Charly Sinewan | Con la flor a Flores
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Con la flor a Flores

Con la flor a Flores

Vuelta al Mundo en Moto Sinewan. Capítulo anterior

En Larantuka, Flores, Indonesia. En un hotel a dos kilómetros del último ferri.

– Y dónde has dejado la moto?

– En Bima, en un taller.

– Y te fías?

– Pues la verdad es que sí…

En varias ocasiones estando en Bali se produjo un diálogo así o parecido, y la verdad era esa, confiaba al cien por cien en Duddy. Suelo  hacerlo cuando los rostros y los gestos no dejan dudas, hacia mí y especialmente hacia terceros, si la situación da para ver cómo se comporta el sujeto en evaluación con amigos, con su mujer, sus hijos o clientes, y cómo se comportan éstos con él, suele ser definitivo.

O al menos eso pienso yo, podría ser que alguna vez me llevara una sorpresa…

….

El día de Nyepi, encerrado en el hotel con la única compañía de Ricky, Ben, el encargado y un trío de japoneses que no sólo hablaban japonés perfecto, escribía la Liada cuando un dolor en el píe vino a visitarme. Una pequeña herida en el empeine izquierdo con un punto blanco comenzó aparentemente a infectarse.

Intervine a empeine abierto y saqué el punto blanco, que resultó ser una no tan pequeña piedra posiblemente de arena de playa o quizá de coral, no sé.

El caso es que veinte minutos después de la intervención el píe se hinchó y el resto de pequeñas heridas del cuerpo, producto la mayoría de rascarse como un poseído las picaduras de mosquitos, también se infectaron.

Ben y Ricky se habían convertido en mi familia esos días, había encajado perfectamente entre dos amigos íntimos opuestos como la sal y el azúcar.

En edad, en la vida que habían llevado, en como veían las cosas, y en definitiva en casi todo lo que no fuera divertirse, respetarse, y ser uno buen amigo del otro. Dos tipos muy diferentes pero igual de geniales.

Y yo en medio de ambos, en un punto equidistante entre ellos en casi todo. Volando a veces por el mundo feliz de Ben y aterrizando otras al firme y real suelo de Ricky.

Los tres juntos surfeamos, nos reímos mucho, y como siempre que conectas viajando nos cuidamos los unos a los otros, de día, en el mar, y especialmente en la noche

Ellos al ver las heridas lo tenían clarísimo, eso era una bacteria típica de Bali que si no combates rápido con antibióticos crece rápidamente y te puede llegar a inmovilizar la pierna entera. Ben lo había padecido tres años atrás y por tardar en actuar estuvo dos semanas sin poder andar.

Yo lo primero que combatí fue su opinión, no quería tomar antibióticos y me parecía que no era realmente importante, suavicé el tratamiento con crema antibiótica y al día siguiente amanecí ligeramente peor.

Fue la mañana de la despedida, volaban a Jakarta para después volver desde allí a casa, al suroeste francés casi pegando con el país vasco. No recuerdo el nombre de la localidad. Así que nos despedimos y en cuarenta ocasiones me insistieron que tomara antibióticos y me olvidara de hacer surf en unos días, el agua de mar además de contener bacterias no dejaría cerrar las heridas y la cosa podría ir a peor.

Se pusieron tan cansinos que no me quedó otra que hacerlos caso.

Consulté a una farmacéutica y comencé casi al azar con una dosis de un antibiótico que llevaba en mi botiquín, porque lo único que daba credibilidad médica a la farmacéutica era que llevaba bata.

Después de comer la cosa estaba peor, ya cojeaba al andar y el píe cada vez más hinchado.

Aitor, que conocí en Lakei Beach y que afortunadamente me había vuelto a encontrar en Bali, me habló del hospital BIMC,  el hospital internacional de Bali, para ricos turistas y a quince minutos en el scooter que me había alquilado para esos días.

Yo ni soy rico ni casi turista, pero tuve la suerte de nacer en España y por eso principalmente puedo pagar sesenta euros al mes por un seguro médico mientras viajo. Si hubiera nacido en Indonesia posiblemente tendría que usar los mismos sesenta euros para pagar un dormitorio y comer durante ese mismo mes, y como la gran mayoría aquí, no tendría seguro médico.

Tarjeta de crédito en bolsillo me fui a conocer cómo era ir a un hospital en Indonesia, que aunque distaría años luz con la realidad del país, no dejaba de ser una experiencia. Además de recuperar en parte la inversión hecha en Alliance Seguros y poder escribir sobre cómo funciona, para mis próximos viajes y por si alguien necesita uno. Así que aunque la pierna cojeaba, la sonrisa no.

En Indonesia es fácil medio adivinar lo que te va a costar algo cuando entras en una tienda, en un restaurante o en un hospital en este caso. La bofetada que te da el aire acondicionado es directamente proporcional a los ceros que tendrá la factura.

Todavía me duele la cara de la que recibí cuando el impoluto seguridad del hospital se cuadró para recibirme y abrirme la puerta entonando el oficial “hello mister”.

Sudoroso como iba y sin haberme duchado para no empeorar las heridas, estuve a punto de girarme para ver si detrás venía alguien “decente”, pero no, era por mí, por el color de mi piel y porque con toda seguridad llevaba una visa en algún bolsillo.

Los suelos del hospital reflejaron los seis pasos que me llevaron al mostrador donde un ejército de modelos recibían enfermos o clientes, o clientes enfermos no sé. En un perfecto y refinado inglés, idioma oficial de ese hospital, me indicaron que rellenara un cuestionario con mis datos personales y una gran casilla final que preguntaba cómo pensaba pagar la factura, si en metálico o con tarjeta.

Tres minutos de espera y una enfermera que parecía salida de mi imaginación vino a buscarme para acompañarme hasta una habitación donde me tumbó en una camilla. O más bien me tumbé yo solo porque ella me lo indicó.

Entraron dos nuevas enfermeras y al instante llegó la doctora eclipsando a las tres jovencitas que me rodeaban.

Esta vez no parecía producto si quiera de mi imaginación, que no da para tanto, sería la del guionista que estará aun peor.

– Buenas tardes Mister Carlos, qué le pasa?

– A mí? Nada…

Ah sí!, que estoy en un hospital, que se me había olvidado.

Me entró la tontería y un “yo” que ni yo soporto empezó a explicar mis problemas.

Las doctora me inspeccionó y seguidamente me explicó que tenía una infección, que podía ser una bacteria típica de lugares tropicales, o un mosquito, o mis uñas al rascarme. Daba igual, el caso es que me iba a recetar antibióticos vía oral y por vena antes de que la cosa fuese peor. Y además tendría que volver al día siguiente, lástima…

Las cuatro se pusieron concienzuda y dulcemente a curarme las heridas mientras yo miraba el techo cómodamente refrigerado por el chorro de aire acondicionado.

– Qué tal te encuentras?

– Pues la verdad es que no podría estar mejor. Me puedo quedar a dormir? Qué tal se cena aquí?

– Jajaja!, si lo pagas no creo que haya problema.

– Creo que lo paga el seguro.

Todavía estuve un buen rato más entre que probaban que el antibiótico no me produjera reacción y definitivamente me lo pusieran, con las tres enfermeras cuidándome y riendo de mis continuas tonterías.

– No os preocupéis que esto no es reacción del antibiótico, que es que soy así…

A la salida me esperaba la modelo recepcionista con la “facturita”, ciento sesenta euros, posiblemente la mitad de su sueldo mensual. “Tarjetazo”, una bolsa de diseño con medicinas y de nuevo al exterior, a Indonesia, porque esa puerta era una especie de frontera.

Esa noche me dediqué al arte de dormir y al día siguiente amanecí mejor, pero tenía que volver. A las cuatro de la mañana, horario español, llamé al seguro y me contestaron al instante, sin esperas ni máquinas contestadoras típicas de telefónica. En tono diría incluso cariñoso, la chica de Alliance me pidió que le mandara la factura y el informe médico para que me autorizaran la segunda visita por la tarde.

Sin problemas, me autorizaron y quedé en mandar los originales a mi vuelta para que me reingresen los doscientos cuarenta euros, porque la segunda visita fueron ochenta.

Una segunda cura de heridas, una segunda inyección, y lamentablemente el alta médico.

Sin poder hacer surf, sin poder beber una triste copa, sin Ben ni Ricky, y sin Aitor que también se iba, Kuta empezó a mostrarme lo que realmente es. Un lugar donde los turistas se emborrachan y los locales sacan el máximo partido de ello.

Con Sophie distraída en sus cosas, y algún desconocido conocido como acompañante, con un red bull en la mano, y observando la jungla que formábamos el “sky garden” esa noche, sin mis amigos para reírme de todo, incluyendo de nosotros claro, me pregunté qué coño hacía allí, me fui y ya no nunca volví.

No son los sitios, son las compañías.

De camino al hotel en mi scooter alquilado, que no digo la marca por no dar más publicidad gratuita a Honda, otro scooter con dos indonesias empezó a pitarme, típico de la noche en Kuta.

Como cada noche paré en uno de los múltiples supermercados 24 horas a comprar un helado de chocolate, que dicen que es sustitutivo, y el scooter se paró paralelo al mío.

“¿Dónde vas guapo?”, en tono grave dijo el señor disfrazado de mujer que iba de copiloto.

– Pues a comprar un helado e irme a dormir, excitante eh?

– Te vienes a mi habitación?

– Puede… ¿Cuánto me pagas?

– Eh? Estás loco?

Y se fueron indignadas o indignados, depende desde dónde se mire…

Loco estaría si pagara por irme con ese señor de vestido ajustado, creo yo, pero la realidad es que si la noche en Bali está llena de señores así, será porque hay clientes…

En fin, que ya no daba más, lo que hizo que me acordara de mis recambios y deseara más que nunca que llegarán pronto para poder seguir viajando.

Entré en un ciber y David me había mandado el número del track de UPS, lo metí y supuestamente llegaba al día siguiente. Perfecto.

Pero no llegó, a la quinta visita que hice a la oficina de correos, los chicos que trabajaban allí al ver que de nuevo me acercaba comenzaron en la distancia a mover la cabeza de lado a lado, que no pesado, que no ha llegado.

A la mañana siguiente, sábado, viendo que no llegaba me fui a la oficina de UPS, cosa que tenía que haber hecho desde el principio de haber sabido que estaba a los mismos quince minutos que el hospital, porque estaban puerta con puerta.

Había que pagar tasas del aeropuerto y el paquete de allí no salía sin previo pago. Nunca habría llegado a la oficina de correos.

Feliz me fui al aeropuerto y me compré un billete para el día siguiente a las nueve de la mañana. Exactamente dos semanas después de haberme quedado tirado en Bima, volvía para seguir ruta, por fin.

Me despedí de Bali haciendo surf, las heridas estaban mejor y quería irme con buen recuerdo de allí. Por primera vez sentí que surfeaba las olas, me levantaba antes de que rompieran y las bajaba de lado. No todas claro, algunas me revolcaron y a la tabla también, lo que hizo que se rajara la punta y aunque podía seguir usándola, decidí que no me la llevaba. Se la regalé a Sophie que no había hecho más que cuidarme y regalarme cosas desde la primera vez que llegué.

Días antes había conocido a Dani, otro surfero que pensaba viajar los dos años que tenía de paro, como muchos con los que me he cruzado de nuestro querido país en crisis. También de Zarauz y al igual que Aitor y Ander, más vasco y más sano imposible.

Él se ofreció a llevarme al aeropuerto por la mañana, con una mochila a mi espalda, otra al frente, y la caja de 2t moto entre las piernas de Dani y el frontal del scooter.

Nos deseamos toda la suerte del mundo y me fui volando.

Y a las once de la mañana del domingo, con mis bártulos llegué a la puerta de “Piston Motor”, que estaba cerrado.

Pero la sola presencia de un blanco conocido hizo que el vendedor de refrescos colindante llamara a Duddy, que al poco rato acudió sonrisa en rostro. Abrió el taller, la moto y mis cosas estaban exactamente como las había dejado, y llamó por teléfono para que viniera su ayudante, que desgraciadamente no recuerdo su nombre pero que por todo lo que pasó en las siguientes horas nunca olvidaré.

MECÁNICO

A las primeras de cambio primer problema, el tornillo que agarra el amortiguador en su parte superior, era inalcanzable con herramienta normal, puede que honda tenga una compleja llave en “Z” que lo permita, pero con lo que había allí era imposible. Había que desmontar la tapa negra que hace de recipiente para la batería y la bolsa de herramientas y  finalmente hace de guardabarros para la rueda trasera.

Tengo la sospecha que los ingenieros de Honda cuando diseñaron la Varadero estaban cabreados entre sí. Me imagino que después de una cena de empresa, el sake corrió más de la cuenta y la tranquilidad nipona acabó en lanzamiento de trapos sucios.

Eso debió  propiciar que decidieran trabajar cada uno en su casa, para evitar males mayores.

El del chasis por un lado, el del motor que debía estar muy fino y diseñó uno potente e irrompible, el diseñador que acababa de ver Batman y se salió, el del sistema electrónico que andaba con buena chispa esos días, el de las suspensiones que debía tener bronca en casa y no estaba muy centrado, y así todos y cada uno.

Al tiempo quedaron en la central de Tokio y llegaron todos con sus cosas, las pusieron en el suelo, se quedaron largo rato en silencio miraron todo lo que había allí, hasta que uno dijo.

– Y ahora cómo montamos todo esto?

A las semanas, cuando desesperados estaban a punto de reciclar la África Twin, el más listo tuvo la genial idea de llamar al campeón del mundo de Tetris, posiblemente Coreano.

Y el presunto Coreano llegó allí, con gorra de los New York Knicks ladeada, pantalones anchos, y un vaso de coca cola de mcdonals paja en boca, mordisqueándola. En media hora larga montó todo, resolviendo el problema de los ingenieros y pasándonos el problema a los usuarios.

Porque esta santa moto, a la que tanto quiero, para cualquier cosa hay que desmontarla casi entera.

La puñetera caja va agarrada a conciencia, hubo que desmontar la estructura del top case, el colín trasero, los plásticos laterales, las estructuras de las maletas, el faro trasero, el plástico que sujeta la matrícula y los dos tubos de escape. Cuarenta mil tornillos y no sé cuánto tiempo, pero mucho.

La moto quedó en bolas y por fin el tornillo a la vista. El mecánico ya llevaba sudando horas, igual que yo que empecé de cámara y a los cinco minutos dejé los temas audiovisuales y me puse las manos negras. Así como otras cinco personas que acudieron a observar y sin mediar palabra se pusieron a ayudar, esos que rodean al taller y que se aburren en casa. Todos majísimos y atentos con que al blanco no le faltara nada. Uno en concreto, el que se encargo meticulosamente de limpiar todas y cada una de las piezas que salían, veía polvo reflejado en mis pupilas y me alcanzaba un trapo con una sonrisa.

Y Duddy a cierta distancia observándolo todo, cuando algo parecía complicado se acercaba, intervenía si era necesario o sentenciaba con lo que decía y todo el mundo obedecía.

En previsión del control anti bacterias australiano me dediqué a limpiar rincones imposibles aprovechando que la moto iba quedando desnuda, parecía una buena ama de casa, escoba en mano, aprovechando que su marido está arreglando la lavadora para barrer la mugre de debajo.

Apareció Marewo y le pedí que por favor  les explicara por qué limpiaba la moto así, que a mí la suciedad me daba igual, que no era tan pijo, que era por los australianos.

Lo hizo y nos reímos todos.

Por fin el mecánico quitó el tornillo y el amortiguador pudo salir, pero cojeando y con las manos en los riñones. Se me acercó, alzó la vista, y mirándome a los ojos fijamente me dijo:

– Maltratador!

Me hizo un corte de mangas y se cayó redondo al suelo.

Afortunadamente los amortiguadores ni hablan ni tienen extremidades, pero después de haber rebobinado varias veces la película del camino hasta aquí, por las carreteras y pistas que me han traído, con el peso que llevo y que en ocasiones ha sido mayor, tenía que estar seriamente perjudicado.

El nuevo no es original, es “sw motech”, marca que distribuye 2t moto y con el que en el momento que escribo llevo casi mil kilómetros y muy buenas sensaciones.

No sin dificultades montaron el basculante y el amortiguador, pasaban las horas y allí nadie se movía, ni comíamos ni descansábamos. Bebíamos refrescos y fumábamos.

Duddy mientras me había soldado uno de los cuatro brazos que agarran la estructura de la maleta izquierda, que se había partido. Al terminar me preguntó si quería que la pintara, pero le dije que no, que me daba igual. Era una marca del viaje y no me molestaba en absoluto. Todo con gestos claro.

Ni puñetero caso, al rato estaba con la maquinita pintando las dos estructuras y dejándolas como nuevas.

Yo me veía allí, entre siete personas que en mayor o menor medida ayudaban, como blanco ostentoso que lleva viajando seis meses alrededor del mundo y que rompe dos piezas carísimas y las compra nuevas, y no quería ni pensar en la factura que me iba a caer, me daba pánico hacerlo.

Para protegerme no había dejado de llorar desde la primera vez que llegué al taller, inventando historias sobre el por qué de mi viaje, bajando los precios de las cosas, y con cara de preocupación cuando decía que tenía que terminar el viaje y no me quedaba casi dinero.

Pero aun así sabía que el riesgo de sablazo era muy alto. Y no me quedaba otra que asumirlo.

El sol fue bajando y poco a poco la moto fue recobrando su forma a la vez que la caja de l
os tornillos se iba vaciando.

Petroleamos la cadena pero no pude obedecer las instrucciones de Ezequiel y dejarla un día en remojo, mi idea era salir a la mañana siguiente para Flores e intentar no perder un día más, por el retraso que llevo y porque al visado de Indonesia le quedaban en ese momento diez días, si fallaba algo tendría un problema nuevo.

A las seis de la tarde, después de casi siete horas, la moto estaba lista para ser probada.

Las primeras sensaciones fueron raras, los días sin usarla y el amortiguador nuevo supongo, pero terminé quedándome convencido.

Marewo, que iba y venía y debía andar con prisa, viendo que ya estaba todo bien y que no necesitaba traductor, se despidió y se fue. Quedamos en mantener el contacto por mail.

Nos sentamos todos alrededor de la moto, ellos con cerveza, yo con Sprite, y uno a uno fui agradeciéndoles mientras intentábamos comunicarnos por señas.

En un momento me giré hacía Duddy que estaba de píe detrás de mí, y con uno de los gestos más internacionales que existen, pedí la cuenta.

Su reacción fue la misma que en ocasiones hace el camarero del bar al que vas todos los días cuando intentas pagar el tercer vino. Que no, que no es nada…

Me dio un pequeño vuelco el corazón pero quise pensar que no me había entendido, me levanté, me acerqué y me llevé la mano al bolsillo.

Duddy paró mi mano y no me dejó sacar la cartera, con más rotundidad volvió a negar con la cabeza, con el gesto y con la mano a la vez.

Me bajó la tensión al instante, se me puso la carne de gallina y me quedé sin palabras frente a él pero sin dejar de mirarle. Él seguía expresando lo que pensaba.

Ni le di las gracias porque no pensaba dejar de pagar, me fui al bar a por más bebidas y al regresar me volví a sentar con los chicos mientras fumaba, bebía, y no dejaba de pensar en lo que estaba pasando. No me lo podía creer.

Al rato volví a la carga y de nuevo se mostró tajante, hice el gesto,que no sé si entendió, de que al menos me dejara pagar por el trabajo del mecánico y los ayudantes, pero no, era imposible. Para colmo ellos se unieron a la fiesta y todos me empezaron a quitar la idea de la cabeza, “friends” decían algunos de ellos.

Creo que se me humedecieron los ojos, fueron muchas horas de trabajo, de sudores, de dedicación exclusiva a mi moto y a mí desde el día que llegué allí acompañado por un transportista que tampoco me cobró. Por una gente a la que no le sobra nada, a Duddy la vida le va bien, por lo que vi y escuché, pero eso no quita que del mundo del que vengo por un trabajo de tantas horas se cobre. Viendo la escena de lo sucedido estoy además convencido que él después los pagó, al menos al mecánico.

No sé, todavía no lo he asimilado.

Después y muy poco a poco fui cargando la moto hasta que quedó lista para zarpar.

Nos hicimos varias fotos, emocionado me despedí uno por uno de cada uno de ellos y con Duddy y el mecánico me di un fuerte abrazo. No sabía qué más podía hacer, me iba con la sensación de cuenta pendiente pero sin armas para saldarla.

PISTÓN MOTOR 1 PISTÓN MOTOR 3PISTÓN MOTOR 2

Me alojé en el otro hotel de Bima, que tenía parking, seguí en una nube lo que quedaba de día y aunque hice otras cosas, como cenar, no dejé de pensar en el aprendizaje que de nuevo me había dado el viaje. En una nueva lección de generosidad y de ayuda al prójimo, de desvivirse por un personaje en apuros que está de paso y que probablemente nunca volverán a ver.

A mí me queda su recuerdo en la retina para siempre, espero ser un poco mejor persona después de que siete desconocidos me hayan enseñado como serlo. Me río de mí mismo sospechando del sablazo, me avergüenzo recordando como inventaba historias para protegerme de eso mismo y me río de todos los que al escuchar taller e Indonesia, preguntaron si me fiaba.

A las seis de la mañana del día siguiente abandoné Bima, una ciudad que desconocía que existía pero que ahora es parte de mi mapa.

Tardé una hora larga en recorrer los cincuenta kilómetros que dos semanas antes pensaba atravesar en la madrugada cuando una avería me lo impidió, y de nuevo, lo aparentemente malo se convirtió finalmente en lo mejor del viaje.

Con un sueño que me caía pero especialmente feliz y pleno volví a sentir que viajaba, con la luz del amanecer haciendo si cabe más espectaculares los múltiples verdes de Indonesia. Atravesando lo que en este viaje ha sido una constante y que está a punto de terminar, la vida rural a ambos lados de la carretera. Con sus gentes todavía tapadas con mantas empezando a despertar y preparándose para sus interminables tareas en el campo, esa imagen que me ha acompañado durante tantos y tantos kilómetros.

El barco a Flores tardó ocho horas en las que medio dormí dos cortos ratos, jugué con los niños que me siguieron el rollo y compartí mis galletas con un par de familias que compartieron a su vez sus cacahuetes conmigo.

NIÑO

Supongo que seguía sensible, pero pasé largos ratos admirándolos, observando el modelo de familia cuando no hay “playstation” y “blackberry”. Padres e hijos acurrucados sobre una esterilla, en un lateral del barco para refrigerarse con la brisa, y durmiendo,
jugando, riendo o comiendo. Pero felices.

Bajo un sol de justicia, con delfines acompañándonos un tramo en la lejanía y varias islas de playas de arena blanca y sin habitantes, fuimos muy poco a poco llegando a Flores.

ISLA

Y Flores nos recibió con borrasca, fueron los últimos veinte minutos en los que el cielo se cerró, el agua comenzó a caer y el mar se llenó de borreguitos, esos que tanto me alegro de ver cuando estoy en Tarifa y pretendo hacer Kite.

Ni con esas Flores dejó de mostrar su belleza, desde que la vi de lejos supe que me cautivaría, no sé, fue una sensación que al día siguiente y sin borrasca terminaría de confirmarse.

Pero eso es otra historia…

Gracias por leer mis ladrillos

 

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30 Comments
  • Jose Luis
    Posted at 07:25h, 26 marzo Responder

    Me alegro de que todo se haya resuelto al fin gratamente y puedas continuar viaje, porque somos muchos los que estamos pendientes de tus vivencias por medio de tus crónicas, ya estoy temiendo cuando se me rompa el amortiguador. Suerte y disfruta cada instante. Salu2

  • Ezequiel
    Posted at 09:18h, 26 marzo Responder

    Charly:
    Veo que ahora entiendes lo de “Cuando caigas, aprovecha y recoge algo del suelo”. Dentro de muuuucho tiempo, cuando recuerdes este viaje, lo primero que recordarás será a Duddy y su gente. También aprenderás que las personas en general son buenas, son unos pocos los que arruinan el mundo.
    Muy bueno lo de los diseñadores de la Varadero. Es una lástima que no se hayan limitado a agrandar el África Twin, pero me temo que todas las motos son así: para aflojar una tuerca tienes que desmontarla toda.
    Nada, a seguir viaje. Un abrazo.
    Ezequiel

  • Lean
    Posted at 10:35h, 26 marzo Responder

    UUUUUAAAAUUUUHHHHHH !!!!!!!

  • CARLOSGS
    Posted at 11:08h, 26 marzo Responder

    Si va a ser verdad que tienes una gran flor. Que lección de generosidad. Sinceramente es otro mundo, por la forma de comportarse la gente, aunque dicen que la suerte hay que buscarla.
    Me gustaría saber algo acerca de tí, en que curras, como te puedes permitir un viaje así, que presupuesto hace falta…..
    Animo y adelante que te esperan nuevas historias.

  • Amedio
    Posted at 12:46h, 26 marzo Responder

    Hey tio, he de decir que a mi también me ha emocionado saber de gente que es tan amable, tienes una suerte, ni te lo imaginas, aunque también debe ser que tu también te lo curras, pasatelo bien, y sigue cuidandote. Y sería un placer conecerte en persona, así que… si pasas por barcelona no dudes en avisar, eh?

    Vsssssss desde Barcelona, y saludos a ti y tu varadero

  • lifemotive
    Posted at 16:14h, 26 marzo Responder

    Gracias a ti por seguir contándonoslo, Carlos.
    La naturaleza, vida o Pachamama, te regala lo que tú das.

  • Erik
    Posted at 18:44h, 26 marzo Responder

    Impresionante la buena fe de la gente, y cómo sorprende cuando los que menos tienen, son los que más dan! Aún nos queda mucho por aprender…

    Seguramente a tí te sorpendió más que a nosotros, que lo vemos a través de una pantalla, pero igualmente es impresionante.

    Espero que Flores te dé muchas alegrías y aventuras y que nos las cuentes lo antes posible.

    Un saludo desde Barcelona!

  • ktransalp
    Posted at 21:40h, 26 marzo Responder

    Es impresionante que buena gente que hay por el mundo!!

    Como me ha recordado a mi madre lo de: “…aprovechando que su marido está arreglando la lavadora para barrer la mugre de debajo” :_)

    Y lo del tio del tetris… Que risas me he pasado!!(en la Transalp pasa más de lo mismo…)

    Simplemente que sigas metiendonos muchos ladrillos de estos que no tienen desperdicio!!
    Animo Carlos

  • Astangi
    Posted at 23:03h, 26 marzo Responder

    Bueno, no sé porque, pero claramaente estás de buen humor, no sé si es que has re-emprendido viaje, que ya te queda poco, que no te hayan cobrado ni un duro la reparación (según para que reparaciones sale más barato mandarles la moto allí en avión, que la arreglen y de vuelta en avión, que arreglarla en Madrid) o que el hombretón con vestido ajustado en vez de dar media vuelta te la dio a ti y no quieres contárnoslo. Me alegro que una vez más todo haya salido bien. Por cierto, ya que te mandaban piezas, por qué no pediste un guardabarros delantero?

    Un abrazo,
    S

  • carmen
    Posted at 23:33h, 26 marzo Responder

    No son ladrillos Carlos, son ventanas abiertas. Gracias.

  • Daniel... Fuga para los amigos
    Posted at 09:46h, 27 marzo Responder

    Como me alegra ver que tu viaje continua. Viaje imposible para mi, por culpa de una enfermedad que me tiene atado. Pero leer tu viaje lo hace un poco mio tambien. Un viaje así te marca. Te marcan la carretera, el sudor, el cansancio. Pero sobretodo te marca la gente. Ver como desconocidos comparten, que no pierden, su tiempo para que puedas continuar.
    Espero tu próxima crónica.

    Un saludo.

  • Daniel... Fuga para los amigos
    Posted at 10:10h, 27 marzo Responder

    Como me alegra ver que tu viaje continua. Viaje imposible para mi por culpa de una enfermedad que me tiene atado. Un viaje como el tuyo marca. Marca la carretera, marca el sudor y el cansancio… pero marca la gente. Esa que comparte, que no pierde, su tiempo contigo y que hacen del trayecto algo para recordar.
    Espero tu siguiente crónica.
    Saludos y V’sss

  • Antonio
    Posted at 11:26h, 27 marzo Responder

    Impresionante lección, la que nos han dado estos indonesios del taller de Duddy!!!

    A veces, los que menos tienen, son los que más dan.

  • Joan Mira
    Posted at 11:59h, 27 marzo Responder

    Muy bien Charly, una crónica excelente 🙂

    Espero que sirva de ejemplo para muchos otros españoles y que se animen a viajar por los países menos desarrollados.

    Quizás cuando vuelvas a España notes que tu carácter y personalidad ha cambiado. A mi me pasó cuando volví después de haber estado viviendo en Filipinas.

    Un abrazo

  • otro Miguelín
    Posted at 12:08h, 27 marzo Responder

    Hola Carlos…….
    A mi también me pasa que cuando veo una persona, su mirada, como se comporta, y sobre todo como se comportan los demás con esa persona, dicen mucho o casi todo…..pocas veces te equivocarás.
    Saludos y que sigas disfrutando!!!
    Salut i força al gassssss!!!

  • Lagu
    Posted at 12:18h, 27 marzo Responder

    Sin palabras, está visto que es otro mundo, comparando, vaya mierda de sociedad en la que vivimos… Como dice Carmen, gracias por las ventanas que nos abres, nos muestran que hay gente buena por el mundo y que esa gente te puede hacer mejor persona. .

    Muy bueno lo de la Honda, la verdad es que despues de todo lo que estás pasando, me pregunto si un viaje así no es mejor hacerlo en una moto

  • Esteban
    Posted at 12:24h, 27 marzo Responder

    Como siempre estupendo. Un dato, si puedes podrías poner alguna coordenada gps de los sitios importantes por donde pasas, por ejemplo el taller de Duddy. Ya que yo, y supongo que otra gente, después de leer tu aventura nos tiramos al Google earth para ver por donde te mueves.

    Y sería realmente curiosos poder ver

  • Ernesto
    Posted at 16:06h, 27 marzo Responder

    Carlitos, tambien a mi se me pusieron los pelos de punta. gracias por recordarme con tu viaje, en seguir creyendo en la gente. te mando un gran abrazo

  • Esteban , Misiones
    Posted at 16:32h, 27 marzo Responder

    Hola Charly , le puse Misiones ( provincia de la Argentina ) a mi nombre por que veo que desde ¨ La Liada ¨ hay otro Esteban.
    Realmente se me llenaron los ojos de lagrimas cuando vi que Duddy no te cobraba absolutamente nada , tambien estoy de acuerdo que cuando vuelvas de éste viaje vas a cambiar la forma de ver muchas cosas.
    Y ya sabes si alguna ves andas por Argentina , no dudes en pasar por Misiones para surcar juntos la tierra colorada.
    Un abrazo.

  • Luis
    Posted at 02:44h, 28 marzo Responder

    eu! negro, vaya periplo te estas pegando y, di que sí, que no te falte de na. Te he leido entero… a saltos, pero siempre hay un cafe que poner. Sabes me alucina la forma como responde la gente ante ti… pero, es normal tu eres asi. No cambies jodio. Ah! vaya socios que tienes, te los mereces. Te quiero.

    PD: Me jode que hayas regalado la tabla, me ilusionaba ver una tabla de surf en moto por el desierto. JEJE . Aunque se pueden cabalgar algunas dunas. Un beso.

  • Yol
    Posted at 11:51h, 30 marzo Responder

    Hola peque,
    Sin palabras, … me quedo sin palabras, gracias de nuevo por compartirlo cariño.
    Y me alegro que tus amigos se empeñaran en que te cuides, que a veces ayyyssss..
    Un beso enorme, sigue viviendo y aprendiendo.

  • Moisés
    Posted at 17:31h, 30 marzo Responder

    Buenas Charly.

    No me ha entrado correctamente el mensaje anterior.
    Me pones los pelos como escarpias con este relato!!!!!!!!!!!!
    Los detalles sobre la generosidad de gente es algo que te marca.
    Me alegro que as recuperado tu “montura” y tu salud.

    Un saludo desde Vigo.

    Moisés.

  • Alberto
    Posted at 20:20h, 30 marzo Responder

    Estas son las circunstancias que hacer que un viaje te cuaje. El contacto con la realidad de cada pais que atraviesas, es una maravilla lo que estas viviendo, eres un privilegiado. Gracias por llevarnos a todos contigo

  • Pedro
    Posted at 00:08h, 31 marzo Responder

    Realmente fantastico, emocionante, y admirable sigue asi
    Pedro

  • alex akkers
    Posted at 00:55h, 01 abril Responder

    Hola Carlos; He descubierto tu página por casualidad, buscando información de como preparar la moto para una aventura de estas características y la verdad es que me quedado totalmente enganchado leyendo tus artículos y disfrutando de las historias que cuentas. Yo soy viajero mochilero

  • Vil
    Posted at 01:56h, 02 abril Responder

    Como siempre, impresionante. Gracias.

  • daddynaeva
    Posted at 19:00h, 04 abril Responder

    im glad to hear that you are about to leave Indonesia with a good Impression about innate Indonesian People …

    ride safe,
    From Indonesia
    http://www.daddynaeva.wordpress.com

  • Migueeee
    Posted at 19:35h, 09 abril Responder

    Realmente me he emocionado con esta etapa… Lo de Duddy no tiene precio, no hay palabras…

    Cuídate y sigue adelante!!!!

  • tu tio
    Posted at 02:35h, 10 abril Responder

    Sobrino no he podido mandarte ningun correo,pues estoy muy liado con tu tia que por fortuna de un mal trago se ha quedado en una alegria no se si estaras enterado por josé pero cuando llegues a los madriles tendremos tiempo de contartelo y tu las aventuras y desventuras que estas pasando y sobre todo lo que mas me alegra es como te han tratado esa gente maravillosa y que te hayas repuesto de tu infección,bacteriana,y sigue tu aventura y llegar a buen puerto para darte un fuerte beso y muchooosss abrazoooosss.
    adelante quijote internacional.
    mas besssoooos

  • SINEWAN | Chao Indonesia — El mundo en moto Sinewan
    Posted at 11:22h, 29 marzo Responder

    […] Vuelta al Mundo en Moto Sinewan. Capítulo anterior […]

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