Charly Sinewan | Madagascar en moto: De Tana a Tulear
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Madagascar en moto: De Tana a Tulear

Madagascar en moto: De Tana a Tulear

– Mucho ojo con toda esta gente, solo quieren dinero. Tened cuidado con vuestras cosas.

Me lo dice un tipo francés que ha bajado de un pequeño autobús. Se han detenido en la cuneta de la carretera al ver el revuelo de gente que rodea las motos. Estamos en Madagascar, camino de Tulear por la N-7, a la salida de una pequeña aldea que ni sé cómo se llama ni lo sabré, aunque no creo que olvide nunca. Las cosas, aparentemente, se han torcido. Hemos tenido un accidente.

Trópico de capricornio

Contar el viaje en directo cada día supone mayor dedicación y las prioridades van dejando abajo las tareas que menos urgen, aunque algunas sean las que más me gustan, como escribir batallitas de viaje o explayarme cuando conozco un buen personaje que tiene algo que contar y no lo graban las cámaras. Y aunque lo hagan, youtube no tolera historias muy largas. Los que me leéis desde siempre sé que sí apreciáis dedicarle un buen rato a alguien o a algo que pasa en el viaje. No somos muchos pero llevamos aquí un montón de años juntos, algunos incluso sois parte de mi entorno más cercano. Por eso creo que merece la pena un esfuerzo para intentar no perder la costumbre de escribir aquí, en casa.

Estamos en Madagascar, en el comienzo de la octava etapa de esta vuelta al mundo tan lenta, tan cada día menos vuelta y cada vez más forma de vida. La mayor novedad de este tramo es que no viajo solo, lo hago acompañado de Gemma Parellada, periodista y corresponsal en África para varios medios. Gemma vino a realizar un reportaje sobre la vuelta al mundo para informativos de CNN. Esa era la principal excusa, aunque había más razones.

Hace casi un año que comenzaba viaje en Johannesburgo, en lo que suponía el inicio de la anterior etapa. La noche antes de partir dirección Mozambique acudí a casa de unos amigos de amigos, a ver un partido de fútbol. Jugaban Madrid y Barça. La mayoría eran periodistas residentes en Sudáfrica. La anfitriona era Gemma. Cuando terminó el partido nos quedamos hablando un buen rato que nos supo a muy poco. De África, de viajar, de hacerlo en moto, de la vida nómada, de la vida.

Al día siguiente salí de Benoni, el barrio en el que me alojé aquellos días, y atravesé por última vez el entresijo de autopistas radiales que envuelven Johannesburgo. Antes de enfilar la N1 dirección Zimbabue, paré en una cuneta y me decidí a hacer algo que me rondaba la cabeza desde la noche anterior. Con inofensiva caradura llamé a Gemma.

– Gemma, te suelto una, con todo el morro. Ayer me quedé pensando si no te interesaría escribir algo de mi viaje, en alguno de los medios en los que colaboras.
– Sí, ayer lo pensé también, pero nunca escribo de algo que no vivo. Me encantaría seguirte en moto unos días en alguna etapa y sí, escribir algo.
– Touché

Así quedó la cosa, aplazada. El plan bien podría haber quedado archivado en el fondo de un cajón para siempre, sin embargo, por razones que solo el guionista conoce, Gemma y yo nos fuimos mandando algunas señales de humo, muy pocas, pero las necesarias para no perder el contacto.

Meses después de aquella conversación en la cuneta de una autopista, llegué a Madagascar, destino soñado y bien trabajado. El último relato narraba cómo llegue a esta isla, en el famoso carguero. Después estuve tres meses viajando, primero en compañía de mi amigo Fran y después en solitario. Estuve en la avenida de los baobabs, en el desierto, en varios parques nacionales, vi lemures, hice kitesurf, compartí unos días con un misionero… y no escribí nada. Cuando las cosas no salen, no hay que forzar. La historia de esos meses en la gran isla quedó contada en vídeos.

Cuenta atrásDespués de varios cambios de planes, Gemma y yo decidimos por fin que haríamos un tramo de viaje juntos en Madagascar, en enero. Con la decisión tomada nos vimos en Barcelona en diciembre. Le había pedido a mi amigo Juan Oso si podía dar un curso offroad a Gemma, en previsión de lo que nos encontraríamos en Madagascar. Porque si viajábamos juntos unas semanas, el viaje tenía que ceñirse a lo habitual y por tanto, debiamos meternos en algún berenjenal. Y esa era la verdadera historia de este viaje juntos.

El primer tramo partía de la capital Tana y terminaba en Tulear, la ciudad más importante al sur y donde se acaba el asfalto. Desde aquí escribo este relato, tras casi tres semanas de viaje.

El viaje ha tenido dos partes claras. La primera comenzó en Tana, donde recibimos la ayuda de nuestros amigos de motostore, que prestaron una moto a Gemma, y de Dodo Travels, agencia de viajes que nos ha proporcionado hoteles gratis durante toda la ruta. Y qué hoteles.

Con todo eso salimos de Tana. El viaje comenzaba condicionado por la pieza para CNN, que urgía. Gemma necesitaba imágenes que mostraran más o menos cómo es mi vida nómada, a qué me enfrento cada día. Teníamos muy poco tiempo. Sin embargo pasaron tantas cosas en los tres primeros días que la pieza quedó resuelta y enviada desde Fianarantsoa, tercera parada programada.

Y aquí comenzó la segunda parte de este viaje. Primero porque salimos de Fianarantsoa liberados por el trabajo terminado, pero también porque en estos primeros días en los que nos había pasado de todo, Gemma se había enfrentado a la lluvia, al barro en un par de pistas complicadas e incluso a vadear un río crecido por un ciclón que nos pasó por encima. De todo había salido airosa, confiada en ella misma y en su moto. Quizá más de la cuenta, fiarse demasiado de una moto suele ser peligroso, especialmente al principio. Así llegó el día en el que salimos de Ambalabavo y nos dirigíamos a Isalo, cuando atravesamos aquella aldea, esa que nunca olvidaremos.

Últimos km a Tulear

La aldea termina en una curva, la calle se despeja de casuchas y enfila de nuevo la montaña. Yo voy delante, Gemma a unos metros detrás. Un carro con dos cebúes desbocados viene hacia mi, por el medio de la calzada. Comienzo a frenar moderadamente mientras decido hacia qué lado me escapo. Con la moto prácticamente parada, los cebúes a menos de dos metros y la moto ligeramente inclinada hacia la derecha, por donde he decido escapar, recibo un fuerte impacto por detrás que recuerdo junto a un grito de Gemma, que no ha podido detenerse y se ha empotrado contra mi.

Un par de segundos que pasan a cámara lenta mientras me esfuerzo exclusivamente en mantener mi moto vertical, cosa que milagrosamente consigo. Tal y como se detiene la moto, en el medio de la calzada, salto de ella y corro hacia Gemma, que ha salido despedida por la cuneta y está tumbada en el suelo con la moto encima, en una fuerte pendiente que baja a un pequeño río. Su moto no pesa mucho pero la pendiente es muy fuerte, lo que me complica levantarla y liberar a Gemma. La adrenalina hace el resto y Gemma consigue sacar la pierna y una mano de debajo de la moto. Parece que está bien.

– ¿Qué te duele?.
– La pierna.

Una multitud ha acudido al lugar y nos rodea. Una señora ejerce de madre y se interesa por Gemma. Mientras, dos chicos levantan su moto y otros mueven la mía a la cuneta para que el tráfico pueda seguir. Miro de reojo nuestras pertenencias. Gemma decide incorporarse lentamente con mi ayuda y la de nuestra madre adoptiva. “¿Hospital?”, es la forma en que la señora malgache pregunta a Gemma si está bien, con un gesto que se hubiera entendido sin necesidad de abrir la boca.

Un tipo blanco ha bajado de un autobús que se ha detenido al ver el revuelo. Es francés:

– Mucho ojo con toda esta gente, solo quieren dinero. Tened cuidado con vuestras cosas.

La realidad es que un chico me acaba de traer la cámara tipo Gopro que llevaba Gemma en su moto y que salió despedida. En su intento de evitar la colisión, Gemma también estaba girando a la derecha y el impacto fue contra mi maleta, que debió salir volando aunque no soy consciente hasta el momento en el que un muchacho me hace un gesto y baja al río a por ella, donde parece que aterrizó.

No todo el mundo es bueno, ese no es le mensaje. Probablemente hemos tenido suerte, aunque casi todos los viajeros siempre la tenemos porque siempre recibimos ayuda de la gente y nunca interés por aprovecharse. Eso no quita que algún día nos pase, pero hoy tampoco ha sido uno de esos días.

Hemos tenido suerte sí, porque se me ocurren varias combinaciones mucho más catastróficas cambiando ligeramente los hechos. Que yo hubiera decidido evitar los cebúes por la izquierda y Gemma se hubiera empotrado contra ellos, que todo hubiera pasado medio segundo después y Gemma hubiera caído al río, o que el tipo blanco del autobús nos hubiera robado.

Las motos tienen secuelas leves; una barra de la horquilla delantera de la moto de Gemma está doblada y los anclajes de mi maleta se han doblado. Con una cincha lo soluciono provisionalmente mientras nos disponemos a seguir camino, con todo el pueblo rodeándonos y ofreciéndonos todo tipo de ayuda desinteresada.

Hace dos semanas del accidente. A Gemma todavía le duele la rodilla de aquello, pero pudo seguir viaje y llegar a Tulear sin perder la sonrisa ni dejar de emocionarse cada vez que el paisaje cambiaba. Gemma y yo nos estábamos haciendo amigos poco a poco. El accidente supuso una rotura de barreras, pasamos página a la relación periodista-entrevistado y de un plumazo nos convertimos en amigos, como si nos conociéramos de siempre. Ya lo éramos, pero desde ese momento quedó claro que somos un equipo.

Gemma mantiene que antes del golpe era prudente, y seguro que lo era, pero ya tiene grabado en sangre eso que solo los que montamos en moto constantemente sabemos: todo lo que te rodea puede cambiar de posición en un segundo y tienes que estar preparado para sortearlo. Siempre.

Las cosas siempre pasan por algo y el accidente tenía que suceder. Estoy convencido de que nos ha venido muy bien. Ahora estamos preparados para meternos en cualquier berenjenal. Así que vamos a por ello.

Gracias por leerme

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15 Comments
  • Aitor Zunzarren
    Posted at 22:23h, 03 febrero Responder

    Pues sí que hacía tiempo que no te leía, pero veo que no has perdido el punch. Suerte, máquina!

  • Alvaro
    Posted at 02:16h, 04 febrero Responder

    a Gemma se me hace que un “leon” se la quiere “comer” jajaja arriba Charlie

  • Alex
    Posted at 09:22h, 04 febrero Responder

    Hombreeee!!!! Echaba de menos un relato de los tuyos!!! Qué bien, como siempre. Que lo de Gemma no sea nada. Vamos!

  • Jose
    Posted at 09:46h, 04 febrero Responder

    En mis viajes (muchos menos que los tuyos) Africanos, siempre, y recalco siempre solo recibí ayuda de la gente, jamás tuve ningún problema, amo Africa
    Disfruto con tu crónicas gracias.

  • Rafa
    Posted at 16:30h, 04 febrero Responder

    Es un placer volverte a leer, hace unos meses leí casi del tirón todos tus relatos, desde la salida hacia Australia y como este son fantásticos, ¡felicidades y muchas gracias por compartir todo esto con nosotros!

  • Ainhoa
    Posted at 21:35h, 04 febrero Responder

    Cuando he visto esta mañana la entrada, me ha dibujado una sonrisa que me ha durado hasta esta noche al leerlo, y ahora aun mas grande. Genial, Don Bolis

  • OlgaTT
    Posted at 02:08h, 05 febrero Responder

    Aiiiiiiii antes que nada, espero que el dolor de Gemma ya no exista, pero estaba claro, tu mismo lo dices, siempre hemos de estar al tanto y esto os irá bien!!!
    Cómo mola cuando escribes!!! 🙂

  • JimmyFloyd
    Posted at 11:53h, 06 febrero Responder

    Gracias por sentarte a escribir de nuevo. Los vídeos molan sin duda, pero uno conecta mucho mejor con la historia cuando la lee (yo al menos).
    Mucha suerte, letsgouuuuu!

  • Tarque
    Posted at 03:52h, 07 febrero Responder

    Se echaban de menos tus relatos, Carlos. Espero ansioso la continuación de la historia. Y sobretodo, espero que Gemma se recupere pronto.
    Abrazo.

  • Salir en la CNN como comienzo de la Etapa 8
    Posted at 12:59h, 12 febrero Responder

    […] En la primera parte de este viaje juntos, hemos recorrido la N7 de principio a fin, desde Tana hasta Tulear, pasando de las tierras altas al desierto, cruzando parte de selva y varios parques nacionales. Es la diversidad de Madagascar, los continuos cambios de clima, paisaje y gentes. El viaje ha tenido sus más y sus menos y ha quedado relatado en este post. […]

  • Francisco Olmo
    Posted at 10:47h, 24 febrero Responder

    Gracias por volver a escribir. Al menos a mi me gusta más leerte que verte en vídeo. Además así fue como empezó todo, ¿no?.
    Suerte en tu viaje

  • andrea Lemos
    Posted at 21:13h, 26 noviembre Responder

    me encanto…y recien empieza

  • Andoni
    Posted at 21:56h, 29 julio Responder

    Acabo de descubrir tus aventuras y ya me he enganchado por completo a ellas. Sigue con ellas, por favor, NO pares!!!!!!!!!

  • Maria Cristina
    Posted at 13:42h, 13 abril Responder

    Hola,me encanta todo lo que narras en tus viajes.

  • Alejandro
    Posted at 15:11h, 15 mayo Responder

    Hace más bien poco que te sigo, no te conocía.
    Estoy repasando tus videos anteriores y resumiendo, siento una especie de envidia mezclada con admiración. Necesito saber hasta donde vas a llevar esto…
    Un fuerte abrazo.
    Alejandro.

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