Charly Sinewan | La Odisea
1751
post-template-default,single,single-post,postid-1751,single-format-standard,ajax_fade,page_not_loaded,,qode_grid_1300,qode_popup_menu_push_text_top,footer_responsive_adv,qode-content-sidebar-responsive,qode-child-theme-ver-1.0.0,qode-theme-ver-17.2,qode-theme-bridge,qode_header_in_grid,wpb-js-composer js-comp-ver-5.6,vc_responsive

La Odisea

La Odisea

Vuelta al Mundo en Moto Sinewan. Capítulo anterior

 

En Bima, Indonesia, en un ciber café que en las últimas horas se ha convertido en mi hogar, junto a una triste habitación interior de un triste hotel.

Yo sigo queriendo a mi moto aunque no sea perfecta, tampoco yo lo soy y ella lleva casi 35.000 km soportando mi peso y mi equipaje sin quejarse.

Las últimas horas han sido complicadas pero excitantes, momentos difíciles que han dado al viaje experiencias únicas, las que seguro quedarán en la retina para siempre junto al recuerdo de los personajes que ante los problemas del extranjero acuden al socorro. Casi siempre sin esperar nada más que una amistad de alguien de lo que para ellos es otro mundo, inalcanzable y seductor.

Con ellos estoy viviendo mi particular odisea,  ahora intento escribirla lo mejor que puedo para vivirla con los que me leéis y recordarla para siempre, porque fotos hay pocas. Demasiado ha sido el numerito que he montado como para sacar la cámara.

Gracias por leerme y así hacerme escribir, sin lectores supongo que no lo haría y el recuerdo se iría perdiendo en el tiempo.

Espero que este relato, os distraiga un rato…

Hace una semana exactamente publiqué el último relato en Kuta, un pequeño pueblo al sur de Lombok donde había llegado el día anterior.

La bienvenida en el baño del hotel no pudo ser más casera.

GLORIOSO

(Que nadie por favor haga el chiste fácil del escudo del Atlético en una taza de váter, un respeto al glorioso)

Kuta Lombok es otro paraíso surfero, un lugar parecido a lo que debió ser Bali hace bastantes años y que en breve será parecido al actual. La carretera que lleva a Kuta ya ha mutado una de tierra, gemela y paralela que en breve será asfaltada y comunicará la playa con el aeropuerto que también en breve será inaugurado. Uno de esos lugares que he atravesado que si tardo mucho en volver no reconoceré cuando lo haga.

Pero de momento Kuta es sólo una pequeña carretera paralela a la playa con una decena de hoteles de alojamiento barato en su mayoría, y varios chiringuitos de comida local algo adaptada para occidentales.

El efecto oscuro del turismo ya se hace notar y las gentes del lugar parecen haber olvidado su forma de subsistir para dedicarse íntegramente en muchos casos a vivir del “dólar fácil”, incluyendo niños que venden o piden y que te hacen reflexionar sobre tu estancia allí. El lugar sigue siendo pobre pero poco a poco dejará de serlo para convertirse en próspero, en dinero, la alegría y bondad que muestra Indonesia en su parte no turística no la percibí de igual forma. Mucho menos en Bali.

Yo sigo sin saber si hacemos bien o mal viniendo en masa a estos lugares, pero parece inevitable, los que lo hacemos disfrutamos descansando del desarrollo y el estrés de nuestros lugares de procedencia, a precios que aun triplicando lo que cuestan para los locales, siguen siendo un regalo.

Al llegar contraté internet para tres días, me senté en el restaurante del hotel con vistas a la playa, abrí el ordenador, y me obligué a no relacionarme con los surferos y viajeros que andaban por allá hasta no terminar el relato. No eran muchos pero sí suficientes para después pasar una muy buena estancia.

Esa misma noche conocí a Guilles, un surfero francés que después de años de jugarse el físico surfeando sobre coral con marea baja, se había caído de su scooter alquilado, sin guantes ni casco, y en chanclas. Tenía brazo, mano y pierna en carne viva. Le quedaban al menos un par de semanas hasta que aquello cerrara y andaba deambulando por allí. Nos conocimos y nos fuimos a cenar juntos.

Las tres mesas del chiringuito que elegimos terminaron siendo una única conversación, además de una familia francesa se unieron Elsa y Edu, una pareja franco española que andaba de año sabático.

El mundo es muy pequeño, tras el cuestionario habitual de protocolo de conocimiento mutuo, Gilles y Elsa descubrieron que habían estudiado en la misma universidad, mira qué casualidad, tan lejos y tan cerca. Siguió el protocolo y resultó que Edu y Elsa habían vivido los últimos años en la Plaza del Cordón en Madrid, a unos trescientos metros de la Cava Baja, donde yo vivía.

Con casi toda seguridad nos habríamos dado algún que otro codazo un domingo en la latina, intentando pagar una ronda de cervezas, maltratados por algún camarero y por el mismo precio que aquí duermes y comes un día entero.

Los dos siguientes días los pasé surfeando con ellos por la mañana, a siete kilómetros del hotel donde una pequeña embarcación antes pesquera te llevaba a unos de los tres puntos con olas, “inside”, “outside” y una tercera que no recuerdo. Allí hacíamos lo que podíamos tres o cuatro horas para comer juntos después y dejarnos la tarde libre, después sobre las ocho quedábamos a cenar con horario casi de casa. Conversaciones muy cercanas en castellano con vecinos.

En Kuta por las tardes lo único que había que hacer además de pasear era ver lucha callejera en la playa.

LUCHA 2 LUCHA 1

Aprovechando la buena conexión y el buen lugar me dediqué también a contestar por fin tranquilo algunos de los comentarios del blog, perdón por los que no me dio tiempo, e investigar lo poco que se puede sobre lo que me quedaba de Indonesia y los tres ferris que me cruzarían primero a Sumbawa, después a Flores, y por último a Timor.

El primero no era problema, salía cada dos horas, el segundo una vez al día y no sabía el horario, y el tercero una vez a la semana y  par
ecía que los jueves por la noche. Era martes así que no me daba tiempo, lo que me daba una semana de margen para recorrer las dos siguientes islas, Sumbawa y Flores. Por eso me quedé allí dos días más y planeé otra parada surfera.

Guilles me dio el dato de Lakei beach en Sumbawa, a dos días de camino y sin nada turístico por el camino, así que hotel de carretera parecía lo que tocaba.

Hice un intento de salir a las seis de la mañana e intentar hacerlo en un día pero no fue posible, el cansancio del surf me tuvo en la cama hasta las ocho para terminar saliendo a las diez.

Cuando el depósito estaba seco y ya no daba para esperar más gasolina buena, paré en una gasolinera y por señas me explicaron que me olvidara de gasolina azul, salvo que retrocediera cuarenta kilómetros dirección Bali. Así que nada, diez litros, media pastilla, y a esperar que nada fallara.

Sin pena ni gloria crucé Lombok en un par de horas hasta llegar al ferri , donde tras dos horas de música y mirada al horizonte salado llegué a Sumbawa, sobre las tres de la tarde.

Salí como siempre deprisa del barco, sin mapa en el gps pero sin complicaciones, tenía que ir norte y no despegarme del mar. Debía llevar la mirada indiferente, conduciendo como si estuviera en Marqués de Urquijo un martes por la tarde dirección a la oficina.

Parecía no ser consciente de que estaba con mi propia moto, en Indonesia, y en una nueva isla por explorar. A veces soy yo el que al sorprenderme en situaciones parecidas me hago despertar y recapacitar sobre lo único del momento, de casi cada momento de este viaje. Esta vez no hizo falta, la carretera y el entorno se encargaron de ello, con buen asfalto de curvas paralelas a un mar que parecía un plato, rodeado de los mismos verdes y la misma luz de toda Indonesia, sin apenas tráfico, olor a campo , y miradas amables  de sorpresa y alegría de las gentes que a ambos lados del asfalto dejaban que pasara otro día más, casi igual que el anterior.

Volví a repostar otros diez litros de gasolina mala y otra media pastilla, me pasé un muy buen rato con los empleados de la gasolinera, fumando e intentando mantener una conversación que sin palabras en común terminó como casi siempre siendo de fútbol, de nombres de jugadores.

Pasadas las seis, cuando la luz me aconsejaba buscar hotel, atravesé una pequeña ciudad en la que aparentemente sólo había uno, compuesto por varias deprimentes chabolas que hacían de alojamiento para locales posiblemente de paso. Afortunadamente eran bastantes ese día y estaba lleno, lo que me obligó a continuar, que es lo que realmente me apetecía. No había mucho tráfico y circulaba casi siempre con las largas de mis súper poderosas luces xenon, iluminando de color azul muchos metros de asfalto, árboles de ambos lados y parte del cielo.

El descanso de Bali y Lombok se notaba y el cuerpo me pedía seguir y seguir, pero los miedos a circular de noche me intentaban quitar la idea de la cabeza. Sobre las ocho una cabaña que hacía de tienda de refrescos y comestibles me hizo parar a buscar algo de comida y agua, empezaba a plantearme acampar porque no parecía haber mucha civilización.

Una madre y una hija me vendieron lo que necesitaba y por medio señas y algunas palabras sueltas que hablaba la menor de ellas, me ofrecieron dormir allí, en una estructura de bambú en el porche de la cabaña. El hotel más próximo estaba a cincuenta y siete kilómetros.

La estructura de bambú no motivaba en absoluto pero estuve dudando si pedirles que me dejaran acampar allí. Los miedos a circular de noche en Indonesia son principalmente por los agujeros de la carretera y ganado en total libertad, cosa que con mis luces y yendo despacio son menores. También por un posible asalto a la hora en que los malos salen a trabajar. En este último caso pensé, los malos también pararían a comprar comida y bebida, verían la moto con forma de dólar y sin mucho esfuerzo me dejarían en calzoncillos, que a estas alturas del viaje no creo que sean deseables para nadie.

Así que decidí continuar hacia el hotel mirando de reojo la carretera en busca de un lugar oculto donde acampar lejos de cualquier forma de civilización alguna. Pero cuando llevaba rato aparentemente lejos de esto último, las luces iluminaron a un señor inmóvil en la cuneta, con un chándal azul y sujetando vertical un palo de madera de más de dos metros, con la mirada perdida en el horizonte de total oscuridad. Y aunque es más que posible que estuviera nominado al nobel de la paz, la idea de tener de compañía a ese señor u otro parecido, sólo en mitad de la selva, me quitó temporalmente la idea de acampar y me hizo sentirme mucho más seguro encima de la moto.

Así que terminé llegando a Dompu pasadas las nueve de la noche, último núcleo urbano en la carretera principal antes de girar al sur en busca de la playa a la que me dirigía. Una finlandesa en Lombok me había contado que hacía un par de años junto a tres amigas había llegado en taxi a esa playa de noche. La mafia de la isla, que tanto en Lombok como aquí existe, habían parado el taxi y no les dejaron pasar sin pagar el impuesto revolucionario. Casi todos los turistas que se intentan mover entre estas islas sufren abusos parecidos, los mafiosos y los transportistas deben ser los mismos y aprovechan el no mucho turismo blanco para dejar de ir a trabajar el campo por las mañanas, que hace calor y es cansino.

Con esa historia en la cabeza paré en el primer hotel que vi y también estaba lleno, después volví  a repostar otros diez litros, siempre con mi optimismo de encontrar buena gasolina pronto, y consulté al gps que milagrosamente hacía unos treinta kilómetros había vuelto a mostrar carreteras, incluyendo la que me llevaba a la playa.

El gps no habla pero me pareció que decía “sólo cincuenta y cinco kilómetros “.

Baaaajjjjjjj!!!, vamos y que mañana nos despierten las olas.

Me animo muy fácil, la mafia supongo que sólo trabaja cuando tiene información de algún transportista que trae dólares en forma de surferos, así que lo más peligroso que me encontré en el camino fue algún caballo que no quiso apartarse por las buenas.

A las diez y media pasadas llegué y recorrí a paso de tortuga las seis puertas cerradas de los seis recintos de bungalows que frente al mar, albergaban surferos  supongo no latinos porque parecía que todos dormían. Di la vuelta y casi todo estaba oscuro, en el primero de ellos me colé andando alentado por el sonido de unas voces al fondo.

Al llegar cuatro indonesios jugaban a las cartas, dos de ellos con un pesado candado colgando de una de sus orejas.

Hola

– Hola

– Tenéis habitación libre? Pequeña y barata

– Sí, cinco euros, sin aire acondicionado

– Vale, me quedo. Me podéis abrir que vengo en moto.

– Claro

– Por qué llevas un candado colgando de tu oreja?

– Porque voy perdiendo

– Ahhhhhh

Lo mejor de la mañana fue despertarse con el sonido de las olas rompiendo a escasos metros de la cama y salir al exterior para ver dónde había llegado la noche anterior.

HOTEL

Todo lo demás no me gustaba, el bungalow era cutre, el dueño del hotel me había caído mal desde el principio, los dos únicos blancos allí alojados eran australianos y la conversación con ellos fue rápida e insulsa, el desayuno penoso, y las olas enormes. Tanto era así que mi propia inconsciencia me quitó la idea de meterme sólo ante semejante masa de agua cabreada, así que recogí y sin las cosas muy claras pagué el hotel y me fui a otro que parecía tener internet. La idea era desayunar de nuevo y buscar información para hacer ruta unas horas y buscar otro punto de parada, porque allí parecía ser el surf el único aliciente y no para principiantes. Yo no sabía que estaba en uno de los cinco mejores lugares del mundo para jugarse la piel surfeando sobre coral.

Los seis hoteles eran parecidos, una parcela rectangular que empezaba en la carretera y terminaba en la playa. Los dos laterales llenos de bungalows y al final y frente al mar, un restaurante. Así que atravesé la parcela para llegar hasta el restaurante donde paré ante la mirada de Jason y Christine, una pareja de irlandeses que aunque tomaban café, estaban a punto de cambiar a cerveza.

El efecto moto me hizo sentarme con ellos para pronto averiguar dos cosas, que internet no funcionaba y que ellos tenían casi toda la información que necesitaba, venían en un scooter alquilado en dirección contraria.

Entre jerga inentendible me fueron explicando, que me olvidara de ver blancos y hablar hasta que llegara a Australia, porque ellos venían de Flores y el turismo desaparecía, que el barco a Flores salía a las ocho de la mañana y llegaba a las cuatro, lo que suponía dos noches absurdas de hotel de carretera, una antes y otra después, y que las carreteras en Flores eran penosas y al menos necesitaría dos días para atravesar la isla hasta Ende, puerto de embarque a Flores.

También me informaron que había varios españoles allí alojados.

A uno de ellos lo conocí al rato, Ale, vasco de Bilbao de vacaciones largas por cierre de empresa y que aprendió a coger olas casi antes que a andar. Nos entendimos rápido, por el idioma y por su buen espíritu, y decidí meterme al agua con él para después irme, o no, ya veríamos.

Espectacular, yo me quedaba en un lateral y si los crack decidían que la ola era pequeña, y teniendo en cuenta que donde yo estaba disminuía un poco, la cogía, intentaba ponerme de píe arriba, casi nunca lo conseguía, y terminaba haciéndolo abajo, cuando la espuma seguía con fuerza suficiente para hacerme surfear unos segundos.

Muchos revolcones pero voy aprendiendo.

Ale me tenía controlado en todo momento, de lejos le hacía el gesto de que estaba bien y seguíamos.

Salimos del agua y conocí a Cristian, chileno con el que viajaba Ale. Al rato apareció Aitor, profesor de Zarauz que también estaba allí alojado. Se había cogido una pequeña excedencia de tres años. El primero lo había dedicado en Australia a aprender inglés esperando olas, lo que le quedaba pensaba dedicárselo a Indonesia, Sri Lanka y parte de la costa oeste de África. Siempre con sus tablas de surf a la espalda.

Comimos todos juntos y desde casi el primer momento nos empezamos a reír mucho, lo que hizo que me quedara una noche porque iba bien de tiempo y hasta el jueves no salía el barco a Timor.

Esa tarde surfeamos todos juntos, con la marea bajando y el coral cada vez más cerca. Todo bien.

OLA 2 OLA

A la mañana siguiente, y justo al contrario del día anterior en el mismo lugar, no tenía ninguna gana de irme. Así que cambié el plan.

Como el barco era a las ocho de la mañana, y estaba a unas cuatro horas del puerto según parecía, decidí quedarme todo el día allí surfeando, comiendo bien y riendo, para después de cenar, bien dopado de cafeína, hacerme el tramo de noche y no perder una absurda noche en hotel de carretera. Después tenía ocho horas de barco para dormir. Los miedos a conducir de noche, con la idea de dos metros de ola rompiendo en mi cabeza, se me habían olvidado.

Pasé el día de nuevo feliz entre olas con coral, pollo con arroz, y carcajadas con coca cola. Por la noche Aitor se quedó conmigo y los irlandeses jugando al billar en el único lugar que permaneció abierto hasta pasada la una de la mañana,  que regresé  a la habitación de Ale y Cristian donde estaban mis cosas. Me disponía a cargar la moto cuando por primera vez en Sumbawa desde que había llegado, se puso a llover. No tanto como en Java pero bastante intenso.

Mira qué bien, lo que faltaba…

Pasadas las dos de la mañana, con el flash de Aitor iluminando la noche cerrada y lluviosa, salí de Lakei beach dirección Sape, tenía menos de seis horas para hacer 150 km de madrugada por mitad de la selva. Mi único temor era que la lluvia me acompañara todo el trayecto y tener un pinchazo, era todo lo que mi cabeza podía prever.

Pero si en ese momento hubiera incrustado una micro cámara entre mis cejas, ahora tendríamos un buen documental para TVE 2, mucho mejor que algunos de los que no veo.

La lluvia sólo duró algo más de diez kilómetros y afortunadamente desapareció el agua de la carretera, a diferencia del ganado que tiene su dormitorio ahí instalado, supongo que prefieren la temperatura del asfalto antes que la de la hierba. Un caballo cambió de parecer en el último momento y lo rocé con una maleta. Quizá era un presagio de lo que venía.

Tardé menos de una hora en llegar a la gasolinera de Dompu, que ya me habían asegurado que era 24 horas. Tuve que despertar al gasolinero que dormía en su caseta. Esta vez dejé mi optimismo de lado y llené el depósito, otra pastilla más. Había cubierto un tercio del camino y de tiempo iba sobrado, parecía que me tocaría esperar al barco unas horas.

Salí de la gasolinera y la civilización radicalmente terminó, las curvas empezaron a cerrarse, la carretera se metió en la montaña, con algo de pendiente, y el asfalto empezó a empeorar con agujeros y baches.

A diez kilómetros escasos de haber dejado la gasolinera, y menos mal, apareció un agujero insalvable sin “pedigrí” alguno, en un concurso de agujeros de este viaje no habría pasado la primera ronda. Me levanté de la moto, pasó la rueda delantera, y al pasar la trasera sonó un ruido muy fuerte y que ni sé reproducir con letras ni nunca antes había oído. Muy desagradable eso sí.

Al sentarme de nuevo y parar la moto para ver qué había pasado, los pies apoyaron en el suelo perfectamente, dejando las piernas incluso algo flexionadas.

Habré crecido diez centímetros?

Más bien no, había dos posibilidades y deseaba con todas mis fuerzas que fuera la rueda la que había reventado, pero estaba demasiado bajo. Tanto que la pata de cabra no hacía el giro, lo que me impedía bajarme de la moto.

El instinto me hizo dar la vuelta y ponerme mirando hacia la gasolinera, estaba sólo en mitad de la nada a las cuatro de la mañana. Avancé unos metros con el caballete rozando hasta que encontré un lugar donde el asfalto hacía un escalón con la tierra del lateral. Puse la pata de cabra, saqué la linterna y alumbré la nada. Porque no se veía nada, la rueda estaba bien y la moto tan baja que ni el amortiguador se veía. Pero tenía que ser eso, nunca había roto uno y no sabía cómo sonaba, pero no cabía otra.

Por supuesto me largue de allí, a cinco kilómetros por hora, de píe sobre la moto, y con todo el cuerpo hacia delante. Rozaba el caballete cuando pasaba algún bache pero iba enfilado a la gasolinera donde al menos tenía al gasolinero de compañía.

Llegué y seguía durmiendo en su caseta, busqué un escalón sin salir del recinto pero no había. Así que apoyé la moto en una pared de hormigón, la tabla de surf, a la que había quitado esta vez las quillas, hizo de perfecto apoyo para que la moto reposara sin problemas.

MOTO GASOLINERA

La caseta del gasolinero estaba rodeada de una especie de acera de gress blanco y aparentemente limpio, debajo de los focos que alumbraban el cartel de la gasolinera. Ese fue mi lugar elegido para pasar lo que quedaba de noche. Me tumbé con la bolsa cubre depósito de almohada y saqué el móvil, llevaba días sin internet así que a paso de tortuga fui leyendo los últimos correos. Después mandé uno a David de 2t moto contándole lo sucedido y pidiéndole que me mirara si me podía mandar un amortiguador. Al rato me contestó que el lunes lo miraba, yo ni recordaba que era todavía sábado en España y en Indonesia estaba a punto de amanecer el domingo.

GASOLINERA

La cafeína seguía haciendo su efecto así que dormir no dormía, estaba ahí tumbado, pensando en lo sucedido y pensando en las posibilidades de solución, y sobre todo en el retraso que conllevaba que era lo que más me preocupaba.

Como otras muchas veces en este viaje y en otros anteriores, los países en los que estás y las dificultades de sus gentes para sobrevivir, hacen olvidar o al menos quitar importancia los pequeños problemas que uno tiene.

Pasadas las cinco de la mañana y en un intervalo de veinte minutos, pararon a repostar tres camiones similares. Amarillos, con la cabina por un lado, y una caja abierta detrás a modo pick up en grande. En la parte trasera y de píe viajaban unas treinta personas, la mayoría mujeres y niños, algunos bebés que oía lloraban. Esa es la única forma que tienen para poder transportarse, dando botes de píe sobre un camión durante quién sabe cuántas horas.

Así que nada, con lo que esas treinta personas comerían un mes tendría que comprar un amortiguador, por arte de magia llegaría no muy tarde, lo cambiaría y seguiría mi viaje de placer…

Se fueron los camiones y el gasolinero al verme ahí tumbado debió pensar que estaba todavía soñando, le intenté explicar que la moto estaba rota pero creo que no le dio mucha importancia al sueño y se fue a tumbarse, que es como normalmente se tienen los sueños.

Aparecieron después dos niños muy sucios, con la noche todavía tan cerrada daba la sensación que no tenían cama. Los aparté de la moto para evitar que se les cayera encima y se sentaron a mi lado. Uno ni me miraba pero el otro no dejaba de hacerlo, lo que me hizo hacerle múltiples gestos absurdos, él me imitaba y se reía. Así estuvimos un rato hasta que como si el niño fuera hipnotizador, superó el efecto de la cafeína y me empezó a entrar el sueño. Se fueron y medio me quedé dormido hasta que la luz empezó a iluminar la ciudad, que despertaba justo cuando yo empezaba a dormir.

El siguiente personaje en aparecer fue un nuevo trabajador de la gasolinera, mucho más joven que el anterior y más curioso por mi presencia allí y por la moto.

Por señas le conseguí explicar que el amortiguador estaba roto y que necesitaba un mecánico. Me indicó que abría a las siete de la mañana y que él me acompañaría.

Debían de ser las seis así que seguí allí tumbado medio dormido, cada vez pasaba más gente por la gasolinera, el empleado se encarga de explicar lo sucedido y yo ya ni me movía.

Aparecieron otros tres niños y esta vez
saqué la cámara, muy rápido para no montar más numerito, así que las fotos no son muy buenas.

NIÑOS 2 NIÑOS 1

Casi a las siete tres entendidos de mecánica empezaron a debatir sobre lo que le pasaba a la moto, supongo, y me acerqué a ellos. En ese momento pasó kisman, un chavalillo que hablaba algo de inglés y que no dudó en erigirse como mi traductor oficial. Era su día de gloria.

Casi a las siete y acompañado de kisman fui muy despacio en busca de mecánico, al llegar aparcamos la moto frente al taller, en un callejón sin asfaltar junto al puesto de café de una señora que no daba mucho crédito de lo que estaba allí pasando.

Un mecánico, también supongo, salió a ver qué pasaba. Entre los tres intentamos poner el caballete pero no fue posible. Poco a poco empezó a llegar gente y  cuando ya éramos seis pudimos hacerlo. El mecánico se agachó antes que yo y sacó un trozo del basculante partido, el que agarra el amortiguador…

BASTIDOR

No sabía si alegrarme o no, podía ser que fuera sólo eso o que el amortiguador reventara primero y de los quince kilómetros que había hecho con la moto así hubiera roto el basculante. En cualquier caso la pieza era de aluminio, así que soldarla, según mis escasos conocimientos, no era posible.

Para ellos parecía que sí porque intentaban desmontar el triángulo metálico que no sé cómo se llama y que es lo que iba agarrado de la pieza rota, para una vez lo consiguieran soldarla.

Ni sus actos ni sus rudimentarias herramientas me daban seguridad alguna.

Seguía llegando gente a la vez que el sol cada vez calentaba más, Kisman se encargaba de que no me faltara nada a la vez que disfrutaba de su día, explicando a todo el que llegaba cómo nos habíamos conocido y cómo gracias a su dominio del inglés habíamos acabado allí juntos. Era un chaval majísimo, primero me trajo una silla y después un café que nos sirvió gustosa la señora. No paraba de darme conversación que yo por educación y por lo buen chaval que era, seguía, pero sin ninguna gana, sin dormir y con la papeleta del momento.

Mientras tomaba el café, sentado en la silla junto a uno de los laterales de la moto, y observando medio moribundo como en el otro lateral dos señores intentaban buscar una solución que no iban a encontrar, pensaba qué hacer.

Había núcleos urbanos, que no sé si llamar ciudades, en ambos sentidos de la carretera principal, pero no quería retroceder, así que pregunté a kisman si creía que en Bima, a unos 50 km dirección Flores, podría encontrar mecánico.

Preguntó a los presentes y parecía que sí, mejores y con algo más de medios, pero cerrados en domingo. También que si quería un camión me costaría unos 25 euros.

Durante un rato estuve pensando mientras el pueblo disfrutaba de mi presencia allí, kisman me decía que era la primera vez que una moto tan grande había parado allí.

Para colmo, en un momento en el que por lo que fuera me quedé mirando la rueda delantera, mis ojos medio cerrados producto del sueño vieron esto.

LLANTAZO

Ya no sé si fue del mismo agujero, que juraría era muy pequeño para tantas consecuencias, o si venía de atrás y no lo había visto, cosa que me sorprende porque el llantazo era considerable.

Cuando cambié la cubierta en Malasia porque tenía un huevo consecuencia del golpe, la llanta estaba bien o casi bien, el mecánico budista la puso en un rodillo y con ojo chino vio que apenas tenía deformación alguna. Puede ser que esa pequeña deformación hubiera ido a más pero no creo, parecía ser que fuera una nueva aunque no recordaba haber pasado un agujero de esos que duelen al piloto. No sé, quizá el agujero de la noche anterior era más de lo que me pareció, pero juraría que era insignificante.

Al rato tomé la decisión de cargar la moto e ir a Bisma, allí  pensar después cómo pasar esa noche hasta que al día siguiente abrieran los talleres. No por mí, por la moto que tendría que estar segura y era difícil de mover.

Cuando viajas creo que hay que hacer un ejercicio para no cambiar los precios a euros, el precio del camión en nuestra moneda y en nuestro país era un regalo, pero aquí era un robo a mano armada. En mi personal opinión, si los locales aprenden que los blancos pagamos por todo cinco veces más y ni nos inmutamos, pierden la motivación de trabajar para ellos y terminan haciéndose un flaco favor, dependiendo del turismo que no da para todos. No digo que sea la correcta forma de verlo, pero yo intento ser fiel a como pienso.

Casi siempre, con 330 kilos casi en el suelo, sin haber dormido, sin mecánicos a menos de 50 km, con un intérprete adolescente, y con cierta prisa por solucionarlo, me olvidé de mis principios y accedía al precio del camión después de un fracasado intento de negociación.

Al rato largo de seguir allí dando el numerito apareció el camión, una miniatura del que había visualizado.

Una endeble camioneta Suzuki, de color azul, con una cabina para tres ocupantes muy apretados, y una caja atrás a modo pick up con el justo espacio para meter la moto en diagonal y tener que doblar un poco la matrícula para que cerrara el mini portón trasero.

Entre unas diez personas subimos a pulso la moto porque allí rampa no había, la ladeamos al máximo y con una cincha y una cuerda la atamos para que quedara lo más sujeta posible, dadas las circunstancias. Todo el equipaj
e en el pequeño hueco restante, incluyendo la tabla de surf. Con dos indonesios simpatiquísimos me metí en el medio de ellos para despedirme de unas cincuenta personas que habían terminado allí viendo el espectáculo de la mañana. Intenté tener un detalle con kisman pero se conformó con que le invitara a su desayuno, un detalle que me alegró enormemente y desde luego no por el mínimo ahorro que eso suponía.

La imagen de los siguientes cincuenta kilómetros y hora y media no pudo ser más cómica.

Yo iba sentado en el medio, con las piernas apretadamente juntas, la bolsa cubre depósito con lo esencial sobre mis rodillas, y mis antebrazos en cruz apoyados sobre ésta. A cada uno de mis lados un pequeño y simpático indonesio, cada uno de ellos con una gorra, uno con la visera hacía delante y el otro hacía detrás. Música indonesia que parece de culebrón, carretera rural de curvas y entre paisajes montañosos y gentes que nos gritaban al pasar y ver la moto.

A ritmo de tortuga y con sus conversaciones atravesando entre mis dos oídos me iba quedando medio dormido, pero no podía porque en caso de frenazo me comía el cristal. Un pequeño esfuerzo más y llegábamos.

Y así fue, los paisajes rurales que durante todo el camino nos acompañaron desembocaron en una bahía salada, entrante del mar que rodea la pequeña ciudad de Bima, sin interés turístico y arquitectónico alguno pero poblada por una gente especialmente simpática de la que ya me habían hablado y que en las siguientes horas fui comprobando.

Al llegar el taller que los transportistas tenían como referencia estaba efectivamente cerrado. Nos bajamos y mientras yo descansaba a la sombra ellos averiguaron lo que pudieron con las personas que andaban por allí.

Por señas me pareció que me explicaron que a las dos vendría alguien a abrirme la puerta del taller para al menos meterla allí, no sabía si la podían mirar ese día, si era sólo para que estuviera esa noche guardada o simplemente era para que me quedara tranquilo, les pagara y se pudieran ir.

Pero no tenía muchas opciones, pedimos ayuda para bajar la moto, lo hicimos, la medio apoyamos como pudimos, amontonamos mi extenso equipaje junto a un muro blanco, les pagué, se fueron, me compré dos chocolatinas y una botella de agua y me tumbé junto al equipaje a esperar que pasara algo, lo que me parecía que me habían explicado o lo que fuera que me llevara a una solución.

Eran las once de la mañana, seguía disfrazado de motero, nadie hablaba inglés, el sol ya machacaba y quedaban al menos tres horas para que abrieran el taller, si es que lo abrían…

Continuará…

PD. Después del aviso en facebook y en el blog, viendo que lógicamente ha generado algo de alarma, he decidido publicar la historia sin terminar. Sigo en Bima intentando solucionar el problema, protegido y cuidado por Ezequiel, que por primera vez en seis meses nos estamos comunicando por mail, por David de 2tmoto,  que se está comportando muy por encima de lo que nuestro acuerdo le pudiera exigir, y por Quique, un amigo de un amigo casi hermano  que está intentando encontrar alguien que viaje a Bali y me traiga lo que necesito, que en estos momentos todavía no estoy seguro si es sólo el basculante  o también el amortiguador.

Mi única preocupación real en este momento es el tiempo, ya debería estar en Madrid y esto es un nuevo retraso no esperado. Gracias de nuevo a los que me lo permiten.

Por lo demás estoy muy bien, viéndolas venir que me encanta, gracias a todos lo que os habéis preocupado y me habéis ofrecido ayuda.

Espero publicar en breve el final de la Odisea

 

Vuelta al Mundo en Moto Sinewan. Capítulo siguiente

29 Comments
  • Begoña
    Posted at 11:36h, 09 marzo Responder

    Menuda faena!! siento lo que te ha pasado, pero estás bien, sano que es lo que importa al fin y al cabo. Espero que pronto se te solucione esta odisea y puedas continuar y hacer tu entrada triunfal a Madrid, tu y tu moto.
    Gracias por contarlo, y muchos ánimos!!

  • Joan Siddharta
    Posted at 12:52h, 09 marzo Responder

    Hola Charly,

    Vaya historia tio… que pena que lleves al cámara de Ewan porque habría estado genial verlo en cámara oculta. En cualquier caso, con ayuda de mi imaginación y tu notable narración, he disfrutado mucho 🙂

    Si necesitas que haga llamadas, pregunte cosas, pida precios… Tan solo tienes que decirmelo. Te envio mi nº de movil por facebook.

    Un abrazote!

  • ANDRES
    Posted at 13:55h, 09 marzo Responder

    hola decirte que es una putada ese tipo de averia, eres una fiera, fijo que encontras solución .me siento identificado con tigo: viajar en moto y el surf, estoy aprendiendo y tambien me pongo de pie cuando ya bajé la ola. como me molaría poder llevar la tabla en la moto , creo que aqui no seria posible.¡joder! es la ostia tu viaje. no desistas que engancha.suerte. como decimos en mi tierra “o importante e non levar un golpe”

  • Rafalote
    Posted at 14:47h, 09 marzo Responder

    Vaya! Espero que sea la última contrariedad y que el resto del viaje sea un paseo triunfal.
    No te preocupes por la fecha de llegada a Madrid, porque siempre estará ahí 😉

    Un saludo

  • Yol
    Posted at 15:07h, 09 marzo Responder

    Hola peque!
    Estoy de vuelta, con unas ganas de leerte y “madre míiiiia”, espero que tu siguiente párrafo esté lleno de muchas flores ;), además ya sabes que disfruto e incluso necesito de tus aventuras, pero la verdad, me gustaría más, darte ya un abrazo y verte.
    Menos mal que la parte buena siempre compensa a la menos buena ;).
    Un besito enooooooorme….

    PD: un fuera pistas fue a tu salud, jejejeje….

  • Esteban
    Posted at 17:23h, 09 marzo Responder

    Hola Charly , el viaje sigue tan increible como siempre , en cuanto al golpe debe haber sido muy fuerte por que para que se parta ése bastidor debe haber sido muy duro.
    Recien me entere del problema y no se hoy justo en que punto estaras , pero no creo que el amortiguador se haya roto ( o es solamente que tengo ganas que éso no suceda ). Si no perdio o pierde aciete por el amortiguador , no creo que se haya roto.
    En cuanto al envio , por que no lo envias por DHL o Federal y que lo pagen en origen , bueno , no se , quizas me estoy metiendo en un tema que ya solucionaste.
    Bueno , nada mas , dale para adelante y no pienses en la fecha que llegaras a Madrid , siempre hay tiempo para trabajar y continua disfrutando el viaje.
    Esteban , Misiones , Argentina.

  • juanto
    Posted at 18:28h, 09 marzo Responder

    Como dice Kavafis ,

    Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca debes rogar que el viaje sea largo, lleno de peripecias, lleno de experiencias. No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes, ni la cólera del airado Posidón.

    Animo Charly, que siempre sale el sol , solo sera un retraso

    buena ruta!!!!!!!!!

  • vicente malpica
    Posted at 18:30h, 09 marzo Responder

    Hola Charly, menudo faenón. Pero tranqui camarada, seguro que con paciencia todo llega. Ya nos contarás cómo se solucionó todo, si fuese todo de hierro, con soldadura ok, pero siendo aluminio, quién sabe igual en esos lares hay alguien que suelde AL también, el que busca encuentra.
    Sea como sea, con tiempo todo se arreglará, qué remedio queda no.
    Un abrazo y si necesitas alguna ayuda, da el toque ok?.
    vixenso@hotmail.com , http://www.rutasamurai.com ,

  • luwen
    Posted at 19:15h, 09 marzo Responder

    gracias a ti por escribir amigo,

  • otro Miguelín
    Posted at 19:30h, 09 marzo Responder

    JOder nen, vaya putada!!!
    Espero que lo soluciones pronto que no te retrasen mucho. Por otra parte voy a hacer unas averiguacines, por que creo que esa rotura si se puede soldar, al menos por aquí (yo tampoco tengo mucha idea, así que preguntaré a los especialistas)…..me suena que alguna pieza parecida la soldaron y quedó muy bién.
    Lo dicho, muchos ánimos y ahora paciencia….que es la madre de la ciencia!!

  • Alex
    Posted at 19:34h, 09 marzo Responder

    Animo Charly. Es la primera vez que me animo a escribir pero me tienes enganchadisimo desde el día que mi vecino apareció con tu ex varadero y me contó tus planes. Desde ese día soy uno más de los que mira ansiosamente tu web cada mañana en busca de nuevos relatos.
    Dudo mucho que esa rotura sea de un solo golpe… estaría a puntito de caramelo. Suerte con la reparación.

  • JOSE ANGEL
    Posted at 00:49h, 10 marzo Responder

    PRIMO, DIME SI NECESITAS ALGO QUE ESTE EN MI MANO…..DE VERDAD¡¡¡¡ ESTAS LEJOS PERO CONFORME MAS TE ALEJAS, PIENSA QUE TE TENEMOS MAS CERCA Y VIAJAMOS CONTIGO , TODOS LOS QUE TE QUEREMOS………..QUE POR LO VISTO , SOMOS MUCHOS. A PROPOSITO, VAS A TENER UN NUEVO FAN, NACERA EL PROXIMO DE SEPTIEMBRE Y LE ENSEÑARE TODO LO QUE HIZO SU PRIMO Y LO QUE ME HUBIERA GUSTADO HACER A MI.

    TE QUIERO PRIMO, PIDEME LO QUE QUIERAS Y LO QUE NECESITES……….

  • Joebar
    Posted at 01:13h, 10 marzo Responder

    Ostia Charly, poniendole emoción al viaje, eh?
    Estoy de acuerdo con Esteban, que es posible que el único problema sea la pieza seccionada que se ve en la foto. ¿Forma una única pieza con el basculante? es que en la foto no se ve claro si el basculante está por arriba o por abajo. Sobre el llantazo, si el neumatico monta bién no hay más problema que no volver a golpear la llanta en el mismo lugar, que sería tener mucha mala suerte…..
    Un saludo y que se solucione pronto.

  • CARLOSGS
    Posted at 11:59h, 10 marzo Responder

    Menuda putada pero seguro que lo puedes arreglar. Nada te puede parar. Adelante

  • Noelia
    Posted at 16:25h, 10 marzo Responder

    De verdad primito que no me canso de decirte que eres la caña…..
    Todos esperamos que todo te llegue bien y desde aqui todos al tanto de si alguien viaja para alla, justamente una compañera mia ha viajado alli hace dos semanas, pero yo estoy pendiente por si alguien mas lo hace.
    Ya se que a tu primus le mantienes siempre informado de todo, pero de verdad si necesitas algo ya sabes que aqui estamos.
    Estoy deseando verte la verdad, y por la vuelta pues no te preocupes cuando sea sera, lo importante ahora es solucionar.
    Un beso muy grande

  • otro Miguelín
    Posted at 14:39h, 11 marzo Responder

    Hola de nuevo charly!!
    He preguntado a los expertos en soldaduras y me dicen que no hay mas problema que soldar, claro está que soldadura de aluminio. Ese precisamente puede ser el problema ya que no se por esos lares como está el gremio de soldadores…..pero si hay algún sitio donde fabriquen o reparen barcos, ahí tienes una oportunidad.(he visto que cerca de donde estás hay una pista de aviones, alomejor ahí también pueden hacer algo)
    Espero que te sirva de algo, y si no tranki que como se ve tienes a medio mundo movilizado.
    Suerte y un abrazo.

  • Alberto
    Posted at 17:31h, 11 marzo Responder

    Hola Charly, soy otro fan mas de la pagina. Yo tambien estoy preparando un viaje como el tuyo, de momento solo es un sueño pero buscando información he encontrado tu pagina y estoy enganchadisimo. Mucho animo con el problema de suspensión, seguro que logras solucionarlo y seguir viaje.

  • freddy
    Posted at 10:09h, 12 marzo Responder

    charly despues de mucho tiempo he leido un poco tu odisea y por lo visto se te rompio una bieleta segun la foto y has doblado la llanta ,si estubiera alli seguro que ya lo hubieramos solucionado con unas placas de metal y una sierra las bieletas las pueden hacer ya que no tienen que ser de aluminio neserariamente,y la llanta con un poco de calor y unos golpes la puedes corregir ,si te puedo ayudar en algo desde aqui no lo dudes .suerte y animo compañero.

  • amore
    Posted at 17:08h, 12 marzo Responder

    Te queremos mucho, Carlos. Desde Madrid te envío luz. Amore.

  • Carlos Aribau
    Posted at 00:50h, 15 marzo Responder

    ¡Gracias! ¡Muchas gracias! Lo estás viviendo tú, lo estás contando tú. Es tu aventura, es cierto. Pero nos haces sonreir. Y no te creas que es una sonrisa agradable. Es una sonrisa burlona que nace de la envidia inconsciente a la aventura y el valor que demustras en cada una de las palabras que escribes. Nos despiertas una especie de melancolía extraña por algo que no hemos vivido y que añoramos. Eres libre tío. Este es tu pedazo de Pura Vida.

    Y por eso te doy las gracias, porque veo en ti que es posible. Cuando uno quiere, puede Vivir (con mayúsculas) y lo que hago con mi vida no es más que construir mi excusa para no hacerlo. ¡Gracias!

  • Aitor
    Posted at 05:19h, 15 marzo Responder

    Odyssea!!! Eres un jabato!! Pues ojala te arreglen la moto rapidito y puedas surfear en Sumba o Australia un ratillo igual que te echaste en Lakei Pipe..

    Te mandare algunas fotos, aora que acabo de llegar a la civilizacion de bali, de tu marcha a las dos de la manana lloviendo a cantaros

    que el dios que sea el del pais al que vaya este contigo way!!

  • Moisés
    Posted at 00:37h, 16 marzo Responder

    Hola Charly.

    Espero que soluciones la avería de la moto, la pobre está aguantando muy bien….

    Un saludo.

  • Jaime
    Posted at 20:49h, 16 marzo Responder

    Hola, soy Jaime de elmundoenmoto y ExploraMoto, paciencia y poco más te puedo decir, que ojalá lo soluciones pronto y puedas seguir viaje, tienes Australia a un tiro, seguro que en poco estás por la Stuart HW

    saludos

  • sergi
    Posted at 21:31h, 16 marzo Responder

    joder con este accidente, espero qeu lo soluciones, estoy aprendiendo mucho para MI viajke.. tanto qeu me voy a pillar una varadero 1000, q pocos problemas te ha dado..

    Alberto cuando te vas y adonde.. que podria ser qeu hagamos unos kms juntos 🙂

  • Aitor
    Posted at 20:17h, 19 abril Responder

    Hola Carlos, al de poco de Marcharte tu de Sumbawa Ale se vino a Bali a Buscarme y volvimos a Lakey Peak un par de semanas. Me habló de tu aventura. Ha sido apasionante leer la recíproca de lo que me había comentado Ale.

    Veo que le conociste y en dos chispazos te transmitió su buen Karma. Espero que te haya venido bien para el resto de tu viaje.

    Al leer tu blogg recién llegado de Sumbawa lo he podido leer poniendo caras, olores, paisajes, sonrisas, carreteras, ”hellow misters´´, je,je,je… ha sido precioso!!!

    Un saludo y suerte.

    Aitor ( Mundaka ).

    • Charly
      Posted at 10:11h, 26 abril Responder

      Hola Aitor, como me gusta saber que has disfruta reviviendo olores, paisajes y sonrisas. Un fuerte abrazo y otro para Ale, que hoy mismo le contesto un mail que tengo suyo de hace tiempo. Nos veremos…

  • maxfenix
    Posted at 04:40h, 24 noviembre Responder

    como se partió eso

  • SINEWAN | La Liada — El mundo en moto Sinewan
    Posted at 11:15h, 29 marzo Responder

    […] Vuelta al Mundo en Moto Sinewan. Capítulo anterior […]

  • Madrid – Sydney en relatos | EL Mundo en Moto Sinewan
    Posted at 15:47h, 24 diciembre Responder

    […] Post 27. La Odisea […]

Post A Comment