Charly Sinewan | De Madrid a Essaouira
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De Madrid a Essaouira

De Madrid a Essaouira

Vuelta al Mundo en Moto Sinewan. Capítulo anterior

En Madrid, desde casa.

El día 29 de Abril de 2011 salía de Madrid dirección Dakar. La idea era dejar allí la moto después de viajar por el sur de Senegal en visita de trabajo.

Durante las tres semanas que duró el viajé  intenté escribir, pero fue imposible. Mucho ajetreo de moto hasta que llegué y mucho trabajo después. Inevitablemente tengo que dar otro formato a las crónicas del viaje. No me queda otra que contarlo en diferido, espero que igualmente os distraiga.

Capítulo 2, Etapa 1, Relato 1.

De Madrid a Essaouira, mil quinientos kilómetros en dos días y medio.

Por mucho que la experiencia sea un claro punto a favor, que seguro que lo es, a la hora de preparar un viaje largo siempre aparecen inseguridades que nublan la mente por instantes y hacen imaginar insufribles momentos en remotos lugares. Averías, terroristas, o aparatosos accidentes en cunetas solitarias de carreteras infinitas que llevan a ningún sitio.

Para solucionar todo lo anterior existen miles de productos que se exhiben altivos y orgullosos en mostradores de centros comerciales o pequeños comercios. Objetos que cobran vida al pasar el inseguro y que exclaman a voz en grito la esencial importancia de su presencia en el puñetero y limitado equipaje de un motero.

Para llegar a ser un buen viajero hay que aprender a mirar para otro lado cuando eso pasa, ignorar las inseguridades, y recordar algo tan sencillo como que el mundo no acaba al salir de la desunión europea. Para nada, el sistema capitalista llega mucho más allá y las tiendas inundan los lateras de casi cualquier carretera del planeta. Quizá disminuye el “pijerío”, y quizá  la marca y presentación de los productos sea otra, y el precio claro, pero una pila, una linterna, un señor con una llave inglesa, o cualquier otra cosa que realmente sea necesaria para seguir viaje, suele existir en cualquier lugar del mundo.

En esta ocasión, aprendiendo de errores anteriores,  me había propuesto algo tan sencillo como que el equipaje cupiese en las tres maletas traX que me volverían a acompañar en este viaje. Disculpen los lectores si de vez en cuando hago publicidad de algún que otro producto, pero sepan de igual manera que lo hago por voluntad propia y no por exigencia de patrocinios. Mis maletas se arrastraron por pistas de Nepal y de Tailandia, sufrieron el monzón de Indonesia, atravesaron dos desiertos, y fueron mis posaderas en inolvidables acampadas mientras cenaba un cacho de lo que fuese  bajo miles de estrellas. Y aquí están, flamantes y dispuestas a acompañarme en nuevas fechorías.

 Equipaje

La mañana del viernes 29 dispuse en la terraza de mi casa  todo el equipaje que no había pasado los filtros de inutilidad anteriores. Había que intentar que cupiese todo en tres maletas. Cuatro absurdeces descartadas y el equipo necesario para un mes, bajo mi criterio, entraba perfectamente. Ni que decir tiene que con lo que se viajan treinta días, se viajan trescientos.Ruedas

El extra de equipaje que llevaba esta vez eran un par de ruedas con tacos de repuesto. Una me la había regalado Miquel Silvestre. A su vez a él se la habían regalado por ser escritor y motero famoso.

La otra, la trasera, estaba a medio uso y me la habían regalado unos buenos amigos, Moto Center Levante. Además me echaron una ojeada mecánica a la moto antes de partir.

Los preparativos burocráticos esta vez se limitaron al carné de passage, recientemente exigido en Senegal,  y el visado de Mauritania, algo que con pocos días de margen y sesenta euros, había conseguido fácilmente.

Entre unas cosas y otras me vi en ruta después de comer. Salí por la carretera de Extremadura e imaginé que a la altura de Sevilla sería ya de noche y tendría que dormir. Sin embargo las retenciones hicieron que pasando Mérida ya no se viera un carajo. Además llovía intermitentemente, así que llevaba rato pensando en parar. La cosa como siempre era dónde. No esperaba que fuese la parada de mi vida pero prefería salirme de la autovía y encontrar un hostal de pueblo donde cenar algo decente y dormir sin ruido de carretera.

Por primera vez en este viaje apareció la figura del guionista y sus famosos carteles. Esta vez era uno común, de esos que indican que si te sales de la carretera encontrarás gasolina, comida y posada. Como bien saben los fieles lectores de este blog, a mi cuando el guionista me pone un cartel delante, yo obedezco. Sea para bien o para mal, eso es cosa suya.

En este caso desde el principio pareció ser para bien. La carretera me sacaba de la acumulación de asfalto en un escaso kilómetro y me llevaba a un pequeño pueblo llamado Monesterio, desconocido hasta aquel momento en mi mapa. Los presagios no podían ser mejores. Una esbelta y enorme escultura sobre la rotonda de entrada en el pueblo me daba la bienvenida.

jamón

Se trataba de una jamón de siete metros de altura. Los focos de la moto enfocaron fugazmente  el eslogan del pueblo, que no recuerdo con exactitud pero que decía algo así como…

“ Monesterio, paraíso del jamón”

Salivé una y otra vez hasta ver un cartel que decía “Hotel Moya”, donde entré sin titubear  en busca de posada, una frasca de vino, y uno como el de la estatua.

El dueño del hotel andaba fuera y me recibió al llegar. Sin bajar de la moto negociamos el precio,   habitación con desayuno por veintidós euros. Me vale, –pensé-.

– ¿Dónde dejo el trasto? ¿Tienes parking?

– Aquí no, pero te dejo el de mi casa que no está muy lejos.

– No hombre no!. Tiene alarma, no creo que pase nada, ¿ no?

– Hombre…, aquí ladrones, lo que se dice ladrones, no hay.  Lo que hay es “musso hijoputa”

Una buena alarma siempre protege de ladrones, pero no tanto de hijos de puta. Sin mayor problema encontré su garaje, aparqué junto a su triumph, regresé feliz, me cambié de ropa, y bajé al restaurante del hostal donde ya me esperaba la ansiada frasca con un buen plato de jamón. Con pan de pueblo. Si había que despedirse del cerdo antes de la entrada al mundo musulmán, el guionista había elegido el mejor de los enclaves.

El sábado amaneció peor que de lo que anocheció el viernes. Diluviaba en Extremadura. Unas buenas tostadas con aceite del bueno reposaban sobre mi mesa mientras el fuerte golpear de la lluvia hacía de banda sonora. Masticando a dos carillos observaba algo incrédulo a mis compañeros de sala. En la mesa de en frente había una pareja de japoneses. A mi izquierda tres jubiladas inglesas. – ¿Eh? -, no entendía nada, parecía un pueblo perdido entre Andalucía y Extremadura pero había guiris.

Mientras finiquitaba la cuenta con el cachondo del dueño, salía de dudas. Monesterio es un pueblo famoso por sus cerdos ibéricos pero también por ser un importante enclave de la ruta de la plata, además de paso casi obligado de peregrinos.

– Estos salen de la Catedral de Sevilla y van “pa” la de Compostela…, peregrinos vaya…

Contesté con un silencioso pero expresivo gesto de incredulidad.

– ¡Pissa!, que de todo tiene que haber en esta vida… aunque de esto la verdad que hay “musso”… esta mañana a las seis han salido otros diez. Ya les dije ayer que hasta las ocho no abro, les dejé una “borsa” con algo de fruta y unos bollos y ala… A correr!

Tipo majete el posadero, daban ganas de quedarse allí a comer en lugar de lo que me esperaba.

Inmerso en la pesada tormenta salí de Monesterio y así avancé por la autopista hasta Sevilla, para después continuar por el peaje hacia Cádiz, donde poco a poco el cielo fue abriendo y me fui secando.

Sobre las dos llegué al puerto de Tarifa. El siguiente barco partía una hora después. Compré pan, jamón, queso, y un par de latas. También una garrafa de cinco litros de agua. Por último adquirí un problema en forma de hamburguesa envuelta en papel aluminio que a doble carrillo engullí justo antes de zarpar.

El moderno y veloz catamarán salió del puerto, trepó la primera ola, y ya nunca terminó de bajar. Atravesó el estrecho de cresta en cresta, saltando de arriba a abajo, de abajo a arriba…

El mismo movimiento que una hamburguesa engullida minutos antes por un pardillo viajero hace en el estómago de éste.

No hubo desastre por muy poco pero llegué revuelto a la aduana de Tanger. Lugar que tampoco invita a mejorar el mal cuerpo sino más bien, a terminar de joderlo. De mala leche terminé dando un euro a un corrupto funcionario que debía quintuplicar su sueldo a base de europeos irresponsables que por no aguantar unos minutos más de martirio, soltamos un euro.

Llevaba más de doscientos euros en moneda marroquí así que no tuve que lidiar con nadie más en la aduana ni en Tanger, de donde salí zumbando en busca de una carretera de costa que me ventilara la cara, el estómago, y el alma. Y que de una vez me hiciera sentir que estaba de viaje y no atravesando una tormenta europea.

Dicho y hecho, justo antes de la incorporación a la autopista de peaje, escapé por una pequeña carretera y sin apenas darme cuenta me vi paralelo al Atlántico, por calzada estrecha, con aire limpio, y por fin, con sonrisa en rostro. Ya estaba en África.

COSTA ATLÁNTICA1

Un lugareño debió verse sorprendido por un tipo de barba qWellcome3ue acababa de llegar, y que hacía fotos  a diestro y siniestro, y sin dudarlo se acercó a darme la bienvenida a Marruecos.

Pasé un rato agradable con el buen hombre. Había estado en Málaga y hablaba algo de castellano. Cuando supo que me dirigía al Sáhara me recomendó precaución , no le gustaban mucho los saharauis. Acababa de comenzar y me encontraba ya con ese gran clásico de los viajes por tierras lejanas. Los locales siempre temen el siguiente país o región.

Durante los primeros kilómetros la costa marroquí se ve desmejorada por las secuelas de su propia burbuja inmobiliaria, en parte salpicada por la nuestra. Cuando ya no cabía un alfiler en nuestras costas, promotores y poceros debieron traer aquí sus grúas intentando imitar el sabio y estético urbanismo español. Llegó la crisis, paró las grúas, y aquí han quedado por el momento fantasmagóricos esqueletos de edificios frente a una espectacular costa que quizá nunca demando hormigón descomedido.

ESQUELETOS

Seguí costeando hacia el sur, Marruecos en su parte norte muestra un paisaje similar al de la costa de Cádiz, mucho más verde de lo que se sospecha cuando no se conoce. En l
o alto de una pequeña cordillera no pude evitar volver a parar.  Parecía cubierta por una alfombra verde que ondulaba hasta perderse en el Atlántico.

Alfombra

Juguetes y velosA mi izquierda descansaba una imagen representativa de Marruecos. Un país en progresivo desarrollo pero que parece luchar por mantener sus costumbres. No siempre lo logra claro. Un jaleo en toda regla, las mezquitas apoyan sobre inmensos centros comerciales, el Ramadán convive con Mc-Donalds, y la religión oficial del país invita a las mujeres a cubrirse el cabello, aunque la mayor parte de las modelos elegidas para publicitar cualquier tipo de producto moderno, lo hace con la melena suelta en enormes vallas publicitarias que inundan los aledaños de las carreteras.

 

Con los primeros buenos momentos, los malos rollos fronterizos habían desaparecido definitivamente. Me sentía de viaje, la moto iba a la perfección, el paisaje era agradable, y el sol, como todos los días hasta que llegara a Dakar, empezaba a bajar a mi derecha. Esta vez viajaba al sur, las puestas de sol en el retrovisor del viaje a Sydney, casi siempre al este, cambiaban ahora  por ver mi sombra crecer en la cuneta izquierda hasta el anochecer. Cursiladas quizá, pero en la soledad de la carretera estas cosas tienen su punto.

Pasado Larache la carretera y sobre todo el gps me hicieron un guiño para que abandonara la nacional y me incorporara a la A1 de peaje. Tras un pequeño debate interno me pareció que había sido suficiente dosis de carretera estrecha y viento en la cara. No estaba de más avanzar ligero unos kilómetros e intentar superar lo antes posible Casablanca. Una vez lo lograra el plan era intentar perder lo menos posible de vista el mar. Costear sin cesar, un vicio como otro cualquiera. Así lo había soñado siempre que había bajado a Senegal a través de google earth.

120

La autopista me devolvió a los casi olvidados ciento veinte legales kilómetros por hora. Avanzaba tan rápido como me permitía el miedo a los radares. Aun así no parecía ser suficiente para llegar a Casablanca, ni siquiera a Rabat. El gps indicaba un alojamiento antes de las grandes urbes y decidí que allí dormiría evitando la conducción nocturna…

Sin embargó la cagué. Miré de reojo el gps, me pareció que ya llegaba, y me salí de la autopista antes de tiempo. Quedaban más de cincuenta kilómetros para alcanzar la marca del gps. Cuando fui consciente del error me encontraba ya metido en una pequeña carretera rural. A escasos kilómetros de la autopista el paraje cambiaba radicalmente. Estaba atardeciendo y la vida brotaba a orillas de la carretera. Los niños jugaban al fútbol, al verme paraban por segundos su partido para seguirme con la mirada. Humildes casas de una planta escupían humo por las chimeneas. Campo verde con olor a campo verde.  Gente que escucha un sonido raro, que se gira, que te clava la mirada sorprendida, y que reacciona sonriendo al extraño ser que fugazmente atraviesa uno y otro pueblo sobre un enorme cacharro de dos ruedas.

El viaje dentro del viaje. Un año atrás estaba en Indonesia, atravesando islas por pequeñas carreteras similares. Si había alguna duda quedaba en ese momento despejada. Estaba de viaje sí, y enormemente feliz de volver a sentirme nómada avanzando por tierras desconocidas. Marruecos está muy cerca, pero cualquier desvío de la ruta principal te puede llevar muy lejos.

El romanticismo y la poesía se vieron eclipsados por el ser racional que también anida en mí. Al sol le quedaban un par de suspiros y tocaba conducir de noche en el continente de los niños, por una carretera de dudoso asfalto, y de ancho realmente estrecho. La anarquía viajera es muy molona pero la noche siempre trae los malos rollos. Había que concentrarse en llegar sano y salvo. Afortunadamente 2tmoto me equipó con unos excelentes focos extra, esencial para combatir la anarquía preparativa cuando llega la noche y el plan es que no hay plan.

FAROS

La rejilla también es cortesía del sponsor que me cuida. No está homologada, pero una vez cruzas el estrecho parece que es menos grave la irregularidad. Me encantaría saber por otro lado por qué coño no lo está, en qué molesta.

Pasadas las once de la noche llegué a la señal que indicaba el gps. Se trataba de un camping de dudosa calidad pero de superficie plana y blanda. Puse la tienda en silencio para no despertar a los jubilados europeos que en sus caravanas hacía rato dormían. Me senté en una maleta, saqué el jamón, el queso, y lamentablemente me faltó el vino. Mientras masticaba en total silencio a dos carrillos y a la única luz de mi frontal, sonreía satisfecho. Qué sencillo es encontrar la felicidad viajando.

Dormí como un niño pequeño.

El domingo amanecía desafiante, el cielo encapotado auguraba lo que desgraciadamente se terminó convirtiendo en un día pasado por agua. Recogí rápido los bártulos y salí dirección Essaouira. Era la meta que me había puesto y también el premio. Allí esperaba encontrar una buena cama, una buena ducha, un paseo por la playa, y un homenaje de cena. A cambio me tocaba sufrir bajo la lluvia.

Comencé el día siguiendo el guión y buscando la ruta costera. Me empecé a embarrar por carreteras secundarias. En una hora apenas había avanzado. Llegar a mi destino se antojaba imposible a ese ritmo. Así que decidí volver a sacrificar la idea de costear y
costear y me incorporé de nuevo a la N1, que aunque ya no era siquiera autovía, tenía mejor asfalto y llevaba una línea algo más recta.

Sobre las tres de la tarde y después de horas de lluvia y barro, el cielo empezó a despejar. A cambio comenzaba a soplar fuerte el viento. Las dos cosas juntas me secaron en un suspiro. El barro solidificó.

A unos sesenta kilómetros de Essaouira de nuevo apreció el guionista y su puñeteros carteles. Esta vez se trataba de una ruta secundaria costeando. De haberlo ignorado habría llegado a mi destino en algo más de una hora, pero el día habría pasado a la historia como uno de los más coñazos de mi vida en la carretera. La alternativa seducía y quedaban varias horas de luz.

La carretera empeoró notablemente. Los agujeros sin embargo cada vez lucían más. Las ruedas mixtas que calzaba la moto, condenadas a la muerte en este viaje, empezaban a dar muestras de nulo agarre. En asfalto correcto se defendían pero cuando aparecía algo de tierra o grava aquello parecía una pista de patinaje. Agujeros y lluvias unidos siempre desembocaron en grandes charcos. Marrones en este caso.

CHARCO

La pequeña carretera y sus charcos me llevó dando algo de vuelta a la ruta que por la mañana intentaba alcanzar, la que va pegada a la costa. Sin lluvia desde luego que merecía la pena.

COSTA

Finalmente llegué a Essaouira. Busqué un hotel de calidad y precio medio, lejos de la medina y el turisteo, me duche por dos días, y salí a cenar.

Un señor que tomaba té en una terraza cubierta por un toldo me vio pasar despistado buscando un lugar. Me hizo una señal invitándome a ocupar su mesa. No lo dudé, me senté y ordené unas brochetas de pollo en un puesto callejero mientras aceptaba la invitación a té que mi nuevo colega me hacía.

Era un tipo grande y simpático. Vestía tradicional, con chilaba marrón oscura y  tarbush (sombrero) a juego. Era marinero y chapurreaba castellano, así que poco a poco fuimos entablando una básica conversación. Se quejaba de la falta de trabajo en Marruecos. Yo le decía que en España íbamos a peor, que ya no era igual que hace unos años. La crisis me decía él buscando que yo asintiera. Yo lo hacía claro. Y volvía a engullir un trozo de brocheta. En un momento de lucidez pensé que un marinero era mejor que una web meteorológica para saber lo que me esperaba al día siguiente.

– Lluvia, mucha lluvia-, me dijo.

Así las cosas decidí adelantar el día de avituallamiento. Efectivamente al día siguiente amaneció lloviendo, además de con Bin Laden asesinado. Desayuné con Aljazeera dando la noticia mientras yo untaba rebanadas de pan con mantequilla, zumo de naranja, café cargado como el demonio, y sin poder fumarme un buen cigarro después porque lo había dejado en Enero.

Fácilmente encontré un taller bajo la muralla en el que un par de adolescentes, no sin dificultades, me cambiaron las ruedas. NTALLERegocié el precio escribiendo mi oferta sobre la acumulación de mierda de la ventana del taller. Fueron algo menos de diez euros por cambiar las dos ruedas después de una dura negociación que los dejó algo molestos. Quizá me pasé, no sé, no siempre es fácil saber lo que valen las cosas en otros países. 

Finalmente algo tan simple para nuestra mentalidad como dejar allí las ruedas antiguas,  volvió a dibujar una sonrisa en sus rostros. Algo sacarían por ellas.

Me sumergí en los alrededores de la medina. Callejeaba entre comercios en busca de un bidón extra de combustible que calmara mi miedo a quedarme sin gasolina en Mauritania. Encontré un tipo que hablaba muy buen inglés y que no dudó en convertirse en mi intérprete. Le dejé claro que por eso no pensaba pagar un euro.

Por el  bidón de veinte litros pagué tres, después me quedé un rato de cháchara con mi nuevo colega. Finalmente terminó ofreciéndome hachís. Por su look y su forma de hablar creo que debía ser de excelente calidad.

El avituallamiento de la moto estaba listo.

FOTO1

Quedaban dos cosas en Essaouira que quería hacer. Conocer su Medina, patrimonio de la humanidad, y salir a correr un rato. Decidí juntarlas. Me puse música en el aparato que uso como teléfono y como reproductor de mp3, que no pienso decir su i-marca para no hacer i-publicidad, y recorrí la playa primero, paraíso de los deportes de viento. Aquí los alisios soplan constantes. Después llegué a la medina, igual que los fenicios hace un porrón de años, los romanos después, o los portugueses y franceses más tarde. Bueno igual no, yo iba en pantalón corto, sudando, y paraba a ratos para con el mismo aparato de antes, hacer alguna que otra i-foto.

PLAYAPUERTO  GAVIOTAMEDINA1

Sin apenas darme cuanta del importante logro, me convertí en el primer y único europeo de la historia que atraviesa una medina en Marruecos sin ser asaltado por un solo comerciante. No les daba tiempo. La imagen de un blanco en pantalón corto con auriculares, serpenteando entre turistas, era suficiente sorpresiva para que cuando reaccionaran, yo ya estuviera doblando la siguiente esquina. Formidable logro.

Un lenguado y media botella de vino tinto finiquitaron mi feliz estancia en Essaouira esa misma noche. Al día siguiente los verdes de Marruecos se irían secando. Me dirigía al Sáhara, donde el viaje empezaba a ponerse emocionante…

Continuará…

 

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26 Comments
  • Fabián
    Posted at 02:51h, 06 junio Responder

    Fantástico volver a leerte, Charly.

    http://www.saliadarunavuelta.com

  • Miguel
    Posted at 10:38h, 06 junio Responder

    Sean en diferido o en directo, tus viajes, y posteriores relatos siguen teniendo el mismo encanto.

    Un saludo Charly.

  • AnnibalSmith
    Posted at 13:15h, 06 junio Responder

    Que alegría volver a leerte. Ya voy en moto de nuevo. No tardes en la siguiente… que se hace larga la espera.

  • Neke
    Posted at 13:26h, 06 junio Responder

    Como dice Fabián, es fantástico volver a saber de tus andanzas, y como dice Miquel (si, ya se que no estoy muy inspirado), da igual que sea en directo o en diferido.

  • rafalote
    Posted at 16:29h, 06 junio Responder

    Qué placer volver a leerte.
    Es curioso el guión de tu historia, puesto que tras leer la primera parte de tu periplo agarré mi burra con disposición a llegar lo más lejos posible, y el mismo guión también me hizo parar en Monesterio, solo que en el camping, rodeado de moteros ingleses.
    Un saludo.

  • rafa
    Posted at 18:05h, 06 junio Responder

    excelenteeee poder leerte nuevamente … espero por mucho mas …. abrazo grande sin !!!!

  • JuanCB
    Posted at 22:52h, 06 junio Responder

    Genial leer este súper pist Carlos, gran esfuerzo y envidia a raudales por tu viaje

  • Moises
    Posted at 23:00h, 06 junio Responder

    Hola Charly.

    Un autentico placer volver a leer tus relatos 😉

    Un saludo.

  • RedSpider
    Posted at 00:39h, 07 junio Responder

    Hola Charly.
    Qué bien! Ya veo que has estado de nuevo en ruta.
    Gratos recuerdos guardo de Essauira.
    Un abrazo.
    Javi

  • La hierbas
    Posted at 00:57h, 07 junio Responder

    Yuhuuuu! Me he quedado con ganas de mas! No nos hagas esperar! Yo manyana me teletransporto back to Spain! Te llamo. Besitos!

  • Alvarado
    Posted at 01:52h, 07 junio Responder

    Fantástico estar disfrutando de tus aventuras de nuevo.

  • Germanchu
    Posted at 15:42h, 07 junio Responder

    Gracias por hacerme viajar desde la oficina!!! Directo o diferido… que más da, lo importante es el contenido.

    Saludos!!

  • juanto
    Posted at 08:57h, 08 junio Responder

    Esperando la 2 entrega!!!!!!!!!!!

    Un abrazo

  • Res
    Posted at 19:53h, 08 junio Responder

    Enhorabuena por tus relatos que nos hacen vivir parte de tus emociones.

  • Vicen
    Posted at 15:13h, 09 junio Responder

    Muy bueno amigo de nuevo, parece mentira leyendote es como si se viajara de paquete….aire fresco…ya estamos ansiosos del siguiente relato!!!Un abrazo.

  • alejandro (cuco),guadalupe y violeta
    Posted at 23:22h, 13 junio Responder

    que bueno que estes en ruta!!!un gusto volver a leerte. saludos desde Veracruz,Mexico

    • Charly
      Posted at 21:06h, 24 junio Responder

      Holaaaaaaa!!!!!!, qué tal estáis? algo sé porque os cotilleo de vez en cuando. dónde nos encontraremos? de momento ando por África, bien lo conocéis. Tendrá que ser en América… ya veremos cuándo. Un fuerte abrazo

  • Grandote
    Posted at 12:23h, 20 junio Responder

    hola Carlos. un placer seguir tus andanzas nuevamente. Entre Fabian Miquel y tu llenais mi sed de aventuras virtuales. pq las reales aisssssss q lejos quedan

    Un saludo

    • Charly
      Posted at 21:05h, 24 junio Responder

      tan lejos como tú quieras, ya sabes, ya lo hablamos el otro día. un saludo

  • paratito
    Posted at 12:26h, 20 junio Responder

    Bueno, es genial volver a poder seguir tus aventuras desde mi pc. Lastima que no sean “on-line”, pero veo que aunque no sean en directo eres capaz de seguir enganchandonos a todos.
    Un abrazo!!!

    • Charly
      Posted at 21:04h, 24 junio Responder

      joder tío!, qué ilusión verte por aquí de nuevo. ya sabes que fuiste de los primeros. un abrazo amigo

  • Cesar
    Posted at 19:10h, 21 junio Responder

    Maravilloso relato, haces que uno sueñe hacer un viaje un dia de estos, por lo pronto sigo leyendo tus relatos. suerte Charly.

  • Cesar
    Posted at 19:15h, 21 junio Responder

    Maravilloso relato, saludo desde colima, Mexico

  • genaro
    Posted at 16:34h, 19 julio Responder

    Hojala paces por Ecuador suerte por tu sueño hecho realidad……

  • La gran sandez — El mundo en moto Sinewan
    Posted at 13:54h, 29 marzo Responder

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    Posted at 14:03h, 29 marzo Responder

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