía ligeramente, con unos últimos kilómetros algo más caóticos  y sucios. Sin llegar a extremos, nada que ver con los vecinos Laos y Camboya.

Pero como casi siempre, cruzar la frontera cambiaba el escenario y te llevaba a otro mundo diferente.

La salida de Tailandia fue sencilla, dos sellos, entrega de un papel que certificaba que la moto salía del país y listo. La entrada en Malasia aun más sencilla, demasiado incluso como después comprobaría.

Sin bajarme de la moto ni quitarme el casco, me estamparon un sello y me dieron noventa días de visado, sin tasa alguna. Dejé de la ventanilla y empecé a preguntar por “customs” , para que me sellaran el carnet de passage. Tres negativas, que no, que no hace falta me decían.

Bueno vale, yo pensaba que sí…

En el último corte pregunté si podía asegurar la moto y me mandaron a una oficina de seguros en la propia frontera. Mientras una mujer musulmana y con el cabello escondido procedía, otra de melena suelta y sus creencias, que desconozco, me cambiaba moneda tailandesa por malaya. No tengo ni idea de cómo era el cambio, el ambiente era tan cordial que ni me preocupé.

Nada de buscavidas en la frontera, calma total y todo sencillo y ordenado. Veintidós euros por un mes de seguro y unos céntimos por una pegatina de mi matrícula para el frontal de la moto. Obligatorio en Malasia.

A los dos kilómetros de abandonar la posiblemente más fácil frontera hasta la fecha, un cartel me recordaba que había hecho lo correcto.

ADVERTENCIA FRONTERA

Por eso te dan tres meses de visado pensé, para no tener gente ilegal en la cárcel…

Cuando entras por carretera a un nuevo país, aunque tengas de antemano algo de información, vas comprobando y asimilando el nivel de desarrollo por varios motivos. Por la calidad del asfalto, por los edificios que rodean las carreteras, por los vehículos que acompañan y por el tipo de gasolineras.

Desde que dejé Turquía no había vuelto a pagar con tarjeta la gasolina. Y en Malasia tampoco lo hice, pero porque no quise. Cuando calculé el cambio, con la torpeza habitual de los primeros momentos, preferí pagar en efectivo. Ni diez euros llenar el depósito de gasolina “súper power” 97 octanos. Cuarenta céntimos de euro el litro…

Y aire acondicionado en la ultra limpia y ordenada tienda de gasolinera, con surtido variado de chocolatinas y todo tipo de “snacks" y bebidas refrescantes. Malasia, país muy desarrollado.

La autopista perfecta me llevo a ciento veinte Km/h y controlándome dirección Penang, sorteando los peajes por el carril moto exento de pago. En e
l primero de ellos, ante mis dudas, un coche frenó bruscamente para ponerse a mi altura, bajar la ventanilla e indicarme que me cambiara de carril y me metiera por el carril moto que no había visto.

Como buen motero intento siempre no mojarme, especialmente en este blog, pero cierro el paraguas un momento para decir lo siguiente.

A mi las religiones no me gustan (los creyentes sí), ninguna de ellas, y la musulmana lógicamente está incluida. Pero dicho esto, y después de unos cuantos países atravesados, no puedo dejar de decir que en los países musulmanes es donde mejor trato he recibido de la gente local y totalmente desconocida. Apenas puedo tener queja de ningún país la verdad, pero tanto Turquía, Irán, Pakistán cuando la poli me dejó en paz, y ahora Malasia, están los primeros en la lista de ayudas generosas y desinteresadas. Además en Malasia casi todo el mundo habla inglés y ha tenido educación, lo que lo hace todo mucho más fácil. Continuos pequeños detalles como el del peaje, y algunos otros de esos que no se terminan de entender.

Con el buen rollo que da lo anterior viajando solo, me dirigí tarde a mi destino, la isla de Penang. Llegué de noche y de primeras me recordó a la isla de Robinson Crusoe…

Simplemente porque era viernes, por lo demás era todo lo contrario.

El sexto puente más largo del mundo, casi catorce kilómetros de peaje y autopista de tres carriles, une la península malaya con George Town, capital del estado de Penang y primera colonia británica por estas tierras.

Y claro, si se molestaron en llenar el mar de hormigón, con lo mal que seca, por algo sería. Principalmente para llevar más hormigón, decenas de rascacielos y autopistas inundan la costa y alrededores de la isla, especialmente en sus caras este y norte donde está la capital, el puerto y varias playas muy turísticas. Modernos macro hoteles y centros comerciales iluminan la ciudad entre edificios británicos coloniales en perfecto estado, contrastando con el barrio chino e indio, sus edificios decadentes de dos alturas, y sus comercios y restaurantes. Todo fusionado en el mismo lugar, el fondo de una foto de un caótico comercio indio, suele ser un centro comercial última generación.

Malasia como luego fui comprobando, al menos en su parte oeste, es un país de muchos contrastes. Musulmanes, budistas, hinduistas y católicos conviven en paz (casi siempre creo), con sus costumbres, creencias y vestimentas.

Las informaciones que tenía no eran muy buenas y acabé durmiendo en una playa muy turística, donde pasé dos noches esperando al lunes para empezar las gestiones del barco.

Pero como casi siempre no hay mal que por bien no venga y la noche del sábado, llegando al hotel, me crucé con tres moteros malayos. Nos saludamos y tardaron un segundo en invitarme a unirme a ellos.

Eran Romi, Mohamed y Nabil, tres chavales que junto a otros dos amigos me abrieron un hueco en su mesa para pasar una noche de conversación y risas, hablando de motos, del viaje, y de la vida en general. Malasia puede no ser tan exótico como India o Nepal, pero a cambio la gente es muy amigable y tenemos un idioma medio en común, lo que hace que las conversaciones sean fluidas, que encuentres muchos puntos en común, que te puedas reír y que te llegues a conocer.

Tanto fue así que nos despedimos convocándonos a las nueve de la mañana, del día siguiente, para hacer ruta por la isla.

CHAVALESCHAVALES2

Y eso hicimos, nos tumbamos todas las curvas posibles de la isla de Penang, que tiene unas cuantas, hicimos las paradas correspondientes, y acabamos de charla en su lugar habitual, un banco frente al mar donde un puesto callejero servía batido de coco.

Dentro vídeo, lástima que los derechos de autor hayan cortado “smoke on the water”, de Deep Purple.

Ante mis lloros por mi freno, y la internacional solidaridad motera, decidieron sacar de la siesta a su mecánico. El buen hombre,  aunque era domingo abrió su taller para ver qué le pasaba a la moto del europeo.

Guan Cycle es un negocio traspasado de un padre a u hijo, ambos moteros. Oh Kah Guan es el hijo, debe andar camino de los cincuenta y en muchos aspectos parece discípulo de Maestro Miyagui, de “Karate KId”.

Oh Kah es budista, habla poco pero siempre transmite seguridad y sentencia con sus opiniones. Y no hace ruido, el único mecánico que conocía hasta el momento que trabajaba en silencio. Ni al andar, que parece que levitaba, ni al usar cualquiera de sus miles de viejas herramientas cuidadas y en perfecto estado.

El taller lleva muchos años acumulando reliquias que ordenadamente ocupan todos y cada uno de los rincones del taller. Hay motos antiguas que hacen de estructura para estanterías repletas de botes de aceite, ruedas, plásticos de motos reciclados y todo tipo de piezas y tornillerías. Un absoluto caos  totalmente ordenado.

Al llegar me escuchó, observó la rueda, pensó unos instantes y de puntillas se subió a la moto para irse  a probarla. Mi cara de miedo al ver que apoyaba sólo un píe porque no llegaba con el otro la debió ver Nabil.

Quédate tranquilo, yo le he visto entrar desde allí cruzando una moto para entrar derrapando en el taller. Es un crack.

Sin apenas palabras me explicó que creía que pudiera ser la dirección que estuviera floja, además que el disco pudiera seguir torcido, pero muy poco decía.

Mientras se puso manos a la obra los chicos me mostraban el interior del taller, una especie de museo de historia motera. Fotos de Oh Kah compitiendo de joven rellenaban los pocos centímetros que quedaban vacíos.

Apareció entonces Murphy, hijo de Oh Kah, una cabeza más alto que el padre, con aparato en los dientes y alguna dificultad que no sé explicar, en la forma de hablar principalmente. Muy cariñoso y entrañable.

Oh Kah descubrió que el pequeño huevo que tenía la goma de la rueda después del accidente, y que nunca escribí para no alarmar, había crecido y empezaba a tener mala pinta. Posiblemente la mañana de curvas había ayudado a su desarrollo. Desde el día del golpe lo fui observando y no crecía, en Bangkok tardaban en recibir una nueva y no quise esperar, tampoco parecía muy grave.

El caso es que ahora sí parecía recomendable cambiar de rueda de nuevo, Oh Kah me dio precio y me dijo que a media mañana del lunes estaría allí.

Así que al día siguiente abandoné el hotel y la playa turística con la idea de cambiar la rueda, visitar la empresa de carga, y dependiendo de los tiempos ir a Kuala Lumpur o no, capital del país que quería visitar si me daba tiempo.

Al llegar cambiaron la rueda rápidamente y empezaron a dar cariño a la moto sin pedirlo. Me ajustaron perfectamente las dos estriberas que no correspondían y quedaban algo torcidas, tensaron algo la cadena y revisaron los líquidos. Al revisar el refrigerante descubrimos que el depósito de reserva tenía algo de aceite mezclado con su propio líquido, haciendo que saliera una sustancia viscosa nada sugerente.

MANCHA

El cuñado de Oh Kah, Jessie Oh, también trabajaba allí y era otro crack. Más joven, tampoco hacía ruido trabajando, y no dejaba de interesarse por mi y por mi viaje, además de observar la moto en busca de soluciones.

Entre todos no entendíamos por qué tenía aceite, pero teniendo en cuanta que me tocaba  atravesar un desierto, decidí cambiar el líquido y limpiar bien el depósito. Además de cambiar aceite y dejar la moto lo más preparada posible para terminar el viaje. Estaba tan a gusto y me trataban con tanto cariño, a mí y a la moto, que pensé que sería el mejor sitio para hacer todo lo que antes o temprano tenía que hacer.

Estuve todo el día en el taller, conviviendo con la familia budista de mecánicos, contándonos algo de nuestras vidas entre arreglo y arreglo, y muy cercano a Murphy que se encargó del laborioso trámite de desmontar media moto para sacar el depósito de reserva y limpiarlo.

TALLER

MURPHY TALLER 2

Ya muy tarde Oh Kah me acompañó a una guest house en George Town de un amigo suyo. Quedé en pasarme a la mañana siguiente porque la dirección de la moto y el freno seguían raros.

Y la mañana siguiente empezó el calvario de cruzar a Indonesia.

Las oficinas de la empresa en cuestión estaban a cinco minutos en moto de mi hotel. Así que me presenté y con la sonrisa que desde hace meses manejo constantemente, entré y me presenté. Había hablado con Yean por teléfono antes , el encargado del trámite, así que ya me conocían. Ellos  sin estar de vacaciones también manejaban la misma sonrisa.

Todo fue cordial, el barco zarpaba el viernes y en principio tendría que cargar la moto el jueves. Me costaba unos 70 euros en Malasia y otros tantos, algo parecido o menos, en Indonesia. Yo podía cruzar en avión o barco y recoger la moto el lunes.

Todo bien hasta que me pidió el carnet de passage.

– Para qué?, si no hace falta.

– Sí que hace sí, te lo tienen que sellar al salir.

– Pero si no me lo han sellado al entrar!

– Ya ya, es que hay que insistir…

– Insistir? eh?

La frontera por tierra de Malasia te permite entrar con vehículos sin carnet de passage, siempre y cuando salgas por la misma frontera. Y sí, efectivamente hay que insistir, nadie te lo advierte y no es habitual, así que casi diría que nadie o casi nadie que trabaja en la frontera conoce la existencia de este documento.

Y no quedaba otra que o volver allí o intentar que me pusieran el sello de la entrada cuando saliera por barco. Pero había que consultarlo.

Con las nuevas me fui al taller para que me miraran la dirección y después ver qué hacía con el sello puñetero.

Después de una hora de mirar la moto, la conclusión es que después del accidente, además de que los discos siguen algo torcidos, un cilindro que evita las vibraciones dentro de la suspensión, y que no sé cómo se llama en castellano (“bushing” en inglés) debe estar tocado. Eso hace que al clavar la suspensión en parado, empujando la moto hacía delante con la moto frenada, la suspensión haga un “clak clak” nada agradable. No parece que sea grave para terminar el viaje, pero sí para alimentar esa obsesión por los ruiditos que tenemos todos los que montamos en moto.

Estando allí, y contando mis penas como es habitual en mí, Jessie llamó a un amigo que trabajaba en “customs” del puerto. Y que no, que tenía que ir a la frontera en busca del sello.

Así que no lo hice esperar, la carretera era autopista perfecta así que daba igual que se hiciera de noche, sin permiso de Ramoncín, y viendo que en Malasia no vendían el último disco de Sabina, me lo había bajado hacía unos días.

Y con Joaquín hice ciento cuarenta kilómetros absurdos, llegué a la frontera, pregunté en “customs” y el que estaba al mando me dijo:

– Si me dices lo que tengo que hacer, lo hago.

– Pues mira… pon un sello aquí, otro aquí, la fecha acá, firma arriba y abajo, recorta esta hoja que te la quedas, dame la mano, y despídeme que me está esperando Joaquín…

Ciento cuarenta kilómetros absurdos después, y con ganas de cenar y dormir, llegué al hotel.

La idea era quedarme allí y no ver Kuala Lumpur porque me quedaban dos días para embarcar, pero el guionista quería fotos de las Petronas así que se le ocurrió lo siguiente.

A última hora de la llamada recibí una llamada de Yean, de la compañía de carga. El barco estaba estropeado y hasta la siguiente semana no habría posibilidad de mandar la moto.

Según colgué el teléfono la cabeza empezó a hacer números, empezaba a complicarse llegar a Australia. En Indonesia necesitaba cuatro ferrys intermedios, que no darían problemas en principio, y un último y complicado envío de moto a Australia en barco de carga.

Me pasé la tarde buscando posibilidades desde otro puerto. Port Klang, cerca de Kuala, Melaka, algo más al sur, o Johor Bahru o Singapur al sur de la Península eran las posibilidades.

Así que al día siguiente me fui a Kuala por la misma autopista E1. No llegué muy tarde así que me dio para elegir alojamiento y hacer ese mismo día las fotos de turno.

MOTO PETRONAS

Desde entonces hasta hoy, me he dedicado a intentar sin mucho éxito cruzar a Indonesia con un barco diferente, como si fuera un trabajo. Reuniones, llamadas, preguntar a todo malayo con el que me he ido cruzando…

Y paralelamente atender mi vida social en Malasia que está siendo muy divertida. Por viajeros que he conocido, algunos con los que casualmente me he reencontrado, y amigos malayos que he ido conociendo y que se han desvivido por ayudarme a encontrar barco.

Entre que buscaba nuevas posibilidades recibí la noticia de que de el barco de Penang necesitaba una semana más para ser arreglado, zarpando definitivamente dentro de tres días, casi dos semanas después de lo previsto por mi apurada agenda.

La primera opción fue ir al puerto de Melaka, importante e histórica ciudad con restos arquitectónicos coloniales de ingleses, portugueses y holandeses. Desde su puerto otros moteros hace años habían cruzado, pero una de las empresas con la que algunos lo hicieron me garantizó que ni ellos ni nadie me podían transportar la moto desde allí.

Entre tanto, y en unas de esas eternas conversaciones entre viajeros, me enteré que tenía que pedir un visado a Indonesia, o al menos así lo supuse. El que te dan en la frontera necesita que demuestres que sales del país con una reserva de avión, cosa que en moto no es posible. Así que me fui con todos los papeles de la moto a la embajada en Kuala, y previo pago de algo menos de 30 euros, me dieron dos meses de visado. No era seguro que lo necesitara, pero no me quería ver en la situación de tener la moto en un barco dirección Indonesia y yo tener que volver a Malasia porque no me dejaran entrar.

La siguiente intentona fue ir a Port Klang, el más importante puerto de Malasia, llegué sin información ni dirección alguna y preguntando al azar fui dando vueltas hasta aparecer en una empresa de exportación de plátanos, o algo así. Los trabajadores no daban crédito al verme, menos al ver la moto, pero aquí en Malasia es siempre igual. Si el forastero necesita ayuda no dudan en dejar de hacer lo que están haciendo para con sus móviles empezar a llamar a unos y otros y encontrar una solución. La encontraron pero estaba a más de diez kilómetros de allí, lo que no impidió que uno de ellos cogiera su pequeña moto y me acompañara. Al llegar me metieron en una sala de juntas y me explicaron que ellos mandaban coches en contenedores, pero que para mandar la moto tendría que esperar a que hubiera hueco en algún contenedor que transportara otra cosa.

Una empresa especializada en mandar motos no iba a encontrar, había encontrado una que mandaba coches, lo más parecido por papeleo, así que me di por satisfecho y no busqué más.

A día de hoy no he recibido noticias.

Entre unas cosas y otras estuve tres noches en Kuala donde conocí mucha gente y no paré de estar acompañado. Salí una noche a una macro discoteca y me dio bastante alergia volver a ver matones con “pinganillo”, música que no permite hablar y barras en las que hay que esperar eternamente para que te pongan copas con dosificador. Creo que me estoy haciendo mayor.

Pero Kuala Lumpur como ciudad me gustó mucho más que otras, no muy grande, muy moderna y avanzada, y bastante tranquila para ser una capital. Desde luego nada que ver con Bangkok en ese aspecto. Los contrastes de culturas y religiones de Malasia, en Kuala Lumpur llegan a su máxima expresión. La dependienta del “seven eleven”, con el cabello tapado y sus creencias, si alza la vista y mira detrás del escaparate ve perfectamente dos travestis ejerciendo la prostitución. Tan común es ver un burca como una minifalda. Las comunidades indias y chinas tienen su lugar y forman su característico paisaje dentro de los modernos rascacielos que forman la ciudad.

También en el hotel conocí a Izzat y Roz, una joven y encantadora pareja de malayos que vivían en Johor Bahru, última ciudad al sur antes de Singapur y que también tenía puerto. Desde que se estropeó el barco mi estrategia fue ir con una especie de cartel pidiendo ayuda. A todo malayo que me cruzaba, se lo contaba.

Izzat me dijo que preguntaría y que si pasaba por allí los llamara, que me podían alojar a buen precio en el hotel en el que trabajaba Roz. Era más que posible que tuviera que ir a Singapur en busca de barco, así que era probable que nos volviéramos a ver.

Y por último en Kuala pasó algo curioso.

Hacía unos días había recibido un mail de Lidia, una chica que no conozco personalmente
pero que había leído el blog, del tirón, y le había gustado.

El mail terminaba hablándome de una pareja de Estonia que después de más de un año de viaje en Bmw, estaban subiendo desde Australia, justo al contrario que yo. Me dejaba su link por si quería ponerme en contacto con ellos, cosa que no había hecho.

Paseando por Kuala, en la puerta de un hotel vi una Bmw gs 1100, con depósito de 32 litros de gs 1150. Cuando vi la matrícula de Estonia no me lo podía creer, mira que es grande el mundo y me los encuentro.

Los dejé una nota y al día siguiente nos encontramos. Margus y Kariina, que hace un año y tres meses salieron de Estonia hacía el oeste y van dirección casa, sin saber hasta cuándo les alcanzará el dinero y por tanto cuánto se podrán entretener en la vuelta.

Encontrarse con viajeros en moto siempre es una alegría, la conversación es frenética y eterna. En este caso más, nos cruzábamos así que tanto a ellos como a mí nos interesaba mucho compartir experiencias.

Cuando me encontré la moto pensé que era mi habitual suerte de nuevo la que me los había puesto ahí, que habrían cruzado por otro lugar diferente y que se solucionaría mi problema. Pero no, también habían cruzado por Penang, antes de que el barco se estropeara.

Nos vimos un par de veces en Kuala y ahora seguimos en contacto por mail. Hermandad motera.

Después de lo que desordenadamente he contado anteriormente, decidí bajar a Singapur e intentarlo desde allí. Había contactado con miles de empresas por teléfono y sólo una me había dicho que lo hacía, pero estaba esperando que me contestaran un mail para ir concretando. Pasaban los días y no avanzaba, así que decidí entrar en Singapur aunque sabía que era complejo y caro hacerlo en moto.

Desde luego la frontera de Malasia y Singapur es única en el mundo que hasta la fecha conozco. Singapur es una isla donde vivir cuesta cuatro veces lo que en Johor Bahru, la ciudad malaya que hace frontera. Pero también los sueldos son cuatro veces mayores. Eso hace que el paso de gente sea frenético, muchos viven en lo barato y trabajan en lo caro, y los que viven en lo caro, compran en lo barato. Un auténtico jaleo.

La autopista entraba directamente a la frontera y se dividía, motos por un lado, camiones y coches por los suyos. Conté hasta cuarenta ventanillas habilitadas para sellar el pasaporte sin bajarte de la moto, todavía en Malasia. El carril moto no te deja salir al carril contrario y no encontré “customs” para que me sellaran la salida de la moto, viéndome  de nuevo metido en la macro autopista para cruzar el canal y llegar a Singapur. Más de lo mismo, ventanillas sellando el pasaporte y después “customs”.

Circular en vehículo propio en Singapur requiere de una tarjeta especial que por supuesto hay que pagar, no llegué a saber cuánto.Pregunté y me hicieron esperar hasta que llegara el policía que estaba al cargo.

Me pidió todos los papeles y al ver el carnet de passage me dijo:

– Lo tienes legalizado?

– Sí claro…

– Pues no tienes el sello de registro en Singapur.

– Creo que está confundido, el sello es el de España que es dónde me lo han dado. He cruzado unos cuantos países así.

– En Singapur no es así, tienes que ir a esta dirección que te doy y que te lo registren, después volver a entrar.

Se me quedó cara de tonto, en muchas fronteras no tienen ni idea y tienes que explicar qué es el carnet de passage. Pero ese tipo parecía que sabía lo que decía. Y por supuesto no podía entrar en moto en busca del sello, así que tenía que salir de Singapur, porque ya estaba dentro, aparcar la moto donde fuera, entrar en taxi o bus, buscar el dichoso lugar, para después volver a salir y entrar.

Para colmo me llevó más de media hora que una policía me hiciera el trámite de salida del país, por el carril contrario claro. Al final me acompaño hasta la salida, ella andando y yo en moto.

– No corras eh!, que te tengo que escoltar hasta la salida.

– Tranquila, mi pasaporte está en tu mano, no me voy a escapar…

Un día más perdido en gestiones de barco y a buscar hotel, porque a las horas que eran no iba a entrar a por el sello.

Llamé a Izzat y tardó un segundo en decirme que no me moviera de donde estaba, que venía a buscarme para acompañarme al hotel de Roz.  Desde donde escribo y donde he montado mi cuartel general los últimos  tres días dedicado a la busca de barco.

La compañía de carga en Singapur terminó diciéndome que para mandar la moto tendrían que recibirla en una caja de madera, y que ellos no se encargaban de eso ni conocían ninguna empresa que lo hiciera.

Izzat y Roz se están desviviendo por ayudarme. Igual que Bob y Gandhi, dos de sus amigos de la infancia.

Bob me puso en contacto con una empresa que me manda la moto el próximo jueves a Jakarta, pero dentro de un contenedor, para lo que hace falta una caja también. Bob me buscó una empresa que se encargaba de ello y ayer por la mañana estuve reunido y negociando el precio con el dueño de la empresa. Estamos a punto de llegar a un acuerdo.

Después me reuní con la empresa de carga y se quedaron copia de todos mis papeles para pedir autorización a “customs”, no deja de ser una exportación de un vehículo y lleva su trámite.

Antes de esto, Roz estuvo en contacto con ellos vía mail desde la recepción del hotel para adelantar que iría y que supieran para qué.

Izzat me llama varias veces al día, me saca a cenar, me viene a ver si no salgo del hotel y me ha enseñado algo de la ciudad. Cualquier cosa que necesito me lo soluciona, casi siempre sin pedirlo porque ya me da vergüenza.

Gandhi es motero y aunque el bolsillo sólo le da para un Aprilia 125 R, le encanta hablar de motos. Cuando vio que iba sin guardabarros se ofreció a ver si en Singapur lo conseguíamos, él trabaja allí.

Hace un par de días me llamó, parecía que sí que lo tenían, así que vino a buscarme en scooter y nos fuimos a Singapur juntos. Finalmente entré en Singapur, país diecinueve, y como no podía ser de otra forma lo hice en moto. Aunque fuera de 125
y de paquete.

Nos recorrimos varias tiendas y encontramos sólo el modelo de la antigua Varadero, los cachondos de Honda lo han cambiado y no vale. Pero el chico se desvivió y me dedicó media mañana.

Y así llevo los últimos tres días, no he vuelto a relacionarme con viajeros y estoy metido en la vida malaya de lleno. Cuidado y protegido por gente extraordinariamente generosa que no espera nada a cambio y que están pendientes de mi día y noche.

IZZAT Y ROZCON GANDHI  FOTO ESPEJO

Puede que este relato haya sido un poco aburrido, sin batallitas moteras, pero para mí la verdad es que estas dos semanas siendo diferentes han seguido siendo divertidas. La aventura de avanzar también me gusta, y me permite estar de alguna forma dentro de la sociedad del país en el que estoy. Y sobre todo estoy aprendiendo mucho de lo que siempre temí más, atravesar mares en moto. Aunque parezca mentira no es fácil encontrar la forma de hacerlo a través de internet, salvo que otros moteros lo hayan hecho. Por eso al final casi todos vamos por el mismo camino a la hora de cruzar mares o saltar países intransitables.

Con estos argumentos estoy negociando el precio de la empresa de carga y de la caja de madera, si consigo hacerlo desde aquí y hasta Jakarta, me saltaría Sumatra y de alguna forma abriría un nuevo paso a los moteros que vienen después. A ambas empresas les he prometido que si sale bien, y a buen precio claro,  lo publicaré para que otros tengan la opción. Y si es así no es mala opción, te permite bajar Malasia y conocer el país sin tener que dar la vuelta para subir a Penang.

Pero no sé qué pasará, mañana es el día definitivo. A las once espero noticias de la empresa de carga, si “customs” autoriza el envío me tienen que dar un precio final. Con ese precio tengo que cerrar el trato con la empresa de la caja de madera y con el transportista que lleve la moto al puerto. Si después de comer no hay acuerdo, tengo que cargar el equipaje y hacer casi 600 km para poder estar en Penang el martes por la mañana y embarcar desde allí.

Para después tener que bajar Sumatra entera, que aunque debe ser increíble, también  es enorme y llevo prisa. Afortunadamente me han dado un poco de tregua desde Madrid para que la vuelta no sea exactamente a los seis meses de partir, gracias de nuevo chavales.

Esto me permite intentar cumplir mi cabezonería y terminar en Australia, siempre y cuando los varios barcos que me esperan no se estropeen…

El próximo relato será desde Indonesia espero, avanzando en moto por un país que me han informado me recordará a India en muchas cosas. Lo que supongo dará para que pasen cosas divertidas, y que por supuesto contaré, aunque a veces tarde un poco en hacerlo…

Gracias por leerme…

 

Vuelta al Mundo en Moto Sinewan. Capítulo siguiente 

11 Comments
  • bollo
    Posted at 16:22h, 25 enero Responder

    Todos los dias entro a ver si has escrito, te deseo lo mejor en ese fantastico viaje. Un abrazo.

  • jose vicente
    Posted at 21:41h, 25 enero Responder

    Dolores de cabeza está dando el transporte de la moto… Lo que mas me llama la atención es la calidad del ser humano, en esas latitudes tan remotas. Es impresionante. Suerte.

  • gandhi ji
    Posted at 18:47h, 26 enero Responder

    way the go cowboy..
    haha..
    all the best..
    i hope i did the best to help ya in jb and singapore..
    always remember to ride safe man..
    live to ride,, yeah…
    and always keep in touch..
    take good care .. we in malaysia, especially in jb..
    will always remember you.
    peace bro…
    -gandhi ji & Bobb- Ijat and ROZ…

  • Ernesto
    Posted at 22:11h, 27 enero Responder

    Hola Carlitos, que bien poder acompañarte en tu viaje leyendote en el blog.Te mando un abrazo enorme y sigue disfrutando tu sueño.

  • Esteban
    Posted at 15:00h, 28 enero Responder

    Continua con tu viaje siempre te estoy leyendo , realmente increible el problema que es enviar la moto en esas latitudes de un pais a otro.
    Gracias por escribir relatando tu viaje.

  • Nacho
    Posted at 20:16h, 28 enero Responder

    Veo que ya te has descontaminado de nuestra descerebrada occidentalidad tal como manejas la situación. Tal como leía tu último post ve iba agobiando por todos obstáculos en tu camino. Imagino que tú ya te has hecho a esa forma de vivir.

    Mucha envidia es la que tengo. Ojalá nos veamos alguna vez por la carretera.

    Animo!!

  • otro Miguelín
    Posted at 21:02h, 28 enero Responder

    Eres mi idolo!!!…..sigue así y disfruta. Espero que los problemas de traporte se solucionen lo antes posible y consigas llegar a Australia. Siempre ha sido un sueño para mi hacer un viaje parecido al tuyo y la verdad es que estoy disfrutando mucho con tu experiencia. Gracias por hacernos disfrutar.
    Salut i força…..al gasssss!!!

  • juancatalan
    Posted at 18:30h, 29 enero Responder

    Como gozas y nos haces gozar a nosotros con la imaginación!!. Siempre me digo que algún día he de hacer algo parecido, en moto como se gozan los viajes.
    Sigue asi, hoy te he descubierto y he de leer todo lo atrasado

  • nata moreno
    Posted at 23:31h, 02 febrero Responder

    Menudo viaje te estas pegando amigo!!!!ya se te extraña,cuando vuelves????disfruta mucho y disculpa que no te acompañara antes,muchos besicosss

  • carlos
    Posted at 09:56h, 03 febrero Responder

    Animate a escribir más que estoy enganchado y todos los días miro para leer tus aventuras y morirme de envidía.
    Animos y adelante, no te dejes nada sin ver y sin contarnoslo.

  • SINEWAN | La Perla Negra y el holandés errante — El mundo en moto Sinewan
    Posted at 10:58h, 29 marzo Responder

    […] Vuelta al Mundo en Moto Sinewan. Capítulo anterior […]

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