Charly Sinewan | Atrapado en la frontera
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Atrapado en la frontera

Atrapado en la frontera

Vuelta al Mundo en Moto Sinewan. Capítulo anterior

Desde que viajo en moto mantengo una relación de amor y odio con las fronteras. Por un lado me atraen por el significado que tienen dentro de un largo recorrido, porque estoy avanzando y porque a partir de esa línea completamente artificial cambia el idioma, la moneda, la forma de vestir, el modo en el que te hablan, la religión o la raza. En mayor o menor medida

Pero por otro lado son lugares detestables en los que brota la corrupción y se genera una pequeña economía paralela al sistema, gente que paga por cosas ilegales y otra que intenta hacer ver que lo que sí es legal, no lo es,  y así retenerte hasta conseguir algo a cambio.

Son las ocho de la mañana y ya es martes. Mounib observa apenado como recojo mis cosas . “Ya te vas?”, me dice, “”, contesto, “llevo casi una semana en tu casa, es momento de partir”.

Me podría quedar un mes aquí, refrigerado por el chorro de aire acondicionado y agasajado a todas horas con su hospitalidad y su extrema generosidad. No he pagado nada desde que llegué, él siempre me invita a todo, la vida le va bien y le gusta compartirla con sus colegas. Apenas nos conocíamos, nos presentó Manuel, un amigo común, y el año pasado dejé mi moto en su fábrica. Ahora parece que fuésemos colegas de toda la vida.

Pero me tengo que largar si quiero llegar hasta Gabón antes que mis socios me denuncien por abandono de empresa.

Costeando Ghana

Por fin llega el momento, la BMW F800 GS luce espléndida con las maletas, el petate, la bolsa de depósito, el Compegps y las Continental de tacos nuevas. Yo soy como un perro que jadea al ver que su dueño coge la correa, sabe que le toca salir. Cuando veo la moto así, sé que me tocan días de nomadismo, de no saber dónde acabaré y qué me pasará. Así que de alguna forma es como si jadeara, pero sin hacer el gesto que queda feo.

Son casi las once y enfilo una aburrida carretera que me lleva a Togo, no tengo prisa, la jornada es corta y quiero observar que todo vaya bien antes de adentrarme en la temida Nigeria. De nuevo el viento me arrea el careto y eso me hace ser feliz, adoro además esta moto que llevo tiempo sin conducir. Últimos momentos Sandiriam en Ghana y horas después estoy en la línea dibujada por el hombre blanco.

fontera ghana

Esta frontera parece relativamente amigable, me quito a varios buscavidas de encima y enfilo la caseta de la poli. El oficial al cargo me habla en español, ha pagado seiscientos euros para acudir en Agosto a un curso intensivo en Alcalá de Henares y perfeccionar su bastante buen castellano. Me insinúa que es del Madrid y le obligo ante la cámara a decir que es del Atlético. El momento evangelización es lo de menos, lo importante es que estoy en una frontera en la que puedo sacar una cámara y grabar al oficial. Metros después resultará que no.

El precio del visado son quince euros y registrar la moto cuesta diez. Una mujer africana, de esas enormes y entrañables, espera sentada mientras el gendarme me explica que no coge dólares, hace unos metros sí, pero ahora no, aquí fueron los franceses los que colonizaron. En ese momento no recuerdo que llevo cincuenta euros en la cartera, así que mi cara es la de qué coño hago ahora, qué pereza enfrentarme a un buscavidas cambia pasta, gesto que debe ver claro la mujer africana que se ofrece a cambiarme mis cedis ghaneses por francos cefas,  al cambio que dice ser el normal. No lo sé con certeza, pero de esa mujer me fio con los ojos cerrados. De un jodido buscavidas nunca.

IMG_1174Así entro en Togo, se me ocurre hacer una foto al cartel que da la bienvenida al país para tuitearla y varios polis me lo recriminan. Deben ser más de Facebook. Un asqueroso buscavidas ve negocio en el tema y se acerca, afirma que le debo acompañar a la policía para asegurarse que realmente no se ha hecho la fotografía.

No me veo mi propia cara, pero debe ser tan repulsiva que sin mediar palabra alguna, el tipo da media vuelta y se larga cabizbajo. A mi me suben las pulsaciones, tengo el culo bien pelado ya de estos momentos, pero no puedo evitar ponerme tenso. En las fronteras he aprendido que es esencial no dirigir palabra alguna con estos tipejos, incluso si es posible evitar cruzarse la mirada con ellos. A la mínima te buscan un lío.

Al cruzar a Togo aumenta el tráfico, el caos y la mierda en las calles. No es que Ghana sea Dinamarca, pero dentro de la zona es el país más desarrollado. También el idioma, aquí se habla francés y vuelvo a no enterarme de nada. Este país es una diminuta franja vertical en el  mapa con unos setenta kilómetros escasos de costa turística. El Compegps indica un par de lugares donde alojarme, con margen de luz llego al primero de ellos, Alize Hotel, un pequeño edificio de dos plantas, con piscina y en primera línea de playa. Los precios son asequibles y fácilmente negociables, hago que me voy y me dejan una habitación con aire acondicionado por quince euros. Además tienen wifi.

Lujo-cutre en Togo

Ceno pollo reseco con patatas pasadas y después me engancho a la red. Sergio Morchón, amigo, viajero, motero y médico, me manda el siguiente mensaje. “Ya sé que no eres ingeniero ni tampoco médico, pero mira este link”.

Acaban de secuestrar a un médico español en Nigeria, en el sudeste, donde espero estar dentro de dos días. Hace no mucho que habían asesinado a dos ingenieros.

Recuerdo entonces que tengo que llamar a Mohamed y organizar mi entrada en el país. Su contacto me lo pasó Eduard López (www.ridetorots.com), que cruzó Nigeria satisfactoriamente hace un par de meses y abrió pista para el siguiente. Esto es algo parecido a la escalada, el primero que sube va poniendo chapas en la pared para que los que vienen después sólo tengan que enganchar la cuerda. No es que esto sea fácil, pero ayuda mucho tener en anclaje en la pared. Así que me apoyo en los que ha ido dejando Eduard al pasar.

Por cierto que Eduard está escribiendo un libro electrónico sobre su viaje, que está siendo de traca. Lo vende por unos pocos euros en su web, anda justo de presupuesto así que cualquier ayuda le viene de perlas.

Mohamed es motero Nigeriano y miembro del Easy Riders, uno de los varios clubs motoristas del país. Hablé con él hace unas semanas y me aseguró que me escoltaría. Pido en la recepción del hotel un teléfono y consigo contactarlo a la primera. “Mañana”, me dice, “cuando cruces a Benin me llamas, así calcularé lo que te queda para llegar a Nigeria. Te esperaré en Badagri, primera localidad después de la frontera y te acompañaré hasta dejarte en un sitio seguro. Después intentaré que venga alguien y me reemplace otro tramo”. Cuelgo el teléfono y me quedo con cara de circunstancia, me parece mítico que vaya a ser escoltado por moteros nigerianos. Me quedo algo más tranquilo, si bien me inquieta que no tengo teléfono y que una vez pase la frontera tampoco tendré dinero Nigeriano. Que sea lo que tenga que ser, pienso, mañana cruzo y sanseacabó.

El aire acondicionado se apaga cada media hora, el calor es sofocante y me despierto sudando en un incómodo colchón que se hunde envolviendo mi cuerpo. Reinicio la máquina, me vuelvo a dormir, hasta que se vuelve a dar la misma situación. Así paso toda la noche.

Amanece despejado, está empezando la época de lluvias y me caerá más de una con casi toda seguridad, así que lo primero que hago al despertar cada día es mirar por la ventana, ver que la moto está donde la dejé y que el cielo es de color azul.

Estoy en una zona  turística a las afueras de Lomé, capital de Togo. El cajero más cercano no funciona, así que pago la habitación, cena, y varias botellas de agua con mis únicos cincuenta euros. Me devuelven unos veinte euros en cefas. Es todo el patrimonio que tengo para cruzar a Benin. Calculo por encima y decido intentarlo, si no me llega ya inventaré algo.

La carretera hasta Benin circula paralela a una hilera de palmeras que protegen una costa paradisiaca, de arena blanca y mar cabreado. Tuvo que ser idílico cuando los primeros barcos portugueses llegaron a estas costas salvajes, debieron ver lo mismo que ahora veo yo, pero sin la recta de asfalto por la que circulo y la hilera de mierda que también paralela a la costa, ocupa el espacio entre las palmeras y la carretera. Algunas rústicas cabañas de madera en los aledaños albergan pequeños comercios que esperan pacientemente a que algún vehículo decida parar y consumir algo. Yo no lo hago, conduzco decidido hasta llegar a Benin.

Otra más

Salgo de Togo sin  mayor problema. Ya en Benin pago unos quince euros por un visado de tránsito que me permite estar cuarenta y ocho horas en el país. Un policía me indica que tengo que registrar la moto, pero no me queda pasta suficiente. Meto la mano en el bolsillo, saco un par de billetes arrugados que no llegan a los cinco euros, y explico con cara de niño bueno que estoy de tránsito, que lo único que quiero es atravesar el país fugaz y llegar a Nigeria. “Vale”, me dice, “no creo que pase nada”.

Kilómetros después, circulando de nuevo por la costa, veo un hotel y entro. Le pido a un muchacho que me deje su teléfono y le doy algunos de los pocos cefas que me quedan. Llamo a Mohamed y quedamos unas dos horas después, tiempo que estimo tardaré entre atravesar Benin y cruzar la frontera con Nigeria.

Llegando a Cotonú, capital de Benin y frontera con Nigeria, empieza el caos. Recuerdo que Mounib me advirtió que este país estaba invadido de motos, y también recuerdo perfectamente mi sonrisa silenciosa y arrogante pensando que mi buen amigo nunca había estado en Indochina, que eso sí que era haber motos.

Una buena bofetada de humildad es lo que necesitaba, si creía haberlo visto todo en este aspecto era sólo porque nunca había estado aquí. Me siguen fascinando estas cosas, en Ghana habrá un diez por ciento de las motos que hay en Benin. Por qué, si están al lado, qué hace cambiar tanto los hábitos de pueblos que provienen en muchos casos de las mismas razas, mantienen similares recursos, clima e infraestructuras, y están pegados unos a los otros. Los gobiernos, las concesiones, y los países que colonizaron en su día y siguen haciéndolo comercialmente, tendrán mucho que ver, pero aun así me parece siempre intrigante tanto cambio.

Inmobiliaria en Benin

A medida que voy adentrándome en  la ciudad la cosa se complica, son millones de motos de baja cilindrada las que circulan. Serpentear entre ellas, con cien caballos de potencia, se hace divertidísimo. Cuento además con el siempre factor sorpresa, caso de coincidir en un pequeño hueco con otro motorista, éste siempre queda paralizado unos segundos al ver a un tipo sonriente y barbudo sobre un armatoste descomunal, fracción de tiempo suficiente para meter un acelerón y colarme por la pequeña rendija. Así una y cien veces voy avanzado a trompicones por una nueva y apestosa capital africana, envuelta en humo negro, caos y arquitectura decadente. El traje BMW Rally 3 refrigera perfectamente por las varias aberturas que tiene para ello, pero ante los parones de una ciudad a 35º todo sobra. Empiezo a sudar.

El asfalto termina y una pista de barro y charcos accede a Nigeria. La hilera de motos comienza a estrecharse formando un gusano que enfila la primera de las barreras por un sendero de una sola rueda que permite saltarse el control por el lateral derecho. No es para mi, ya he llegado, necesito que me sellen el pasaporte para poder salir de Benin.

Se acerca el primer buscavidas. Lo mando al carajo y me acerco a un puesto de policía. El tipejo viene detrás y escucha la conversación. Me indican otra caseta en la que debo sellar el pasaporte y enseñar el registro de la moto. “Estoy de tránsito”, digo, y me largo escopetado a la nueva caseta, a escasos metros de la barrera que me lleva a Nigeria. Dejo la moto enfilada pasa salir de allí zumbando. Me huelo que algo malo va a pasar, me falta un papel y eso suele pagarse. Una cola de transeúntes esperan al sello, la cola da la vuelta y cuando llegue al final perderé la visión de la moto, así que tiro de la cremallera y me llevo la bolsa del depósito con varias cosas de valor.

frontera nigeria

Llega mi turno, el poli que sella el pasaporte es malo. Lo sé, tarda un buen rato en no hacer nada hasta que termina poniendo el sello. Sonrío falsamente agradecido y corro a la moto. La cremallera de la bolsa del depósito se engancha, tardo unos segundos vitales en cerrarla, me pongo el casco y cuando me dispongo a subirme a la moto aparece otro poli secundado por el chivato buscavidas.

Reconozco a un corrupto al instante. Todos comparten los mismos hábitos y gestos, parecen venir de la misma escuela y mantienen siempre un mismo modus operandi.

Me pide los papeles de la moto, se los entrego, ni los mira, me pide el seguro que no tengo, le explico que estoy de tránsito y que sus compañeros de la otra frontera me han asegurado que así podía atravesar el país. No me escucha, sólo niega con la cabeza y saliva al olor del botín. Saco el carné de passage, sin sellar en Benin pero que en ocasiones asevero que es un seguro internacional. El tipo lee la lista de países y Benin no aparece. “Acompáñeme”, me dice. Entramos en la caseta donde me han sellado el pasaporte, tiene unos diez metros cuadrados divididos en dos estancias, una en la que el otro capullo pone sellos y ésta en la que estamos, con un ventilador, dos viejas sillas y un colchón roído y mugriento donde el corrupto se medio tumba. “Siéntate”, me dice, algo a lo que me niego. “Como prefieras, pero no tienes seguro y sabes que no puedes continuar así, contratarlo aquí son 45.000 cefas, (unos ochenta euros)”.

El tipo termina de ponerse cómodo.

-       No tengo ese dinero, de hecho no tengo nada de dinero, un amigo me espera al otro lado de la frontera con Nigeria para escoltarme hasta su casa. Ya sabe usted que Nigeria es muy peligroso, ya llego tarde y espero que no se haga de noche porque podría resultar fatal.

-       Entonces tienes un problema, – dice el tipo, que se levanta y se acerca a la otra estancia con mis papeles, los deja en la mesa del otro poli y me hace un gesto desentendiéndose del asunto-.

-       Fin de tu viaje, – termina diciendo con ese gesto apestoso a corrupción mientras cierra la puerta desde fuera dejándome a solas con el otro malo-.

Erguido y sin quitarme la chaqueta espero a que el agente me dirija al menos la mirada, cosa que no hace en la siguiente media hora. Estoy sudando como un pollo, cosa que agradezco porque sé que en estos casos mi olor corporal vestido de motero a treinta y cinco grados tropicales juega a mi favor. No es agradable compartir diez metros cuadrados con un peludo maloliente, así que en este caso como otras veces en mi vida, lo aprovecho e intento estar siempre lo más cerca de ellos posible.

En completo silencio pienso qué estrategia seguir para salir airoso de tan comprometida situación. Bajo mi punto de vista existen tres formas de afrontar el tema. Entrar en el papel de blanquito europeo violado que exige seguir su camino amenazando con llamar a la embajada, algo que casi nunca hago porque como todo papel, hay que creérselo, y esta interpretación se me da fatal. La segunda opción es la que más me gusta, sacar un libro que siempre llevo conmigo para estos casos, sentarme, y comenzar a leer tranquilamente dando a entender que no tengo ninguna prisa por entrar. Sin quitarme la chaqueta claro. La tercera opción es intentar dialogar con ellos y suplicarles que me dejen continuar, con falso respeto y buscando un sólido argumento que repetir una y otra vez.

No sé qué hacer, sigo erguido esperando a que la cola de transeúntes deje unos segundos libres al agente que custodia mis papeles para que al menos me dirija una mirada.

Hace tres horas que hablé con Mohamed, me queda el paso de Nigeria y cuando quiera llegar a Badagri ya no le encontraré. El tiempo para llegar de día a Lagos por mis propios medios y encontrar un hotel empieza a ser escaso. Si se me hace de noche puede ser fatal.

Parece que las voy a pasar un poco putas.

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3 Comments
  • paratito
    Posted at 21:41h, 09 septiembre Responder

    vaya, veo que al empezar el viaje ya las pasaste canutas ehhh????
    Bueno, lo bueno de leer en “diferido” es que no tengo que esperar a que vuelvas a escribir, osea que voy a por el siguiente capítulo. Si no fuera porque ya sé dónde estás ahora pensaría que de esa frontera no pasaste.
    Saludos!!!!

    • Charly
      Posted at 18:24h, 29 septiembre Responder

      es lo bueno de leer en diferido. Abrazo Tito

  • Madrid–Ciudad del Cabo en relatos | EL Mundo en Moto Sinewan
    Posted at 20:25h, 24 diciembre Responder

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