Charly Sinewan | El Golpe
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El Golpe

El Golpe

Vuelta al Mundo en Moto Sinewan. Capítulo anterior

 

En Asia, en algún lugar que no puedo relatar para mantener la curiosidad de los lectores, y entero.

Tenía casi terminado un relato muy bonito de Tailandia, de lo fácil que se viaja, de lo agradecido que es tener una buena moto y de lo bien que iba todo. Era tan bonito el relato que bostezaba al releerlo.

Pero de nuevo en ruta pasan cosas que cambian los acontecimientos y el tono de los relatos. Si las cosas malas no pasan la barrera de lo catastrófico, suelen terminar siendo de las que siempre te acuerdas, las más intensas…

Duncan decidió subir al norte igual que yo en el momento que su moto estuviera lista, así que lo esperé. Aunque nos distancian varios años, la relación con él es muy fácil, cuando rodamos juntos y a diferentes ritmos dependiendo del suelo que pisamos, cuando tomamos copas o cuando estamos frente a nuestras respectivas pantallas sin apenas hablar pero muy cómodos. Este viaje me ha dado por viajar con ingleses y parece que funciona.

Las motos estuvieron listas y  Red Baron, el taller, pasó la prueba con nota, por lo bien que lo hicieron y por la simpatía y generosidad con la que lo hicieron. No me imagino un taller en España en el que  sin conocerte te limpien el filtro del aire sin pedirlo y sin cobrarlo, y menos que te limpien la moto gratis, especialmente la de Duncan que venía acumulando grasa durante veinte mil Kilómetros.

El día que fui a recoger la moto llevaba una hora y media en un taxi bloqueado en el constante colapso de Bangkok cuando decidí saltar a una moto taxi, sin casco. Llegando al taller, parón policial y recaudación en masa. Del comportamiento de los locales siempre se aprende, y el moto taxista utilizó el recurso de la auto humillación para que nos dejara pasar sin multa después de varios largos minutos de cansada espera. Así que saqué la conclusión que ponerse chulo con la poli no debe funcionar.

Salí del taller con la moto brillando, con la palanca del freno en su sitio, con ruedas nuevas y por una avenida de tres carriles. Me puse en el carril derecho, aceleré moderadamente y cuando me disponía a decirme a mí mismo lo feliz que estaba…

De nuevo Obi-Wan Kenobi apuntándome con su espada a lo lejos  en un nuevo corte policial. Conducir por el carril derecho en moto no está permitido en ciudad. Tras una dura negociación con un ser despreciable la cosa quedó en tres euros y la lengua dolorida de mordérmela.

Por lo demás en Bangkok hice poco, algo de turismo, visitar varias veces un centro comercial con siete plantas exclusivas de tecnología, mirar de reojo los muchos centros comerciales dedicados a moda, desplazarme a veces en moto, otras en “sky train” y otras en “tuc tuc” coloridos que son la mejor forma de ver la ciudad.

TUC TUC

Y también me dediqué a pasear boquiabierto por las calles observando los miles de puestos de comida diferentes con sus llamativos colores y peculiares olores. Uno de los alicientes claros de este país es la comida, por calidad y por cantidad, algo desmesurado.

La noche de Bangkok me dio rechazo desde que llegué, al menos a la que yo podía optar, así que lo máximo que hice fue tomar alguna copa en un pequeño bar y jugar al billar, a veces apostando contra tailandeses porque no había otra forma. Nada grave, casi siempre terminaba perdiendo pero nunca más de cinco o seis euros en una noche. La presión que me puede.

Y también pasé tiempo en Apple Guest House, posiblemente de los hoteles más baratos del centro turístico de Bangkok y donde pensé que duraría una noche y terminé quedándome más de una semana. Nunca antes tuve una habitación individual  tan individual, una cama de 90, un ventilador, dos ventanas y un suelo que nunca vi bien porque estaba cubierto por mis pertenencias. Tener que bajar a una de las tres duchas comunes que había para todo el hotel, que puede parecer un incordio, siempre te solía dar un encontronazo con alguien y una conversación al menos curiosa.

De arquitectura típica tailandesa, con estructura de madera en dos plantas que conformaban el humilde hotel, y encajonado al fondo de un callejón que lo daba un silencio total en la noche. De día la vida de los personajes allí alojados se desarrollaba en una mesa con dos sillas y un banco en la puerta, todo apoyado sobre la pared del callejón para dejar algo de paso.

La dueña, Mama,  y su hijo vivían y trabajaban allí  pasando casi todo el día entre el salón y la cocina. Mama era una señora de unos setenta años, que apenas decía una palabra en inglés pero que tampoco parecía hacerle falta. La primera mañana pronunció malamente “chek in” a la vez que con el mismo gesto, fuerza y ángulo que lo hubiera hecho mi abuela, me soltó un cachete a la vez que me empujaba al cuaderno de visitas del hotel. Después asintió con la cabeza satisfecha, todo con un cariño casi de familia. Sé que era viuda desde hacía dos años porque estando allí alojado se cumplió el segundo aniversario de la muerte de su marido, esa mañana me fui temprano y la casa estaba llena de comida para todos los vecinos y amigos de la familia que supongo fueron pasando durante el día. También había bastante whisky cuando me fui, eso lo sé porque aunque eran cerca de las nueve de la mañana, el hijo de Mama casi me obligó a dar un sorbo de su vaso de tubo a rebosar. Cuando volví casi de noche todavía quedaba algo de comida, whisky no, los ojos ensangrentados de los presentes y sus dificultades a la hora de vocalizar delataban dónde estaba.

Los presentes eran algún amigo de la familia, el hijo, y dos huéspedes fijos del hotel. Alex, un danés de unos treinta y tantos, licenciado en empresariales, con muy buena imagen y que trabajaba a diario como profesor de inglés en la otra punta de la ciudad y con sueldo tailandés. Vivía en el hotel, en una habitación comunitaria y para ir y venir del trabajo tenía que pedir prestado dinero a Mama, ésta le daba dos euros e iba apuntando en su cuenta hasta que se recuperara de su ruina temporal. Le había ido mal decía, pero no quería volver. Uno de muchos casos de gente que voluntariamente ha renunciado a Europa aunque sea sin poder tener lujos aquí.

El otro era más mítico, alemán de unos cincuenta pero que aparentaba casi los setenta, y que también vivía en el hotel. Alto, escuálido, sin apenas dientes sanos y con un defecto en las cuerdas vocales que hacía que hablara muy raro. Nadie nunca lo vio salir o entrar del hotel, siempre estaba allí, deambulando por el hotel  o sentado en la puerta y casi siempre en calzoncillos. Por la mañana liándose de una vez los diez cigarros que se fumaba al día, de un ta
baco tailandés que cuesta diez céntimos de euro el paquete y que es demencial. El hombre era simpatiquísimo y siempre intentaba sacar una conversación aunque era difícil seguirle porque no se le entendía nada.

Un hotel que parecía una pequeña y cómica familia.

Una noche con las motos aparcadas frente a una terraza se nos acercó una pareja que hablaba castellano, cuando empezaron a contar su historia les interrumpí…

Pero si os conozco, os he leído!

Alejandro, “el Cuco”, que salió de Buenos Aires hace ocho años con 1500 dólares, nueve meses por delante, una Honda Transalp a estrenar  que le costó dos años de ahorro , y la ilusión de ir a Alaska y volver. Cuando llevaba más de un año y todavía estaba en México conoció a Guadalupe, su actual mujer y con la que viaja desde entonces alrededor del mundo.

Estaban esperando su moto que venía de Grecia, el último país que pudieron cruzar sin carné de passage, un papel que viajando ocho años es difícil tener y que además siendo argentino es bastante más complicado y costoso que siendo europeo. Boludeces de esas que no se entienden…

Disfruté muchísimo de su compañía y de sus relatos, de algunas de las cosas que les han pasado en ocho años y de cómo se ganan la vida con la artesanía para con mucho sacrificio seguir con su sueño e ir poco a poco avanzando. Conociendo los países y sus culturas con la profundidad que da tener que ganarse la vida en ellos. Una auténtica enciclopedia para viajeros sobre dos ruedas, una pareja increíble que espero reencontrarme.

www.porelmundoenmoto.com

CUCO

Desde Bangkok a Chiang Mai, si la poli no te para mucho, se tarda un día por autopista. Nosotros tardamos dos días y medio, por carreteras secundarias que fueron dándonos buenas emociones de menos a más.

La salida de Bangkok fue bastante caótica, alertas de no ser parados por la poli, con un mapa obsoleto en el gps y con indicaciones con letras raras la mayoría que no ayudaban mucho. Mal que bien salimos y no nos volvieron a parar hasta el momento en el que escribo, parece que la corrupción policial al por mayor está ubicada en la capital preferentemente.

Duncan quería visitar primero un puente ferroviario construido por prisioneros británicos de la segunda guerra mundial, así que allí que fuimos. Yo pregunté si había algo construido por españoles pero me dijeron que no, que había un proyecto pero que estaba parado por una oscura trama de recalificación de terrenos.

El resto de la travesía hasta Chiang Mai se redujo a disfrutar de la carretera y empezar a saborear la otra Tailandia, esa que no espera turistas y que es increíble. En cada parada nos daba pereza reanudar de lo bien que nos hacían sentir. Casi llegando, aburridos en un tramo de autopista, decidimos salirnos por una carretera secundaria y comenzó lo que durante muchos días no terminó, el placer de volver a conducir. Empezaron las curvas, con asfalto casi siempre bueno, a veces algún tramillo regular y de vez en cuando regalos de carreteras recién hechas y viradas sin parar. Con normas de conducción que ya casi no recordábamos después de dónde veníamos, como la de no invadir el carril contrario salvo que quieras adelantar y no venga nadie de cara. Todo eso sumado a que llevaba ruedas nuevas hizo que poco a poco me fuera soltando y fuera recuperando la sensación perdida de trazar las curvas como son y no pensando cuántas vacas habría a la salida, o qué tamaño tendría el camión que estaría invadiendo mi carril.

Cada lugar que he atravesado tiene atractivos diferentes, quizá Tailandia por exceso de turistas, sobre todo de un tipo con el que no conecto, me hubiera expulsado mucho antes si hubiera llegado aquí sin moto. Y quizá me hubiera quedado más tiempo en India si hubiera estado sin moto, nunca se sabe. Lo que está claro es que Tailandia en moto es un placer, por las carreteras, por los paisajes, por sus gentes y porque por mucho que te pierdas puedes sentarte en cualquier restaurante por cutre que parezca y lo encuentras limpio, la comida rica, y una sonrisa permanente que sin una palabra en inglés hará lo posible por comunicarse para que no te falte de nada. Y si tienes que acampar tienes cientos de lugares, sin sensación alguna de peligro.

Y también ayuda que a las muchas chicas que trabajan en las gasolineras y alrededores debemos parecerles exóticos y casi siempre ligamos, nos chistan, nos sonríen, cuchichean entre ellas…

… luego arrancamos y nos vamos con el ego por las nubes y poco más, pero así está bien.

Con todo eso llegamos a Chiang Mai.

Hace meses que iba escuchando la radio en el coche y me jugué la vida por apuntar lo que el prestigioso locutor decía sobre Tailandia en un conocido programa de viajes. Recuerdo perfectamente cómo decía que el norte de Tailandia era mucho menos turístico, y apunté Chiang Mai como uno de los lugares para descansar de eso.

Cuando entramos en la ciudad empecé a pensar que la idea de pasar las navidades en el sur no era muy buena, si eso era poco turismo no sé cómo será el sur pensé. Afortunadamente la ciudad es muy grande y la zona de alojamiento barato también, lo que permite estar medianamente tranquilo.

En los días que estuvimos en Chiang Mai averiguamos que desde allí salía una carretera circular muy famosa entre moteros llamada “Loop”, unos 600 Kilómetros de curvas y buen asfalto  entre montañas, parques naturales y una parada casi obligada en un lugar llamado Pai.

Decimos hacerla juntos y después en teoría yo tendría que decidir si seguir por el norte o bajar al sur e ir buscando un sitio donde tomar el turrón. Antes de irnos  nos dimos alguna vuelta por los alrededores y salimos un poco de carretera para que el niño se divirtiera con su ligera ktm mientras yo cumplía mi promesa de no cargarme la moto de nuevo.

DUNCAN CHARCO

Los primeros 120 km del loop llevaban a Pai, ese lugar tan maravilloso del que nos habían hablado y que tuvimos la mala fortuna de visitar en Sábado. La carretera empezó a darnos alegrías desde el principio, buen asfalto y un ingeniero motero que debió diseñarla porque no dejabas de tumbar la moto de un lado al otro, con curvas bien peraltadas y con un entorno que cada vez iba siendo más frondoso. Un placer sólo interrumpido por el mucho tráfico.

LOOP

Al llegar a Pai nos encontramos con aforo completo, muchísimo turismo local sumado a mochileros del todo el mundo, muchos de ellos con ropa milagrosamente muy planchada y de marca. También con restaurantes de diseño ibicenco pijo más que tailandés, y con algunos tailandeses que trabajaban en hostelería más antipáticos que en ningún otro lugar que haya visitado hasta la fecha. Todo al revés de la imagen que tengo de este país cuando lo atravieso por carretera.

Luego por la noche, viendo el consumo de cerveza y whisky y sus efectos en los turistas, entendí mejor el trato que recibimos en algunos lugares.

Pero la verdad es que las dos noches que estuve allí fueron muy especiales, por suerte aparecí en un lugar con muy buena música en vivo, interpretada por viajeros que iban turnándose, y me encontré con un pequeño grupo de gente increíble.

Otro Alex, esta vez catalán e ingeniero que hace ocho años se cansó de mirar el mapamundi cada mañana en el ordenador de su oficina , así que decidió dejar todo y dedicarse a oler los países en lugar de verlos en una pantalla. Desde hace cuatro viaja con su novia brasileña y también viven de la artesanía. Otra pareja de catalanes con una vida similar, y Sol, un israelita de veinticuatro años que lleva tres viajando después de sus tres años de servicio militar obligatorio. Un personaje como pocos, con una personalidad que por momentos le hacía aparentar cuarenta años y que no era capaz de mantener una conversación que no fuera profunda. Qué cansino. Estuve horas hablando con él hasta que me comió la curiosidad y le pregunté cómo se financiaba el viaje.

Cuando se le acabó el dinero ahorrado estaba en Australia, viviendo con una australiana con la que no funcionaba. Sin dinero y sin nada se fue del domicilio conyugal y salió a la calle, alguien se fijó en él, le dio alojamiento y le ofreció vender cuadros a domicilio. A los meses de vender bastantes ya tenía suficiente ahorrado para a buen precio comprar a su jefe todos los que pudo, alquilar una furgoneta e irse de pueblo en pueblo vendiéndolos a mucho más precio. Así ganó 3.000 dólares el primer mes.

Mientras sonreía escuchando le interrumpí y le pregunté:

– De dónde decías que eras?

Antes de terminar de repetirlo captó la ironía y afortunadamente empezó a reír, porque me sacaba una cabeza. Todo un personaje.

Pero por bien que estuve en Pai terminé de tomar una decisión que ya llevaba días mascando, un cambio de planes y un cambio de itinerario.

El nuevo plan era terminar el “loop “ y seguir al este de Tailandia hasta la frontera con Laos, entrar en éste y bajarlo entero para llegar al sur de Camboya el día 24 de diciembre y cantar villancicos en una playa donde soplara el viento y me pudiera alquilar un kite. Todo sin saber muy bien las distancias ni el estado de las carreteras en dos nuevos países, con sus respectivas fronteras. Pero tenía un plan y me apetecía mucho volver a estar en ruta larga, sentirme nómada y conducir sin paradas largas.

Después de Pai terminamos el “loop” en dos días antológicos, por el mismo tipo de carreteras entre montañas y zonas rurales, sin apenas turismo y sin dejar de tumbar la moto.

LOOP 2

Así llegamos de nuevo a Chiang mai, donde volvimos a dormir para al día siguiente salir dirección Laos, porque Duncan se animó y se vino.

El paso fronterizo era por la capital de Laos, Vientiane, a orillas del río Mekong. Decidimos trazar una línea lo más recta posible y hacer gran parte del recorrido por carreteras amarillas según el mapa, nos encontráramos lo que nos encontráramos. Y fue un acierto de nuevo.

A los diez segundos de pisar la primera de esas carreteras amarillas se me volvió a instalar la sonrisa permanente, con de nuevo la sensación de nomadismo, sabiendo que me esperaban muchos kilómetros y días sin parar, con la moto cada vez mejor cargada y funcionando todo de cine, con carreteras perfectas en paisajes de nuevo montañosos y por pueblos nada acostumbrados a nuestros rostros pálidos. Cada vez que nos adentrábamos más producíamos más sorpresa y las sonrisas habituales pasaban a risas al ver nuestras caras y nuestras motos.

Así discurrieron las últimas horas hasta que la luz se fue acabando, igual que la esperanza de encontrar hotel en cada uno de los muy pequeños pueblos que atravesábamos. No turistas, no hoteles.Terminó la luz, se hizo la noche y seguimos conduciendo…

Atravesamos un muy pequeño pueblo mirando a los lados en busca de algo que se pareciera a un hotel pero sin éxito. Paramos para hablar con la suerte de hacerlo frente a un templo.

– Intentamos que nos dejen acampar?

– Ok

La buena educación británica se encargó de comunicarse por mímica con los monjes y por supuesto accedieron gustosos cuando entendieron que teníamos tiendas de campaña. Una explanada verde junto a una especie de cabaña de madera y a escasos metros del templo era el lugar sagrado para pasar la noche.

Con las manos haciendo el gesto de llevarse algo a la boca entendieron los simpáticos monjes que necesitábamos comer, lo que nos llevó a unos doscientos metros del templo a un restaurante. Fuimos con las motos por no dejarlas cargadas y decidimos cenar primero y acampar después.


El restaurante era una estructura abierta de madera, con una cocina vista al fondo y dos mesas de plástico cubiertas por hules y sus respectivas sillas. En una de las mesas cuatro tailandeses bebían y fumaban mientras dos mujeres cocinaban en la cocina.

Las primeras sonrisas transmitían duda, sobre si nos habíamos equivocado y buscábamos otra cosa que no fuera su humilde restaurante. Conseguimos de nuevo hacernos entender y el tono de las sonrisas pasó a ser de orgullo por tenernos allí, darnos de cenar y darnos conversación sin palabras. Mira que ya llevo meses así y no dejo de sorprenderme de cómo las personas cuando quieren se comunican, aunque no haya una palabra si quiera que suene parecido, de mundos y culturas tan diferentes y tan lejanos.

La cena era típica tailandesa claro, compuesta por verduras, algo de carne, pasta, especias y todo  sumergido en agua que hacía de sopa. Estaba riquísima, y quien me conoce sabe que yo para esto de comer exótico soy más que un problema, pero entre que no había otra cosa, que una vez más todo estaba limpio, y que la cocina tailandesa me gusta más que otras, me lo cené encantado. Haciendo un poco el ridículo con los dichosos palillos y echando de menos un tenedor y un cuchillo, algo que no debe sonar “cool “ pero que a mí me parece mucho más práctico.

Al terminar intercambié tabaco de liar con uno de los hombres con el que desde el principio y sin necesidad de idioma, había conectado, y rechacé varias invitaciones de whisky tailandés que me pareció entender que tenía 80º. Menos mal por cierto.

Entre la cena y el tabaco me entraron unos calores un poco raros a la vez que me visitaba el cansancio acumulado de las casi doce horas de viaje. Digo esto porque llevo muchas horas intentando encontrar explicación a lo que sucedió después, algo que no consigo comprender.

Nos despedimos y arrancamos las motos que estaban en dirección contraria al templo, con lo que giré ciento ochenta grados para dar la vuelta. Eso me posicionó en la carretera en dirección contraria. Para recorrer doscientos metros hasta el templo y por  una carretera desierta me había puesto el casco en el brazo.

Por experiencias de otros sé que a veces, cuando pasa lo que a continuación voy a relatar, se pierde la memoria de algunos momentos, y eso pasó.

Mi cerebro ha decido que olvide por qué recorrí doscientos metros dirección contraria y sin mirar la carretera, me he vuelto loco pensando en ese momento. Qué iba mirando, sin ninguna luz que alumbrara nada, o en qué iba pensando que me hizo no mirar al frente y darme cuenta, después de más de 10.000 km circulando por la izquierda, que iba por la derecha.

La primera imagen que recuerdo, y esa muy clara, es que levanté la vista y vi dos focos de un coche que venía rápido y al que le quedaban segundos para alcanzarme, y de lleno porque estábamos justo en frente el uno del otro.

A más velocidad supongo que hubiera tumbado la moto a un lado u otro y las consecuencias habrían sido diferentes, pero iba creo que en primera y casi parado y una moto tan grande a esa velocidad tarda en girar. Así que también recuerdo que frené en seco con la esperanza de que el coche hiciera lo propio.

Lo último que recuerdo es que pensé que el coche no estaba frenando mientras veía, y veo ahora perfectamente mientras escribo, como las luces se acercaban y el golpe parecía seguro.

De nuevo el cerebro me ha borrado la imagen y el sonido de lo que supongo tuvo que ser un violento golpe que paró el coche en seco y empujó más de dos metros los cuatrocientos kilos de moto y al que escribe, con el freno delantero presionado al máximo.

La memoria la recupero, y ya definitivamente, unos segundos después sentado en la carretera con las piernas estiradas y la espalda recta, como si fuera a estirar los brazos para tocarme la punta de los píes en el gimnasio. Y ligeramente aturdido.

Sé que fueron muy pocos segundos porque tengo la imagen de Duncan que venía detrás aparcando su moto y preguntándome qué tal estaba, a la vez que la chica que iba de copiloto en el coche corría a la moto para coger las llaves y metérselas en el bolsillo. Las fugas deben ser comunes aquí.

Yo estaba ligeramente escorado a la derecha, unos dos metros detrás de la moto que estaba caída a otros dos metros largos  frente al coche. Éste estaba parado, con las luces puestas y el para golpes hundido.

Desde el primer segundo noté que no me dolía nada. Algo que tampoco entiendo, ni el pantalón tiene un rasguño, ni me dolió ni me duele el culo, ni apoyé bruscamente un píe o una mano porque algo hubiera notado. Pero lo que está claro es que un coche embistió mi rueda delantera desplazando más dos metros una moto de 300 kilos que estaba frenada, y que yo tuve que salir despedido casi cuatro metros porque aparecí a esa distancia segundos después. Llevo horas pensando qué pasó, por qué no iba mirando al frente y sobre todo cómo fue la colisión y por qué no tengo un triste arañazo o un dolor muscular. Y no encuentro explicación.

Viendo el golpe del coche  y dónde apareció la moto, está claro que de nuevo, el elefante que ocupa mucho más que yo, evitó algo más grave y salvó por lo menos el viaje. También a posteriori creo que fue una gran suerte no poder intentar evitarlo porque el golpe de lado hubiera sido peor. El caso es, que de nuevo la suerte estaba de mi lado.

COCHE GOLPE

A partir de ese momento entré en un shock relativo, era consciente de todo lo que estaba pasando a mi alrededor pero me mantenía a un cierto margen, centrándome en buscar explicación a lo que había pasado y cagándome en mi mismo y en mi absurdo error. Toda la puñetera vida en moto, sabiendo que es más peligroso distraerse un segundo a 20 Km/h que pasar una curva rozando la estribera, y me distraigo en Tailandia, que se conduce por el otro carril, a más de 20.000 km de casa, de noche y sin casco.

Mientras yo estaba en mi mundo, gran parte del pequeño pueblo nos rodeaba mientras Duncan dialogaba con Pei, una encantadora mujer que vivía entre Alaska donde trabajaba y su pueblo que era este. Era la única qua hablaba inglés y hacía de intérprete con la chica copiloto, el piloto, un señor que parecía ser policía y nosotros.

GOLPE

Salí de mi trance y hablé con Duncan.

– Qué hacemos? No tenemos seguro

Al llegar a Tailandia intentamos contratar seguro pero nos informaron que sí estábamos obligados a hacerlo pero que matrícula tailandesa no se pueden asegurar vehículos aquí. Así que no tenemos seguro, ni nosotros ni ningún otro viajero en moto en Tailandia, al menos que sepamos.

Duncan estuvo toda la noche genial, aunque es muy joven tiene algo de genio y lo sacó. Sabiendo que yo estaba un poco aturdido cogió las riendas desde el principio.

Saca algún papel de tu seguro y decimos que te cubre internacionalmente, luego ya vemos qué hacemos.

Eso hicimos, lo que relajó un poco el momento que por otro lado nunca llegó a estar tenso, a excepción de un momento en el que no me dejaban levantar la moto para que se viera que era mi culpa y nos pusimos un poco chungos, había que levantarla.

Al final lo conseguimos después de que hicieran varias fotos, con la moto levantada miré a los ojos de la chica y le pedí a la intérprete que tradujera.

Siento el golpe, ya sé que la culpa es mía, no me voy a fugar y lo vamos a solucionar, pero dame las llaves de mi moto por favor.

La chica era muy buena gente, aunque estaba preocupada no dejaba de sonreír, dudó un instante y metió la mano en el bolsillo.

Con la moto de píe comprobamos que la dirección estaba muy torcida, lo que empezó a preocuparme y pasó a ser el mayor de mis problemas.

MOTO GOLPE

Mientras tanto un mecánico del pueblo peritaba el coche al instante a la vez que llamaba por teléfono para saber la cuantía del daño. Parachoques, capó doblado y un pequeño alerón frontal, esos eran los daños. La intérprete nos explicó que era mejor que pagáramos, caso contrario habría que ir a la policía, dejar la moto allí y esperar el trámite de las compañías, que siendo la mía española sería muy largo.

Al rato ya había presupuesto, quince mil baht, unos trescientos euros.

Se produjo un momento cómico dentro de lo dramático, yo entendí bien el precio pero Duncan calculó mal y entendió 3.000 euros. Gracias a eso, o por desgracia de eso, tuvimos la posibilidad de negociar y la noche no terminó ahí. Nuestras reacciones fueron iguales, que era mucho dinero y que no teníamos en ese momento, y que además el seguro nos cubría. Mi reacción era intentando negociar, sí que tenía ese dinero entre unas monedas y otras. Si Duncan lo hubiera entendido bien desde el principio, con su honestidad y juventud, hubiera sacado el dinero de su bolsillo para terminar con la pesadilla de momento.

Yo al saber el precio me relajé y decidí aguantar un rato a ver qué pasaba, saqué cien euros y cincuenta dólares y se lo ofrecí asegurando que no tenía más. Tenía la sospecha que ellos pudieran no tener tampoco seguro, además que en ese momento pensaba que era mucho dinero para arreglar un parachoques en Tailandia, que era lo único que yo veía roto.

Me planté y me ofrecí en caso contrario a ir a la policía que estaba a unos nueve kilómetros, una vez decía, arreglara la moto que tenía la dirección torcida, lo que me llevaría una hora larga.

Me lié un cigarro para hacer tiempo y parecer tranquilo y de nuevo y por largo rato me ausenté, entré de nuevo en trance y empecé otra vez a maldecirme y a preocuparme por el viaje, a imaginar que los discos y las barras se habían doblado y que me tocaría ir a Bangkok en grúa, perdiéndome los villancicos en la playa que era lo que realmente deseaba. Y estas cosas que normalmente no me afectan, estando de viaje y sabiendo todo lo que estaba en juego, me tenían muy cabreado, sobre todo porque el error era sólo mío y además absurdo.

Yo no sabía que el pobre Duncan pensaba que eran 3000 euros y que por tanto estaba mucho más preocupado que yo, él seguía en el papel del que tiene seguro intentando al menos dilatar el momento y ganar tiempo.

Al rato largo de espera sin nada que esperar, me acerqué a Duncan que peritaba los daños con el mecánico que mostraba los daños reales del vehículo, no sólo el parachoques.

– Cuánto crees que cuesta aquí arreglar esto?

– No sé, en Europa cambiando todo nuevo lo mismo sí que son 2000 euros, pero 3000 es mucho.

– 3000? Si han dicho 300

– 300?

Preguntamos a la intérprete y nos confirmó que eran 300, la cara de Duncan cambió y efectivamente y en voz alta me dijo alegre que él tenía suficiente.

Yo salí de mi “empanamiento” y razoné, vamos a ver…

…iba en dirección contraria, sin seguro, en un país con poli corrupta y me he empotrado contra una pareja encantadora que no me ha puesto una mala cara en toda la noche después de haberles roto el coche, y todavía estoy aquí intentando rascar unos euros. Ya me vale.

Duncan dio el último toque maestro y redactó por dos veces y en perfecto inglés un documento que hacía de recibo y me excluía de cualquier otra responsabilidad. Firmado por el piloto, el señor que parecía poli como testigo y yo. En una mesa de plástico, del porche de los vecinos más cercanos a la colisión, a las nueve de la noche, en un pueblo que desconocemos su nombre porque no viene en el mapa, y rodeados de parte de sus simpáticos habitantes que no dejaban de tratarnos con cariño, con la que habíamos liado. Insólito.

Nos dimos la mano, pedí de nuevo disculpas a los dueños del coche, agradecimos a la intérprete y todavía dio tiempo para que un señor que observaba el momento medio borracho, viendo mi cara de cabreo, me dijera en tailandés a la vez que la intérprete me traducía.

Estás en Tailandia, el país de las sonrisas, mañana seguro que tienes un buen día, así que sonríe…

Pero no lo hice, permanecí apoyado en la estructura de madera de la caseta del templo largo rato, fumando, mirando la moto y dentro de mi mundo oscuro de lamentos por lo absurdo del golpe y las posibilidades más pesimistas de los daños. Duncan me acompañaba en un silencio de agradecer.

– Voy a poner la tienda y después voy a intentar arreglar la moto, tú acuéstate si quieres. Y gracias otra vez

– No, me quedo aquí, te veo y te ayudo cuando sea necesario
.

Y menos mal, porque yo de estas cosas no entiendo nada y necesito otra opinión. Desmonté guardabarros con mucho esfuerzo porque estaba doblado y no salía bien, aflojé la horquilla, enderezamos la dirección y al hacer rodar la rueda se frenaba con los discos. Parecía que se habían doblado.

– Tú qué crees?

– Que es muy tarde, que no se ve bien y que nos vayamos a dormir.

Y eso hicimos, aunque tardé más de dos horas en conseguir hacerlo y seguí metido en mi mundo, principalmente preocupado por el viaje, ni me acordaba ni me he vuelto a acordar de los 300 euros, ni esa noche pensé mucho más en el accidente en sí. Fue al día siguiente cuando empecé a intentar recordar sin éxito.

La llamada a los fieles en los templos budistas se realiza mediante una música que parece de karaoke de pueblo más que otra cosa. Ese fue nuestro despertar, en un sitio idílico y que de no haber sido por la lo acontecido la noche anterior habría supuesto una de las mejores mañanas del viaje.

TEMPLO AMANECER TEMPLO

Pero fueron las preocupaciones las que realmente me despertaron, primero por mi cuerpo, que afortunadamente comprobé que estaba perfecto. Después por la moto, que definitivamente tenía los discos ligeramente doblados, pero que andaba y al menos podía intentar avanzar hasta la frontera con Laos, allí decidir si seguir el plan o bajar a Bangkok en busca de mecánico.

Aceptamos la invitación a café que la intérprete nos había hecho la noche anterior y desayunamos en el porche de su casa. Encantadora nos contó su vida, le volví a dar las gracias y nos despedimos.

Sobre las diez salimos del pueblo, paré un segundo en el lugar de los hechos y observé que no había marca de frenazo, ellos también debían ir distraídos. También confirmé que eran doscientos metros largos los que avancé en dirección contraria, sin mirar al frente y que sigo sin entender por qué.

Teníamos trescientos kilómetros largos de camino hasta la frontera, bordeando el río Mekong casi constantemente y por carretera buena y de curvas. Ya no era lo mismo claro, empecé el día más pendiente de si la moto iba bien que de los paisajes y las curvas. Pero otros acontecimientos, otras preocupaciones y sus quehaceres me fueron distrayendo durante el día…

Pero eso es parte del próximo relato, que espero no tarde en llegar. Espero escribir antes del 24, pero si no me da tiempo, feliz navidad.

Gracias por leerme

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38 Comments
  • Fer
    Posted at 10:28h, 21 diciembre Responder

    Por fin tu relato….Menudos susto.Me alegro de que no te haya pasado nada grave.
    Repara la moto que si no será peor.
    Me gustaría saber con que presupuesto hay que contar para hacer un viaje similar al tuyo. Tahilanda es preciosa.
    Animo y un saludo.

  • Rafalote
    Posted at 12:45h, 21 diciembre Responder

    Carlos, FELIZ NAVIDAD a tí también!! Suerte que no pasara nada, pero tiende a ser positivo y recordar que no pasó nada y que sigues en un paraíso.
    Un saludo.

  • Amedio
    Posted at 13:17h, 21 diciembre Responder

    Nah tio, simplemente haz lo que te dijo aquel buen hombre, que estas en el país de las sonrisas y que el día siguiente será mejor, y que sonrias 🙂 estas dando con gente maravillosa, aprovechalo.

    Un Saludo y Feliz Navidad!! que te leo a cada entrada que escribes, y me das una envidia que no te lo imaginas 😛 excepto por el encontronazo pero todo ha quedado en un susto animo, y a por mas kilometros

    Rafagas (para que también saludes a Duncan de mi parte jajaja)

  • carmen
    Posted at 14:05h, 21 diciembre Responder

    Te sigo leyendo y qué susto con lo del golpe. La verdad es que eres un excelente narrador, parece que estoy allí cuando te leo. Ya tienes una posible profesión para cuando vuelvas: narraviajero. Mejor que la inmobiliaria que es un peñazo. Sigo sin comprar, el mercado se hunde, cada vez me importa menos, me estoy liberando del ladrillo. Un beso fuerte y feliz navidad donde quiera que estés. Carmen.

  • Javi
    Posted at 14:40h, 21 diciembre Responder

    Charly, tío!!!!!
    ¿Cómo estás? No sabes como lamento lo sucedido, pero piensa en positivo, tu estás bien, la moto unos pequeños daños que podrás solucionar y no has tenido jaleos con la poli. ¡Qué más quieres!
    No pienses en lo sucedido y continua disfrutando del viaje. Esas hecho pasado, quedará como una anécdota del viaje.
    Haz caso al tailandés… Mañana seguro que tienes un buen día, así que sonríe …
    Un abrazo.
    Javi

  • Pakito
    Posted at 14:47h, 21 diciembre Responder

    Me alegro que no te pasara nada en ese accidente, y que te encuentres bien, espero que encuentres un lugar para reparar la moto y poder seguir con ese pedazo de viaje-aventura. Saludos, ánimo y que tengas una feliz Navidad, y por supuesto que pueda ser en esa playa que dices, y si no, pues en otro lugar mejor.

  • ezequiel
    Posted at 18:30h, 21 diciembre Responder

    Charly:
    Afortunadamente no ha pasado nada. Una moto se arregla, o en el peor de los casos, se abandona. Con el físico es distinto.
    Ahora bien, tú vas a seguir adelante, y hay que seguir cuidando el físico. Y como tu físico va en la moto, hay que cuidar ésta. Olvídate del guardabarros, es de plástico y puedes “emparcharlo” mal o bien con duct tape (cinta americana), con esparadrapo, o no emparcharlo. Si el chassis o cuadro no se ha retorcido, no hay problema, o si lo hay es tan grave que mejor abandonar la moto, o enviarla de vuelta a casa: no circules con ella.
    Si se han desviado las barras de la horquilla, pues debes desmontarlas, y si no encuentras taller donde enderezarlas, pedir el recambio a España.
    El último punto son los discos de freno. Si se han torcido (el término correcto es “alabeado”) en un primer momento no parece ser gran problema, PERO LO ES. Ocurre que al hacer efecto “bandera”, esto es al flamear cuando se los ve girar, abren las pastillas de freno, y en el momento menos pensado, cuando quieras frenar, pues el sistema no funcionará. Aún peor si tienes ABS: el circuito eléctrico entenderá cualquier cosa, y complicará aún más la frenada.
    Un primer golpe en un viaje tan largo es un aviso, no sigas a tontas y a locas, no importa dónde pases la navidad. Importa que regreses a salvo.
    Un abrazo y feliz navidad, Ezequiel

  • DEBORAH
    Posted at 22:14h, 21 diciembre Responder

    Carlos, no le des más vueltas !!!Tuvo que ser un gran susto pero estás bien (que es lo más importante) y la moto anda….Asi que consideralo una anécdota más…!!! Busca una buena playa donde poder hacer kite y descansar…Por aquí todo bien.Ya le he dado tu recado a Max, veremos qué pasa…Pero ya sabes que te tendremos informado !!! Muchos besos y Felices Fiestas !!!!

  • tu tio
    Posted at 22:55h, 21 diciembre Responder

    Carlos efectivamente no entiendo como has podido tener ese despiste un motero esperimentado como tu y tan sensato,espero que no nos engañes y tu relato sea exacto pues me has puesto los pelos como escarpias,por favor ten cuidado que estas muy lejos de nosotros,lo que mas me alegro es que tienes un compañero de viaje sensacional y dale un fuerte abrazo de mi parte,arregla la moto en un buen taller y pasar una inmajorable Navidad.
    Duncan te deseo una feliz Navidad junto a mi sobrino y te doy las gracias por tu compañerismo con mi sobrino y seguir colaborando el uno con el otro.Un fuerte abrazo y un beso para ti Carlangas.

  • jimber
    Posted at 23:14h, 21 diciembre Responder

    Hola Charly! Hoy, justo después de trabajar 12 horas por la noche, antes de irme a dormir he pensado en ver si habías escrito algo…Y sí…Ya me extrañaba que tardases en escribir, pero me alegro que todo haya quedado en un susto. Ánimo en tu gran aventura. Te seguimos desde España afrontando un temporal climatológico bajo cero…V\’sss a ti y a Duncan!

  • Astangi
    Posted at 04:06h, 22 diciembre Responder

    No problem, C. Tú bien que es lo importante. Repara la moto y no te obsesiones con cumplir el plan que tenías antes del golpe. Recuerda que estás de viaje y que si no estás mañana en esa playa, puedes estar la semana que viene. Y si no, no pasa nada porque todo ello es tu experiencia. No te castigues por “despistarte”. Es normal. Simplemente te sirve para estar más atento la próxima, que sin aviso, quizás podría haber sido peor.
    Mil besos, feliz navidad y feliz año nuevo.
    S

  • jaimeleonu
    Posted at 11:23h, 22 diciembre Responder

    Ufff

    acabo de mandarte un mail para desearte buena navidad y ahora veo tu última crónica, suerte que todo quedara en eso, no te preocupes, está claro que tienes la suerte de tu lado, y no le des más vueltas a la cabeza, todos los que hemos conducido motos por países con circulación por el otro lado no ha pasado eso y nos hemos llevado algún que otro susto…

    saludos y me alegro que sigas viajando y escribiendo

  • Paco
    Posted at 19:11h, 22 diciembre Responder

    Buenas tardes Carlos. Menudo susto, macho, cdo he leido lo del accidente; me alegro que tú estes bien y que sigais pa´lante. La verdad es que es un placer leerte, uno se teletransporta ahí contigo y te,aseguro, que se disfruta mucho.
    Un gran abrazo para tí y que pases una feliz navidad.

    Pd. un saludo para Duncan

    Paco del liza

  • Ruth
    Posted at 21:00h, 22 diciembre Responder

    Hola primo!!!! Ya se que hay que ponerle emocion al viaje, pero de ahi a hacer de kamikaze…. Bueno, fuera de coña, ten mucho cuidado que por aki nos preocupamos. Felices Fiestas!!! Aunque creo q este año no te llegara el mensaje, te lo mandaremos igual y cuidado con las Tailandesas que dicen q los que van alli no vuelven!!!!!! Besos.

  • Arpagon
    Posted at 22:11h, 22 diciembre Responder

    Charly tío, eres la puta hostia. Y tu colega Duncan otro crack.
    Acuerdate de los que estamos todos los días maldiciendo nuestras jodidas vidas en trabajos que no nos gustan, ni nos llenan, pero sin huevos (y sin pasta :)) para hacer un viaje como el tuyo..

  • Alejandro y Guadalupe.
    Posted at 13:56h, 23 diciembre Responder

    Hola,Carlos:
    Estamos muy contentos de saber que estas bien, a pesar del incidente.Son cosas que con los anos se disfrutan como anecdotas, en una reunion de amigos.Nosotros estamos aun en Bangkok,esperando la licencia internacional, que llegara en unos dias desde Argentina.Por fortuna ya tenemos la moto con nosotros, y estamos ansiosos por salir a la ruta y por disfrutar de la Tailandia verdadera, la que esta lejos de los turistas…
    Disfrutamos mucho de tu relato,y te agradecemos las cosas que escribistes de nosotros,sos muy gentil.Les deseamos una Feliz Navidad, y que tengan Buena Ruta,
    Alejandro y Guadalupe.

  • KARAKOLES
    Posted at 06:12h, 24 diciembre Responder

    Increible, increible…para mi ya eres un ejemplo a seguir.
    No se donde estaras ahora pero… Feliz Navidad tio.. y esta edicion de Pingüinos 2010 te la voy a dedicar ati 😉

    Un abrazo compañero

  • casillas
    Posted at 11:39h, 24 diciembre Responder

    hola que tal va todo, que tal vas de gasolina, jejeje. estoy alucinando al leer todo lo que estas viviendo. aqui en madrid se te echa de menos incluso los que no solemos comunicarnos contigo por aqui como yo.
    bueno tio sigue disfrutando a tope y por supuesto…… te deseo una feliz navidad amigo

  • Carles
    Posted at 18:00h, 24 diciembre Responder

    Charly,
    Ya veo que a parte del susto, todo va de maravilla, no te preocupes en exceso, es una de esas cosas que pueden pasar, y ha pasado.
    Espero que disfrutes de las fiestas, desde España te deseo Feliz Navidad!!! y que puedeas darle fuerte al Kite en esas playas en las que ya me gustaría estar a mi.. 🙂
    Un abrazo y palante, que nos tienes a todos enganchados con tus relatos.
    Un saludo y un abrazo muy fuerte.
    Ánimo…y mucha suerte.!!!…aunque de eso no te falta.

  • Luis
    Posted at 02:41h, 25 diciembre Responder

    Eu!!! ¡FELIZ NAVIDAD!

  • FDVILL
    Posted at 02:55h, 26 diciembre Responder

    Hola Carlos.
    Sigo tus relatos asiduamente y con mucho interes.
    Me alegro que no hayas sufrido daños mas graves y que puedas proseguir camino. Como parte positiva, imagino que el accidente te habrá servido para reactivar el cerebro en el aspecto de no quedarte en blanco como te sucedió, y estaras mas alerta.
    Espero tus nuevos relatos.
    Desde BCN/Catalunya, Feliz Navidad y adelante!!!!!!!

  • Daniel Arenas Tello
    Posted at 13:34h, 26 diciembre Responder

    Perhaps good fortune is a part of your trip after all… 🙂

    Best

    Dani

  • marins
    Posted at 20:22h, 26 diciembre Responder

    Charly,
    me alegro de que estes bien y solo se haya quedado en un susto, espero que estes pasando unas Navidades inolvidables dentro de este maravilloso viaje tuyo.
    No te quepa duda de que sonrio siempre que leo una de tus aventuras y cuando mencionas la islita mas aun¡¡ Besos¡¡
    La catalana aqui presente te manda tambien mucha suerte en tus aventuras, muchos besos y feliz navidad.

  • Luis
    Posted at 00:15h, 27 diciembre Responder

    Descubrí tu viaje y te leo amenudo, tenemos cosas comunes, viajeros, al amigo Fredy de Motocars, y una varadero tan negra como la tuya, pero yo no he ido tan lejos. !Que envidia¡ Aprovecha la esperiencia, sólo se vive una vez. Saludos y felicidades por las publicaciones. Suerte y feliz 2010

  • Jaume
    Posted at 01:39h, 27 diciembre Responder

    Hola Carlos, bueno aunque es algo tarde ¡¡ FELIZ NAVIDAD !!.Buff.. no sabes como me alegro de saber que todo ha quedado en un susto,y sigues adelante con tu aventura.Espero que al fin hayas llegado a tu playa soñada y estoy ansioso por saber como continua tu viaje.Un abrazo y mucho animo.Saludos Jaume.

  • Noelia
    Posted at 02:25h, 27 diciembre Responder

    De verdad que eres increible primito. Me alegro un monton de que estes bien y no te haya pasado nada de nada a ti por lo menos. Escribe pronto porque no puedo pensar que es lo que te habra pasado ahora. Estamos todos deseando verte de verdad, aunque no se esta haciendo muy largo el viaje porque estamos pendientes de ti continuamente.
    Recuerda que te queremos un monton y ….. joder que envidia me das de estar en Tahilandia………. me encanta Thailandia, ya lo sabes asi que lo dicho escribe prontito y tambien a ti desearte una FELIZ NAVIDAD. ( Nunca dejaras de sorprenderme)
    Te quiero

  • Esteban
    Posted at 21:26h, 28 diciembre Responder

    Hola Charly , lo que te ocurrio es algo bastante comun despues de haber hecho tantos km , uno se distrae , no piensa , se confia y ahi , bum !!!.
    Pero consideralo como un aviso y a estar bien atento , pero no dejes de disfrutar de ser motociclista y continua con tu viaje.
    Estoy de acuerdo con Ezequiel de revisar bien la moto y no circular con el disco de freno en ése estado , es preferible pasarte una semana en un lindo lugar esperando que lleguen los repuestos desde España.
    Excelente Navidad ( un poco tarde ) y comienza el año viajando en tu moto ( arreglada por supuesto )Un abrazo grande.
    Esteban , Misiones , Argentina.

  • Pajara
    Posted at 14:16h, 30 diciembre Responder

    Hola Charly, estaba esperando a un nuevo capitulo para felicitarte el año, como veo que no va ha ser así…. lo primero es que me alegro que estés bien, espero que la avería de la moto no sea muy grave y lo soluciones pronto lo segundo es desearte un muy feliz 2010, con ese viaje por lo menos los primeros meses lo tienes asegurado.

    Saludos Javi

  • tu tio
    Posted at 18:48h, 30 diciembre Responder

    Sobrino te deseo un inicio de año sin ningun problema y date un bañito relajante despues de lo que contastes, Feliz 2010,por cierto echaras de menos la pandereta y el solomillo que se come en los madriles.Un beso muy fuerte.

  • anónimo
    Posted at 04:12h, 01 enero Responder

    Feliz año Charles… que se cumplan tus sueños. L, Sho.

  • Jimber
    Posted at 11:19h, 01 enero Responder

    Feliz 2010. Que sigas teniendo un buen viaje a lo largo de esta nueva década!

  • Sascha
    Posted at 12:06h, 02 enero Responder

    Carlicos, Te sigo en silencio porque no veo nada que añadir que no sea un cabeceo o sonrisa admirada. Pero hoy si diré: ¡¡Feliz Año!!
    Espero que la navidad se diera como querías, y sobretodo tu moto y tú estéis bien, y la fuerza os siga acompañando.
    Abrazo y suerte.

  • JOSE ANGEL
    Posted at 12:51h, 05 enero Responder

    FELIZ AÑO PRIMO, LA LOMBARDA ESTE AÑO,HA SIDO DIFERENTE SIN TI, NO TENIA EL MISMO SABOR …………POR LO QUE VEO , ESTAS MUY CERCA DE CAMBOYA Y VIETNAM, ¿VAS A PASAR POR ESTOS PAISES?, SI ES ASI, NO DEJES DE VISITAR EN CAMBOYA , LA ZONO DE SIEM REP, DONDE ESTAN LOS TEMPLOS DE ANGKOR, ES IMPRESIONANTE E IMPRESCINDIBLE, TANTO POR LA ARQUITECTURA COMO POR EL ENTORNO Y SUS GENTES. EN CUANTO A VIETNAM, SI PASAS POR AHI, YA TE DIRE SITIOS. ¡¡¡ERES MI IDOLO PRIMO¡¡¡¡ NOS ACORDAMOS MUCHO DE TI, DE VERDAD.
    TE QUEREMOS

  • jose vicente
    Posted at 11:20h, 06 enero Responder

    La verdad es que lo peor hubiera sido romperse un hueso, ademas de los daños de la moto hubiera sido una amargura. Suerte en el resto del viaje y agradecerte los buenos ratos que nos haces pasar con esta lectura tan amena.-

  • sergi
    Posted at 23:00h, 28 enero Responder

    Hola estoy leyendote u me das una envidia qeu no veas, es asi tanto qeu me he pillado el paro y me voy a viajar durante unos meses o años.. solo una pregunta… cuanta pasta te as gastado aproximaddamente en todo, unos 10.000 euros? o mucho mas, todo incluido, las birras tambien 🙂

    felicidades y qeu sigas haciendo este viaje con el mayor placer de la vida que es lo unico que nos llevaremos al otro mundo de recuerdo, o cuande estemos viajando con el inserso 🙂

  • humberto jimenez
    Posted at 01:40h, 10 febrero Responder

    hola amigo . q odisea , le fue muy bien
    tienes un angelito q lo cuida y lo guarda y los cuida
    dios los bendiga
    exitos

  • Javier
    Posted at 17:28h, 15 marzo Responder

    Gran post, Charly. Me he metido completamente en la situación y me he visto a mí mismo reaccionando peor de lo que lo hiciste tú, que por cierto me parece una reacción perfectamente razonable.
    Penita que el post incluya una peligrosa galleta con la moto, que como ya te he comentado seguro más de lo necesario, me dan mucho miedito malo…
    Salud y 300 euros.

  • SINEWAN | Bajando el Mekong — El mundo en moto Sinewan
    Posted at 17:14h, 28 marzo Responder

    […] Vuelta al Mundo en Moto Sinewan. Capítulo anterior […]

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