Charly Sinewan | Una de cal y una de arena
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Una de cal y una de arena

Una de cal y una de arena

Vuelta al Mundo en Moto Sinewan. Capítulo anterior

En un relajante jardín de una fantástica Guest house, en Pokhara, Nepal

No sé quién fue el “avispado” que cambió el nombre al “paseo por el campo” de toda la vida por el término “trekking”, pero si sé que el negocio fue redondo. Pokhara, el lugar en el que me encuentro, es la tercera ciudad más importante de Nepal y está volcada en dar servicio a miles de turistas principalmente europeos, americanos y japoneses que vienen aquí a eso, a hacer “trekking”. Hoteles, restaurantes, tiendas de deporte y agencias inundan las calles de la zona destinada a turistas, una amplia avenida frente a un lago rodeado de montañas hacen que aun estando en temporada alta, el lugar sea tranquilo y perfecto para descansar.

Yo no llegué para hacer trekking, vine en busca de naturaleza, descanso, buena comida no exótica y una medianamente buena conexión a internet que me ayudara a preparar lo que llevaba varios días preocupándome, el paso a Tailandia o Malasia sin poder posar las ruedas en China o en Birmania.

El camino hasta aquí, una de cal y una de arena…

En mi último día completo en India amanecí a 2000 metros, en el pequeño pueblo elegido al azar de la ruta elegida al azar. Tenía miedo de encontrarme con pista o carretera lamentable pero al final fue todo lo contrario, un asfalto perfecto que durante doscientos kilómetros sin parar de tumbar, y no es exagerado, me bajó de los 2000 metros hasta 400 donde terminé. De nuevo por bosques, de pinos esta vez, montañas, valles y ríos.

Quería huir de la ruta turística y lo conseguí, atravesé innumerables pequeños pueblos de montaña donde la gente hacía su vida normal y que al ver el conjunto de señor blanco con barba y moto enorme, se sorprendían, me saludaban con una sonrisa y seguían haciendo sus cosas. Por primera vez en todo el viaje me perdí, a los diez kilómetros de estar mosqueado pasé por una aldea y pregunté a unos señores que jugaban a las cartas sobre el suelo. Que no, que era por donde venía y que les dejara en paz, que estaban jugando. Al menos esa es la lectura que saqué de sus gestos de amabilidad con prisas.

Después de 200 km de homenaje total se acabaron las montañas y llegué a Haldwani, y con ello volvió el estrés y el dolor de cabeza, otra ciudad caótica y contaminada por humo y ruido. Eran sobre las tres de la tarde, me quedaban dos horas de sol y más de 100 km hasta la frontera con Nepal sin mucha posibilidad de encontrar hoteles en el camino. Preguntar en India es parecido a leer el periódico, tienes que preguntar a varios para poder sacar una conclusión que se acerque a la realidad. En este caso pregunté a tres, uno me dijo que una hora, otro que tres y un tercero que cuatro. La media daba más de dos horas así que me quedé, por una vez fui sensato.

La noche anterior había preferido oler mal a morir congelado en un baño tan cutre y tan lejos de casa, no había agua caliente y la temperatura ambiente no ayudaba. Además llevaba sin comer algo que no fuera fruta, chocolate o cacahuetes dos días. Con estos dos argumentos, además de que los hoteles baratos no tenían parking vigilado y la ciudad no me gustaba, justifiqué meter un “tarjetazo” y quedarme en un hotel de esos con botecitos de geles y cremas, una cama de dos por dos y una ducha enorme y limpia con algo que casi había olvidado que existía, mampara.

Me encontré con un suizo en la recepción y nos sorprendimos al ver nuestros rostros pálidos, por allí no pasaban muchos turistas. Cenamos juntos y luego me fui a dormir, pensando que dormiría bien con tanto lujo…

Pero nada que ver, al día siguiente amanecí de mal rollo y todo lo que normalmente me da igual, me molestaba…

En India el desayuno cueste lo que cueste es siempre mediocre, especialmente el café que está malísimo. Intenté madrugar en previsión del cruce de frontera pero como casi siempre, terminé saliendo a las diez, la carretera ya no era de montaña y el tráfico era de nuevo suicida. Además me encontraba mal y empecé a pensar que estaba malo y que en cualquier momento tendría que parar en cualquier cuneta para esconderme detrás de cualquier árbol, algo muy incómodo en un país con tanta población. Por primera vez recriminé con un mal gesto a un camionero que me hizo casi salir de la carretera para él adelantar. Y no está bien, ellos nunca se recriminan las maniobras por suicidas que sean, así que si vienes aquí y conduces, te adaptas y no te quejas.

En fin, que estaba de mal rollo…

A cinco kilómetros de la frontera el asfalto terminó y el caos fue total, un puente destruido provocaba un desvío por pista que te llevaba hasta la última ciudad India, Banbasa, sucia y destartalada como la que más. Empecé a notar que esa frontera no era muy transitada por turistas blancos en mi último avituallamiento, ante el protocolo extraterrestre habitual, veinte personas me rodearon a escasos metros para acompañarme en mis tragos y caladas con un rotundo e incómodo silencio. Ni una sola pregunta y apenas ningún comentario entre ellos, como si fuera un oso panda en un zoo, así me observaban.

Pero una vez atravesé Banbasa y me fui acercando al paso fronterizo todo fue diferente, el cuerpo y la cara me fueron cambiando a la vez que sin darme cuenta me iba entrando un muy buen rollo en el cuerpo.

Ya sin casi ruido crucé un puente sobre un río que llevaba al puesto fronterizo indio y me adentré en la frontera menos frontera que hasta la fecha he atravesado. En ambos lados es como un diminuto pueblo, sin asfalto, con puestos ambulantes y con pequeñas casuchas que en algunos casos parecen hogares, en mitad de la frontera, en tierra de nadie. Las barreras de cada país se podrían cortar con una lima de uñas, apenas hay ejército y las cuatro oficinas que visité para los cuatro trámites necesarios tenían tejado, tres paredes, un par de mesas y dos o tres funcionarios simpáticos y de buen rollo.

Los propios funcionarios indios me cambiaron el dinero sin apenas comisión, lo que supongo hace que no hubiera ningún buscavidas en los alrededores. La rupia nepalí se cambia a razón de un céntimo de euro aproximado, menos que pensar.

En poco más de media hora pasé los trámites y un funcionario nepalí hizo de “lonely planet” recomendándome un campamento en mitad de un parque natural a 150 km de la frontera. Me quedaban cuatro horas de sol así que llegaba.

De sobra incluso, la carretera principal que lleva a Katmandú es casi recta y con asfalto bastante bueno. El tráfico imposible de india quedaba en el olvido, las motos casi desaparecieron y en su lugar la carretera estaba repleta de bicicletas pilotadas por simpáticas gentes. Coches apenas encontraba y el único ri
esgo era algún que otro camión y algún que otro autobús. Desapareció el ruido y el estrés y los muchos animales que rondaban las carreteras casi ni se movían y se sorteaban fácilmente.

El buen rollo siguió en aumento y otra vez me entró la sonrisa permanente, feliz de estar viajando en moto y después de mucho tiempo pudiendo circular a 90 km/h, sin casi obstáculos y contemplando relajado las dos laderas de bosques frondosos que me acompañaban a ambos lados de la carretera. A la izquierda y lejos, eso que hace que el mapa de carreteras de Nepal no tenga nada al norte, una continua pared vertical de montañas verdes sin nieve, los “ochomiles” vendrían después.

Todo cambiaba con la India, la arquitectura pasaba a ser de adobe principalmente, con tejados de paja, uralita y teja en algún caso. Todo muy pobre pero limpio, la gente parecía tener al menos un techo de paja, un fuego y algo de comida. Pueblos tranquilos y gentes simpáticas, muy guapas y muy educadas.

En india la gente es muy agradable pero muy invasiva y muy materialista, viajar con tantos juguetes hace que sea un poco agobio. No da tiempo a quitarse el casco cuando ya te han preguntado cuánto cuesta la moto. Esto de preguntar el precio de la moto fue así desde que salí de Croacia, el precio lo fui bajando hasta que era tan bajo que a veces alguno se daba cuenta de la mentira. En India ya era tan cansado el asunto que decidí recuperar nuestra querida peseta y decir que la moto costaba seis mil pesetas, y que no tenía ni idea del cambio a dólares. Asunto arreglado.

Apenas hice fotos por la misma razón, sacar la cámara era una invasión que también me incomodaba. Entendía perfectamente su reacción y por supuesto que la respetaba, por eso preferí no hacer fotos y simplemente observar.

Durante los dos primeros días en Nepal, en los que recorrí zonas rurales principalmente y no turísticas, todo eso cambió. En algunos casos nadie se acercaba, en otras algún niño encantador rodeaba la moto observándola y de vez en cuando me miraba y se reía. Cuando vi el primer banco paré a sacar dinero, estaban recargándolo y tocó esperar casi una hora. Una señora que lo vio sacó una silla de su tienda para que me fuera más cómoda la espera y un joven se acercó y me preguntó primero si podía hablar conmigo, en un inglés perfectamente entendible y con mucha educación. Las preguntas también cambiaron, se referían a mi nacionalidad y se interesaban principalmente por mi opinión de Nepal y mi viaje.

Me encantó viajar en India y me encontré muy a gusto haciéndolo, me apetece volver a entrar para ir a Varanasi, cosa que puede que haga después de Nepal. Pero este país es bastante más relajado.

El primer día y después de la larga parada para sacar dinero llegué casi de noche al desvío que se dirigía al campamento recomendado por el funcionario, como bien me había advertido varios vendedores de alojamiento se abalanzaron sobre mí. Casualmente el primero fue Hukum, el dueño del campamento Jungle Base Camp, al enseñarme su tarjeta le enseñé yo una igual, la que me había dado el funcionario.

Después de 10 km de pista y de cruzar el primer río del viaje, llegamos ya muy de noche a la zona de campamentos, en mitad casi de la selva. Por un momento dudé si buscar una segunda opción pero al final me quedé allí y lo terminé agradeciendo enormemente.

El campamento tenía una primera cabaña que hacía de restaurante, con una pequeña barra y tres mesas. Atravesándola se accedía a un modesto pero muy cuidado jardín, con dos cabañas distribuidas en ocho habitaciones y dos baños. Todo muy básico pero muy limpio y muy agradable. La habitación era más de lo mismo, suelo de sintasol ochentero, paredes de adobe, dos camas con mosquitera y algún pequeño mueble.

Desde que llegué me sentí especialmente a gusto, los sonidos de los bocinazos indios fueron sustituidos por el cantar de los grillos y algún otro animal que preferí no saber qué era, el cielo era espectacular y se respiraba aire limpio.

Esa noche era el único turista allí alojado, Hukum y su encantadora mujer me acompañaron en la cena y me contaron un poco su vida. Él pasaba todo el día en el cruce intentando captar turistas porque apenas tenían recursos para publicitarse , y las agencias cobraran mucho a los turistas que luego exigían lujos que ellos no podían ofrecer. Ella se quedaba en el campamento y cuidaba de los turistas y de sus dos hijas. Dinero no les debía sobrar pero parecían muy felices.

Me quedé el día siguiente y me dediqué a pasear por el pueblo, tomar fotos y observar la rutina diaria de las tranquilas gentes que vivían en aquel pequeño pueblo de 1000 habitantes  que aunque estaba preparado para dar servicio a muchos turistas, debía subsistir por otros medios porque el parque natural Royal Bardia aun siendo espectacular, estaba casi vacío.

NIÑO BEBIENDO

Los primeros trescientos kilómetros del día siguiente volvieron a ser un placer, la misma carretera, las mismas gentes y el mismo tráfico tranquilo. Me dirigía a Pokhara que era el único sitio de referencia que tenía en Nepal, allí pesaba quedarme unos días para preparar el salto a Tailandia y además descansar y disfrutar de la naturaleza. En un día no llegaba y Hukum me había recomendado parar en Lumbini, ciudad natal de Buda y pensaba yo, lugar tranquilo…

A unos 80 km de Lumbini el tráfico empezó a cambiar para sin llegar a ser India, parecerse mucho. De nuevo estrés, contaminación y tráfico frenético.

Llegué a Lumbini con una puesta de sol espectacular que me permitió un poco de margen de luz para encontrar la mejor Guest House, cutre, sin agua caliente, más cara de lo habitual y con un trato nada que ver con el recibido por el bueno de Hukum y su familia. La ciudad era sucia, ruidosa, llena de mosquitos y repleta de gente que malvivía de los turistas, muchos trabajando y muchos pidiendo.

Después de una cena grupal europea tardé en dormirme porque una jauría de monos decidió esa noche ajustar sus cuentas a voces hasta altas horas de la madrugada.

Amanecí sin ganas de quedarme, con moto y equipaje paseé por la zona de templos, cada uno correspondiente a un país diferente y a mi modo de ver, a cual más ostentoso.

Los doscientos kilómetros hasta Pokhara discurrieron por una carretera que serpenteó sin cesar por un paraje de nuevo espectacular, adentrándose poco a poco en el Himalaya y aunque lentamente, subiendo en altura. Tardé mucho más de lo que pensaba, aunque apenas había tráfico el asfalto era un ruina, la moto fue dando botes todo el camino y no pude disfrutar mucho del paisaje.

Sobre las tres llegué a Pokhara, con agujetas en los brazos y en el amortiguador. Directo me dirigí a Gauri Shankar, una Guest house que unos belgas me habían recomendado unos días atrás y que como me ha
bían dicho, tenía un jardín ideal para descansar.

Desde él escribo en este momento y en él he pasado gran parte del tiempo de estos cuatro últimos días. Desde que llegué me hicieron sentir como en casa, Gudy, australiana que hace tres años y medio compró el hotel, y sobre todo Ram, encargado nepalí que cada vez que necesito algo me lo soluciona al instante.

De nuevo me voy haciendo al lugar y cada vez conozco más gente, me he dedicado a pasear por el pueblo, visitar alguno de los lagos de los alrededores, recuperar un poco de peso con comida no local, y preparar lo que me venía preocupando los últimos días…

Cuando se prepara un viaje como éste sin experiencias anteriores, como es mi caso, siempre surgen dudas y miedos sobre lo desconocido. Luego el viaje te va haciendo todo sencillo, las dificultades que uno ve desde lejos, de cerca no lo son tanto. Otros muchos lo hacen y lo han hecho y siempre hay ya un camino. Lo más difícil de un viaje así es salir, una vez en carretera todo se soluciona.

Una vez sabiendo que por Birmania es imposible cruzar a Tailandia, lo que más me seducía era encontrar un barco desde Calcuta o Chennai a Bangkok o Singapur y seguir el viaje sin despegarse del suelo. Ferris comerciales no hay y en internet apenas hay información de barcos de carga. Todo eso me hacía pensar que un día escribiría un relato en el que en un puerto chungo de una ciudad chunga, negociaba un pasaje con un capitán chungo de un barco chungo.

Eso que habría sido muy divertido tenía muchos riesgos, uno que podía perder muchos días y energía en llegar a Calcuta para luego no encontrar barco, o encontrarlo y tener que esperar días hasta que partiera en una ciudad en la que no creo que hubiera sido muy feliz. Otro riesgo era que lo pudiera encontrar pero que saliendo por mar, como había leído y escuchado en varias ocasiones, no me sellaran el carnet de passages y me hubiera terminado costando la cosa una fortuna.

Con todo esto en mi cabeza empecé a ver más claro que la otra opción, volar desde Katmandú a Bangkok, con moto incluida, era la más segura.

Sabía de gente que lo había hecho pero aun así me generaba mis dudas, de lo que me fuera a costar y de la dificultad de encontrar una forma medianamente sencilla de contratarlo.

Así llegué a Pokhara, con esas “avispas” en mi cabeza.

Lo primero que hice fue pedir a Pablo, un amigo virtual que lo hizo hace un par de años, el contacto que a  él se lo organizó. Mandé un mail que hasta la fecha no ha sido contestado.

Lo segundo fue preguntar en una agencia de viajes, me dieron un presupuesto de 900 dólares por la moto, algo caro por lo que sé, porque ahora y gracias de nuevo a la flor, tengo más datos.

Hace un par de días entraba en el pueblo después de visitar un lago cuando a lo lejos vi una Africa Twin cargada a mi estilo en busca de hotel. Me puse a su altura, pité, nos miramos, y como no podía ser de otra forma, sonreímos.

Reinhold, alemán de 52 años que a principio de agosto salió de Europa para reencontrarse el 15 de diciembre con su mujer Tailandesa y sus dos hijas en la ciudad natal de ella. Llega muy justo al suelo con su África, tiene pelo canoso, sonrisa permanente y cara de estar muy a gusto consigo mismo y orgulloso de haber llegado hasta aquí.

Le acompañé hasta mi hotel y aquí se quedó, rápido nos fuimos poniendo al día y rápido también ganó todos mis respetos cuando me contó cómo había atravesado Pakistán por el norte subiendo la Karakorum High Way hasta la frontera con China. Una vez allí, intentó pasar sin visado y lo consiguió, circuló 150 km indocumentado hasta que en un puesto militar lo pararon dos horas hasta que a voces le llamaron ilegal y le hicieron dar la vuelta. Mientras lo escuchaba me contagió su sonrisa y me empezó a caer muy bien.

Él tiene un contacto en Katmandú que le ha presupuestado 550 euros por moto y pasajero, lo que me deja mucho más relajado para o bien con su contacto, o bien con el mío, ir cerrando un precio entorno a los 600 euros para volar a final de mes a Tailandia e ir dando por zanjado el tema. Fuera “avispas”.

Unos de los trekking más conocidos es el Annapurna circuit, quince días de caminata rodeando picos de hasta 8060 y con un paso a píe de 5600 metros. Hay una pista por lo que sé que llega hasta 3500 metros y por la que suben a duras penas coches cuatro por cuatro. Llevo unos días haciendo averiguaciones y parece que al menos, puedo intentar subir con la moto descargada al máximo. Tenía intención de proponérmelo en serio si dejaba el tema del vuelo medio zanjado, así que ayer empecé con los preparativos.

Ayer tenía el mapa sobre una mesa del jardín y otro turista alemán que lo había hecho andando me explicaba. Reinhold escuchaba atento las explicaciones mientras pensaba en la invitación de acompañarme que unos minutos antes le había hecho. En un momento el alemán empieza a explicarnos que a partir de no sé qué metros desaparece la vegetación y todo es desértico.

Justo en ese momento los ojos de Reinhold se abrieron más de la cuenta, giro su cabeza y me miró fijamente extendiendo su mano hacía la mía…

– Ok, vamos…

Mañana a las siete de la mañana salimos, un inexperto conductor fuera de pista con una moto que pesa mucho más de la cuenta, con un veterano conductor que apenas llega al suelo de la suya, por un camino que tendrá barro después de las lluvias de los dos últimos días y sin saber muy bien si llegaremos. Son casi 200 km hasta Muktinat, donde nos quedaremos si todo va bien a dormir, para bajar al día siguiente o quizá intentar subir a pie hasta 5600 metros. Ya veremos qué pasa, pero parece que el próximo relato será divertido…

gracias por leerme y por las muestras de apoyo, no subo apenas fotos porque las conexiones son muy malas.

Vuelta al Mundo en Moto Sinewan. Capítulo siguiente

26 Comments
  • Marie
    Posted at 15:34h, 13 noviembre Responder

    Ésto de vivir durante un tiempo de ruta, sin planes muy definidos (o lo justo), sin ruta muy definida, conociendo a gente muy diferente y sitios tan diferentes a los de nuestra rutina diaria, debe de ser una pasada. Sigue disfrutando de tu ruta y tu viaje y haciéndonos disfrutar a los que te leemos y soñamos con estas tierras lejanas.

    • Charly
      Posted at 10:49h, 20 noviembre Responder

      pues la verdad es que se hace muy fácil llevar esta vida sin plan, mucho más que tenerse que levantar cada mañana para ir al trabajo. lo malo es que si esto fuera siempre así, no sé si echaría de menos el trabajo. siempre queremos lo que no tenemos.
      pero de momento no puedo estar más feliz, con el no plan de cada día…
      gracias por leerme y gracias por tu comentario
      saludos desde katmandú

  • marins
    Posted at 15:43h, 13 noviembre Responder

    Increíble relato, como siempre Carlos¡¡¡ Al acabar ha sidos como despertar, me habia evadido por completo, sintiendo por completo los bajones de moral y tus momentos de alegria como propios. Gracias a ti por compartirlo. Besos¡¡¡

    • Charly
      Posted at 10:46h, 20 noviembre Responder

      gracias marins…, mencioné la islita hace un par de relatos, espero que sonrieras al leerlo. mira que me hace ilusión que me leas… besos

  • Yo También Lo Haré
    Posted at 16:04h, 13 noviembre Responder

    No olvides postear la información de quién te hace el cargo de la moto, para mi eso es muy valioso.

    Gracias por tu relato.

  • Javier Rodriguez
    Posted at 16:23h, 13 noviembre Responder

    Charly, soy amigo de Tony y creo que de tu barrio tambien (embajadores) es increible lo que relatas y lo bien que lo cuentas. Un libro escribiria yo.
    Disfruta de este maravilloso viaje. espero verte un dia por el bar a ver si Tony te trae por aqui y nos cuentas de primera mano todo.

    Un fuerte abrazo. Suertee!!!

    • Charly
      Posted at 10:45h, 20 noviembre Responder

      gracias javi!!!, no sé si da como para un libro pero muchas gracias. nos vemos a la vuelta y tendremos largas charlas. un abrazo

  • Maiki1977
    Posted at 16:31h, 13 noviembre Responder

    Charly, con dos cojones, así cuando llegueis arriba el inexperto y marianico el corto, os descojonareis, y os dareis cuenta de que todo se puede conseguir.

    • Roberto
      Posted at 18:48h, 15 noviembre Responder

      Miguelín, jodío, ya veo que no pierdes detalle de lo bueno. Y tu Carlos, no te doy ánimos porque vas sobrao. Adelante!

      • Charly
        Posted at 10:25h, 20 noviembre Responder

        me los das me los das roberto, y gracias de verdad…

    • Charly
      Posted at 10:44h, 20 noviembre Responder

      jejeje, qué bueno, al final llegamos. pero habrá que hacer reparaciones… ya os queda menos!!!!! mi viaje en principio acaba en Australia, lo de América no va a poder ser salvo milagros. pero nunca se sabe… abrazo!!!

  • Esteban
    Posted at 21:46h, 13 noviembre Responder

    Excelente relato como siempre , que lindo que es ser motociclista !!!
    Sigue disfrutando del viaje y espero el proximo relato de ése camino dificil.
    Muchisima suerte.

    • Charly
      Posted at 10:29h, 20 noviembre Responder

      gracias esteban, el camino no era tan difícil, la inexperiencia más bien. pero voy aprendiendo. gracias por leerme. un saludo desde katmandú

  • deme_astur
    Posted at 22:46h, 14 noviembre Responder

    Me saben tan a poco las crónicas, que necesito releerlas desde el inicio del viaje para saciar tanta curiosidad. Seguro que a casi todos los que te leen, les pasa lo mismo. Se hace necesario que a tu vuelta vuelques todas tus experiencias, recuerdos, vivencias, impresiones… en un Libro de Viaje. Merece la pena. Somos muchos los impacientes lectores.
    Gracias por este combustible que alimenta nuestros sueños.
    Deme (Asturias).

    • Charly
      Posted at 10:27h, 20 noviembre Responder

      joder gracias!!!, qué buen comentario, todo es posible. quizá cuente todo en ese libro… jejejej gracias por escribirme, me sube la moral. un abrazo

  • Antonio
    Posted at 19:10h, 15 noviembre Responder

    ¡El Annapurna! Suena a documental de

  • otro Miguelín
    Posted at 21:39h, 16 noviembre Responder

    Hola Carlos….la verdad es que yo también estoy flipando un montón con tu viaje. Sigue así y disfruta todo lo que puedas. la envidia (sana) me corroe por dentro. Yo he hecho mis viajecitos y la verdad es que es un placer que sólo lo saben los que lo hacen. IR EN MOTO ES LO MEJOR QUE SE PUEDE HACER CON LOS PANTALONES PUESTOS !!!
    SUERTE
    Miguelín (castellón)

    • Charly
      Posted at 10:25h, 20 noviembre Responder

      gracias miguel, yo me lo estoy pasando en grande, si además lo puedo contar y os gusta… mejor que mejor. gracias por lo ánimos. seguimos…

  • Vincent
    Posted at 18:09h, 17 noviembre Responder

    Hola Carlos,
    Damn’ you write long stories. I hope all goes well and you enjoyed Pokhara / Nepal. I’ve arrived safely in Kathmandu and also stayed a little longer in Bardia and visited Lumbini, which was not as good as expected. For me, my trip is over as I’ll fly back home tomorrow, but I hope you’ll have lots of fun going to Australia. Cheers for the driving round the world, sin Ewan McGregor.

    Adios,
    Vincent (Netherlands)

  • RedSpider
    Posted at 16:34h, 18 noviembre Responder

    ¡Eres un figura Charly!
    Me tienes enganchadísimo a tus relatos y estoy deseando leer el próximo. Nepal es uno de mis viajes soñados. Veremos si algún día llega …

    Por cierto, lo de preguntar cuanto cuesta la moto es algo habitual en países poco agraciados económicamente, también en Maroc lo preguntaban mucho y hacía como tu, les decía que costaba la mitad de lo que realmente costaba. Eso sí, allí decirles 6000 ptas. era poco creíble.

    Suerte y esperamos ansiosos el próximo relato.

    • Charly
      Posted at 10:23h, 20 noviembre Responder

      mira que me gusta lo que me dices, que te enganchen los relatos. ahí va uno nuevo…
      nepal es un placer en moto la verdad, escapando de las ciudades sobre todo. anímate!!!
      gracias por apoyar

  • lifemotive
    Posted at 11:45h, 22 noviembre Responder

    Tiempo sin leerte, amigo. Hoy me leo dos capítulos. Sigue disfrutando.

  • McBauman
    Posted at 19:12h, 01 diciembre Responder

    Ya comenté en algún foro que me tienes enganchadísimo con tu web. El viaje es el soñado por casi todos los que llevamos una pierna a cada lado del motor, y el relato es entretenidísimo. Espero que algún día, en algún cruce, nos encontremos y me dediques el libro que seguro escribirás 😉
    Suerte y ráfagas desde Ibiza

  • SINEWAN | Varadero a tus zapatos — El mundo en moto Sinewan
    Posted at 16:11h, 28 marzo Responder

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  • Madrid – Sydney en relatos | EL Mundo en Moto Sinewan
    Posted at 15:47h, 24 diciembre Responder

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  • Jorge Enrique Quimbaya Gómez
    Posted at 19:15h, 04 octubre Responder

    Pronto este post cumplirá 5 años y leer al inexperto SINEWAN me hace gracia. Cuánto kilometros de aprendizaje…

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