Charly Sinewan | Namibia, en busca del desierto y la Duna 45
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Namibia, en busca del desierto y la Duna 45

Namibia, en busca del desierto y la Duna 45

Vuelta la Mundo en Moto Sinewan

Vuelta al Mundo en Moto Sinewan. El peluco

Camino del desierto

Las despedidas en casa no suelen darme mucho quebradero de cabeza. Sé que el tiempo vuela y pronto estaré otra vez de vuelta. Diferente sería si existiera la posibilidad real de no volver. Eso pasa viajando. Llegas a sentirte muy cercano de gente a quien probablemente no vuelvas a ver. Esta vez quizá es la más especial. Anja y Jan me han hecho sentir parte de su familia. Me han abierto generosamente las puertas de su casa y han terminado dejándome un juego de llaves. Los hijos de Anja, Mario, Nico y Jenny han sido mis hermanos durante unos días. La voluntad de querer volver a verse no es suficiente. Los trazos del destino están sin dibujar. Quién sabe.

Vuelta al Mundo en Moto Sinewan. Despedida Swakopmund

Es domingo, día de partir. Amanezco pronto pero empaqueto sin ritmo. Entre calcetín y camiseta paseo por el salón y charlo con unos y otros. La familia se ha reunido al completo para la despedida. La mesa de la terraza se va llenando poco a poco de fruta, panes, embutidos, quesos, zumos, mermeladas y cafés. Último desayuno juntos. Desproporcionado de nuevo. Ahora que empieza la actividad espero perder los cinco kilos que debo haber engordado estos días.

Pasadas las dos de la tarde consigo partir. Un sincero hasta pronto y cruzo con mi flamante moto la puerta de la casa. Atravieso Swakopmund por última vez. Las mismas anónimas calles por las que entré el 30 de agosto en busca de neumático, pensando en salir escopetado al día siguiente, ahora me resultan familiares. Esta ciudad que no sabía que existía ha pasado a ser un punto importante de mi mapa del mundo. Una chincheta más, una de las grandes.

La salida sur cruza el cauce de un río seco a través de un puente que te catapulta contra el desierto del Namib en todo su esplendor. Una lengua de asfalto se hace hueco entra un mar de dunas a la izquierda y el océano Atlántico a la derecha. Sopla fuerte viento lateral. Me atiza de lleno en la cara. La moto ruge poderosa. El equipaje no se mueve. Con lo que llevo ahí detrás podría vivir una vida entera. No sé dónde dormiré hoy y mucho menos mañana. Todo lo que acontece a partir de este momento es nuevo. Una sonrisa inunda el casco. Esto es pura droga y yo un yonkee.

Cincuenta kilómetros de asfalto me llevan a Walvis Bay, otra ciudad colonial. Esta vez fueron los ingleses los que pasaron por aquí y se enamoraron de la bahía de aguas mansas en la que chapoteaban delfines y pelícanos. Supongo que el tema fauna les daba un poco igual. La chispa que provocó el idilio fue el calado de la ensenada, suficiente para aprovisionar sus buques camino del Cabo de Buena Esperanza. Hoy en día Walvis Bay es el puerto más importante de Namibia y se prepara para una multimillonaria obra de ampliación. La ciudad es fea, nada tiene que ver con Swakopmund. Giro noventa grados y abandono la costa.

Vuelta al Mundo en Moto Sinewan. Desierto Namib.1

Se acaba el asfalto. La temperatura sube y el cielo se despeja. Las corrientes de Bengela hacen que esta costa casi siempre tenga niebla y nubes. Bastan unos pocos kilómetros para que todo desaparezca y el sol del desierto comience a ajusticiar. La pista es ancha y rápida. Vuelo sobre una planicie de arena, piedras y matojos. Al fondo se distingue una cordillera de áridas rocas. Detrás debe estar mi objetivo del día, Solitarie, primera localidad en el camino donde espero encontrar alojamiento. Serán poco más de doscientos kilómetros para esta primera jornada. Día de acople, comprobar que todo funciona y coger un poco de ritmo en conducción en pista. De momento la moto va como la seda. Creo que ya os he dicho alguna vez que estoy enamorado. Suelo ser consciente el primer día de viaje. Me siento sobre ella y zumbo por encima de cualquier firme, sea el que sea.

El viento libertino sobre mi careto se ha llevado de una atacada la frustración de tantos días parado esperando el equipaje. Siempre pienso que las cosas pasan por algo, que el guionista es sabio y yo no soy más que el protagonista de sus trazos. Pero reconozco que estos días llegué a desesperar y perdí parcialmente la sonrisa. Parece que la soledad dentro del casco y la distancia me hacen comprender. Soy motero, por supuesto. Pero me siento más viajero que otra cosa. No todo es surcar pistas y atravesar paisajes. El viaje me ha regalado vivir una vida que no es mía durante una semana larga. He conocido otra cultura desde la cocina de una familia normal y corriente. He compartido sus preocupaciones y sus risas poniendo el lavavajillas. Esto no es turismo, es viajar de una forma que no siempre es accesible. Hago un guiño agradecido al guionista, presiono el claxon dos veces  y acelero dejando tras de mi una nube de polvo. Cual correcaminos.

Vuelta al Mundo en Moto Sinewan. Trópico de Capricornio

El sol cae y la pista se complica. Tras un desvío la cosa ha empeorado. Venía zumbando a cien kilómetros por hora pero han aparecido bancos de arena que me hacen soltar puño. Atravieso el Trópico de Capricornio con los tonos de la tarde embelleciendo el paisaje y afeando mi futuro próximo. Quedan sesenta kilómetros y una hora escasa de luz. Si la pista sigue así no llego de día ni de coña. Hace kilómetros que el sol dejó de quemar y apareció algo de vegetación. Con ello la fauna y el espectáculo. Desafiantes Oryx que me clavan la mirada en la distancia, asustadizas gacelas que corren en manada huyendo ante el rugir de mi motor y alocadas e imprevisibles avestruces que salen acojonadas cuando me ven llegar. Adorables animales a estas horas de la tarde que se convertirán en auténticos terroristas si no llego con luz a Solitarie.

La pista mejora y vuelvo a zumbar los últimos kilómetros.  Justo cuando el haz de luz de mis focos se adueña de la pista, llego a Solitarie. Por los pelos.

Un turista en el desierto

Son las cinco de la mañana. Un Land Rover  adaptado para turistas se detiene junto a mi tienda de campaña. La noche sigue cerrada. Infinitas estrellas siguen ahí. Nos vamos a ver dunas. Ayer salí de Solitarie cuando el sol descendía y daba tregua al viajero. Llegué sobre las siete al Parque Natural de Sossusvlei y me confirmaron la peor de las noticias. Ya lo sabía pero no quería creerlo. Dentro del recinto protegido no está permitido mover la moto. Me toca ser turista.

Los días  en el desierto tienen cuatro etapas bien marcadas. En la primera de ellas nace el sol y los tonos enrojecen. La vida brota y la brisa es fresca. Dura unas horas hasta que el sol enfila el su cenit. Empieza entonces la segunda. Los tonos se hacen amarillos, la brisa abrasa y el sol mata. Cualquier ser vivo que ose moverse corre el riesgo de fallecer. Son unas horas en las que sólo queda refugiarse bajo una sombra e intentar mantenerse quieto. Incluso presionar las teclas del portátil fatiga. Esta segunda etapa termina cuando el sol empieza a morir y los tonos vuelven a ser rojos y la vida, sea de la especie que sea, surge de nuevo. La última etapa es la noche. Un mundo nuevo nace en el cielo. Millones de estrellas. Siempre están ahí pero sólo aquí se observan en su plenitud. Es impresionante. Si tuviese aire acondicionado en una habitación de hotel dormiría las horas centrales e intentaría vivir intensamente los otros tres momentos. Todos son mágicos.

Desde el Camping hasta el parking donde los guías te sueltan para que te adentres a píe en el desierto distan sesenta kilómetros. El trazado es un hilo de asfalto entre dos columnas de dunas. No tengo problema en respetar las normas cuando tienen lógica, pero esta no la entiendo. Por qué no me dejan disfrutar del amanecer en mi moto. El miembro del gobierno que me cobró ocho euros por el permiso para estar aquí tampoco lo entendía. Más bien no se lo preguntaba. No supo decirme, él simplemente acataba órdenes y cuanto antes dejara de molestarle mucho mejor.
A cambio me ha tocado ir en un Land Rover descapotable por un abusivo precio. Comparto transporte con un ruso del que hablaré poco porque me cae mal. Le conocí anoche en el bar del camping. Un tipo menudo que no te mira a los ojos cuando te habla. No me gustó desde el primer instante y cerré el grifo. Probablemente alguna vez haya cometido errores, pero manejo una despótica seguridad en mí mismo en este aspecto. Si no me gusta el olor doy media vuelta y sigo solo, que bien que estoy. La buena gente tarde o temprano aparece en el camino y prefiero no perder tiempo con malas energías.

El sendero turístico en el parque natural tiene dos puntos en los que los guías sueltan al ganado. El punto desde el que se asciende a la duna 45, la más alta del mundo según algunos (otros dicen que es la duna 7, en Walvis Bay), de unos 300 metros, y otro unos kilómetros después desde el que se asciende a otras dunas menores pero que cuenta con un impresionante salar desde el que la fotografía de la reina de todas las dunas es mucho mejor. Nuestro piloto nos deja allí.

-    Ahí tenéis el desierto. Pasead y volved cuando gustéis, no mucho más de dos horas.

Vuelta al Mundo en Moto Sinewan.Sossusvlei parking

Todavía no ha salido el sol pero la claridad es suficiente para enhebrar agujas. La arena aún está fría y oscura. El ruso sale despavorido como si se tratase de los cien metros lisos. No sabes cuánto me alegro, lo único que quiero es ascender unos metros y sentarme solo a contemplar el amanecer y quedarme pensativo con cara de tonto. ¿Pensar en qué?.

Eso da lo mismo, algo bueno se me pasará por la cabeza mientras amanece. No puede ser de otra forma. Estoy en Namibia, he llegado en moto, me quedan unos días por delante para seguir haciendo lo que más me gusta y he venido sin secuelas internas que me martiricen. Viajando conoces mucha gente que lo hace para recuperarse de algo. Los hostel de macuteros del mundo están llenos de viajeros despechados. El desamor como motor viajero. Yo no estoy huyendo de nada, estoy aquí porque es donde quiero estar. Prefiero mis pensamientos a los del ruso que me cae mal. Comienzo la ascensión.

Las dunas se ascienden por la arista. Los pies se hunden y cuesta gran esfuerzo avanzar. Intento apoyarme en las huellas del ruso pero es de zancada corta y no me sirven. Pronto dejo de estar solo. La fatiga me acompaña. Ha pasado media hora y no he avanzado mucho. La duna 45 está muy lejos. Si el lector tenía alguna esperanza de que subiéramos juntos, ya le digo que lo voy descartando. Ni de coña vamos.  Que no subo. Si es necesario puedo novelar. No sé por qué el conductor nos ha dejado aquí y no en el otro punto. Desde aquí calculo dos horas hasta llegar. La altura ya es suficiente para sentarme y esperar que salga el sol.

Me cuesta explicar esto. Es el cuarto desierto que conozco y siempre siento algo parecido. Me siento especialmente bien. No me canso de estar aquí sentado sin hacer nada, contemplando absorto el horizonte en absoluto silencio. No sé por qué pero está claro que es. No caeré en el error de hablar cursi sobre lo pequeño que te sientes ante esta inmensidad de montañas de arena que se pierden en el infinito. Cuando jugaba al baloncesto me pasaba igual y nunca le di mucha importancia.

Vuelta al Mundo en Moto Sinewan. Sossusvlei

Tímidamente aparece el sol por el horizonte. Una enorme bola dorada asoma tras una columna de dunas. El cielo por unos instantes se torna dorado. Tan sólo se adivina una cuarta de sol cuando la arena parece cobrar vida. Los rojos explotan. Desgraciadamente el turismo también. Alguien sigue mis pisadas. Es un tipo larguirucho de pelo rubio y calvas en la barba, que viste bermudas caqui, sombrero de “boyscout”, botas de motaña y calcetines blancos hasta la rodilla.

-  Hello 
-  Hello 

Sigue a buen ritmo tras los pasos del ruso. Fijo que es austriaco. No me preguntéis por qué lo pienso. Pero lo es, lo sé. Segundos después se pierde en el horizonte y vuelvo a estar solo. Vuelve la paz. Un solo individuo más en mi duna me cabrea. El sol ya ha levantado completamente. Los tonos son cambiantes y cada foto es diferente a la anterior. – Ups! -, dos señoritas vienen a buen ritmo protegidas por sombreros estilo “Memorias de África”.

– Hi

– Hi

Siguen la misma hilera de pisadas. Holandesas o alemanas, no hay duda. Preferiría que fuesen las primeras la verdad. Giro la mirada y veo que a lo lejos lo que viene es una manada de turistas. Subamos un poco más. El presunto austriaco viene de vuelta.


– Bye
-  Bye

Educadamente nos hacemos hueco en la arista y cada uno sigue su camino. Un ligero cambio de rasante y me encuentro de bruces con las dos alemanas sentadas, porque luego ya sabré bien de dónde son y muchas cosas más.

– Hi again –
-Hi again –

Las sobrepaso a buen ritmo para hacerme el machote. Se acaban las pisadas, huella nueva. Pero… – ¿y el ruso?-, – ¿dónde se ha metido?-. A la derecha, unos cien metros más abajo, la duna muere en un inmenso salar con un bosque de acacias secas en el medio. Probablemente el ruso se ha tirado duna abajo, pero tampoco se ve su huella descendiendo. – ¿Habrá levitado?, no me extrañaría-. Seguir subiendo tiene poca lógica, quiero pisar ese salar. Decido tirarme. Sinceramente creo que los treinta segundos que tardo en bajar lo que me costó una hora subir, son un auténtico espectáculo dantesco de un tipo barbudo embalado antiestéticamente evitando caerse y joder las cámaras. Pero siguiendo el guión de este relato vamos a decir que no, que lo que Mariano no consigue con Ángela a base de recortes sanguinarios, yo lo consigo en un ágil y espectacular descender por la empinada duna. Me he ganado a las alemanas. Siguen mis pasos entre risas.

Vuelta al Mundo en moto Sinewan. Duna 45

El salar es un nuevo espectáculo. Las aguas torrenciales llegan hasta aquí provenientes de las montañas en época de lluvias. Las dunas impiden su paso hacia el mar y se forman lagunas que luego se secan. La tierra se cuartea y las acacias se secan. No es difícil hacer una buena foto, el escenario es único. Sobre todo en silencio, algo que empieza a escasear. La hilera que veía acercarse desde la duna hace aparición, pasan de subir la duna y mucho menos dejarse caer. Creo que me piro.

Mi aspecto es lamentable. Tengo la cara roja y voy encharcado en sudor, con la melena enmarañada como de costumbre. Sin embargo resulto ser exótico para un grupo de japoneses que se protege del sol bajo una acacia. Uno de ellos se acerca y me pide hacerse una foto conmigo. Luego otro. Después tres más. No entiendo nada. Me voy de allí sin poder parar de reír. Llevo las mangas de la camiseta subidas hasta el hombro para evitar el moreno ciclista. Quizá les he recordado a Mark Lenders, porque otra explicación no consigo encontrar. Estás a un océano y pico de tu isla, en un desierto que no sabías ni que podía existir, en un bosque de acacias sobre un  salar rodeado de dunas de trescientos metros, pero encuentras interesante hacerte fotos con un barbudo sudoroso que arrastra los pies camino del parking. Me descojono.

Desde este parking hasta el asfalto hay cinco kilómetros de espesa arena. Sólo apto para vehículos cuatro por cuatro y conductores duchos. Las alemanas han dejado su coche en el asfalto así que comparto el Land Rover descapotable con ellas. También con Tom, un belga solitario que lo intentó pero su cuatro por cuatro de alquiler se quedó en mitad de la pista. En el trayecto nos hacemos colegas. Unas risas de lo desunión europea y las alemanas nos invitan a desayunar. En su hotel les han dado una enorme cesta con café, tostadas, quesos y embutidos. Las coñas empiezan desde el primer instante.

-    Alemania invitando a desayunar a España. ¿A qué interés me dejaréis la mermelada?
-    No te preocupes por eso, la cesta pesa mucho, por eso te hemos invitado.
-    Mano de obra barata del sur, me suena.
-    Bueno ya es hora de que trabajéis.

Vuelta al Mundo en moto. Sesriem Canyon

Desayunamos en Sesriem Canyon, otro aliciente turístico de la zona. Las alemanas son hermanas. Olivia y Viola, dos divertidos personajes. Deben rondar los cuarenta. Olivia es abogada y trabaja en Berlín. Viola lleva veinte años viviendo en África. Me invita a que pase a verla cuando esté en Tanzania donde vive. Incluso puede buscar alojamiento para la moto si fuese necesario. Es curioso pero en Swakopmund conocí a otra alemana que vive en Etiopía y me ofreció lo mismo. El viaje por etapas se hace su propio camino al andar.

Tom es ingeniero. Ha pedido dos meses de cuartelillo en su empresa para viajar con un coche alquilado. En el maletero lleva una bicicleta de montaña y alterna turismo con deporte. No me puede caer mejor. No paramos de descojonarnos. Él en especial se parte de risa con mi guerra dialéctica con las alemanas. La crisis ha hecho estos viajes mucho más divertidos. Ellas me llaman mantenido y yo no dejo de seguirles la corriente y pedirles que me paguen todo, que no se preocupen, que se lo devolveré. Dentro del cañón Olivia saca orgullosa una pequeña cámara compacta. Yo desenfundo mi poderosa reflex ante su admiración.

– Qué buena cámara llevas! –
-¿Verdad?, la he pagado con fondos europeos…-

Tom tarda rato en parar de reír. Cuando los tonos ya son totalmente amarillos, nos separamos. Cada uno en busca de su sombra. A la tarde nos volvemos a encontrar y compartimos mesa, vino y muchas risas. Cerca de las doce nos despedimos bajo millones de estrellas. Probablemente habrá más capítulos en los que aparezcan. Los viajes no siempre son despedidas, también hay reencuentros.

Próxima parada, Fish River Canyon. Encantado si me acompañáis.

Gracias siempre por leerme.

Charly

Vuelta al Mundo en Moto Sinewan

28 Comments
  • Charly
    Posted at 19:51h, 15 enero Responder

    Por fin arranco la moto y empieza el viaje. Destino, el desierto de arena roja.

    • David Arroyo
      Posted at 20:04h, 15 enero Responder

      suerte y buena ruta compañero

    • tu tio
      Posted at 03:46h, 19 enero Responder

      Bueno Campeón sigue disfrutando de ese maravilloso viaje y pasatelo bien con el mundo que te encuentras,besos tu tío
      .

  • Anónimo
    Posted at 20:42h, 15 enero Responder

    Creo que esos días de (des)espera se verán compensados de sobra por las vivencias y paisajes que tienes por delante. Haznos un hueco que somos muchos los que vamos contigo. Suerte (de la buena)!

  • MaD
    Posted at 21:39h, 15 enero Responder

    como siempre grandísima crónica Charly! ves? de haber salido antes los personajes serían diferentes, y bien vale una semana conocer a alguien con quien compartir unas risas de las de verdad. cuidate. un abrazote

  • Maria Subinas Garralda
    Posted at 21:42h, 15 enero Responder

    Por razones absurdas, no siempre encuentro el tiempo para seguir tus aventuras. Luego se me acumulan y empiezan a hacerse bola, modo polvorón. Entonces empezaba a ir atrás, atrás, para ver dónde me había quedado y terminaba abandonando la misión. Ahora vengo de paseo, cuando surge. Y, siempre que te acompaño en el viaje, me da la sensación de que justo estoy leyendo el mensaje que necesitaba escuchar. Probablemente sea un exceso de empatía, pero no deja de ser un gustazo leerte. Termino con la cara llena de arena, amiga de unas cachondas alemanas y una sonrisa de oreja a oreja. Sigue disfrutando tanto amigo, hasta aquí nos llegan los ecos de las risas y la estela de la felicidad 🙂

    • Charly
      Posted at 11:37h, 21 enero Responder

      querida amiga, me sacas siempre los colores. Empatía mutua, ya sabes. Besos, pronto estamos en nuestro sitio incómodo de comida rica.

  • Miguel A Bustamante, mikelon20
    Posted at 22:18h, 15 enero Responder

    Sigo tus andanzas desde el otro lado de Internet.

  • nuria
    Posted at 22:34h, 15 enero Responder

    Mola. 😉

  • Mariano Dellamaggiore
    Posted at 23:13h, 15 enero Responder

    Espectacular relato como siempre Charly. Saludos desde Argentina

  • Anónimo
    Posted at 00:58h, 16 enero Responder

    Estupenda cronica Charly ,suerte y espero la proxima ,

  • Andrés
    Posted at 01:07h, 16 enero Responder

    Qué bueno macho, inmejorable. Me alegro mucho por ti ….. y por mí claro, que mola leer cosas interesantes. Abrazo.

  • javier
    Posted at 01:07h, 16 enero Responder

    aupa!!!! que buenas experiencias! enjoy

  • Anónimo
    Posted at 11:27h, 16 enero Responder

    Te sigo, pero no cambies mucho el guión. Algunos, lo han cambiado tanto, que han dejado de gustarme. Un saludo! Estés donde estés y mucha suerte!

    • Charly
      Posted at 11:47h, 21 enero Responder

      Gracias, llevo ya cuatro años en esto y creo que además de un poco más viejo y con alguna cana extra, todo sigue parecido.

  • Sergio Torremolinos
    Posted at 11:29h, 16 enero Responder

    Me has dejado enganchado. Mira que ya los videos los seguía, pero leerte ha sido muchísimo mejor, por cierto me bajo la foto de la duna me dejo impresionado, gracias.

    • Charly
      Posted at 11:46h, 21 enero Responder

      la foto es tuya y los relatos también, me gusta que uses la palabra enganchar. gracias por participar!

  • Oscar Lopez Castedo (@OscarCastedo)
    Posted at 13:18h, 16 enero Responder

    Gran relato!! buena ruta y disfruta!! as usual 🙂

    • Charly
      Posted at 11:45h, 21 enero Responder

      as usual, thanks!

  • Antonio
    Posted at 13:43h, 16 enero Responder

    Tu forma de escribir cada dia es mejor…es imposible que no enganches!
    Un abrazo desde Madrid!

    Desafio Aafrica 2014!

    • Charly
      Posted at 11:45h, 21 enero Responder

      Abrazo y ánimo con ese desafío

  • suso palmeiro
    Posted at 14:56h, 16 enero Responder

    Gracias por contarnos..
    ..y que no decaiga el humor..

  • Juan Alvarez Gomez
    Posted at 19:16h, 16 enero Responder

    BUENAS, BUENA NARRACION , COMO SI ESTUVIESE AHÍ SIGUE ADELANTE……. SUERTE!!!!!!! CAMPEON

    • Charly
      Posted at 11:44h, 21 enero Responder

      gracias Juan!

  • rococa
    Posted at 19:54h, 17 enero Responder

    Es un placer leerte Charly,como siempre…

  • Aitor
    Posted at 00:58h, 20 enero Responder

    Aupa charly!!!! da gusto leerte, sigue disfrutandolo y contandolo

  • Viajar en moto por Namibia, del desierto al Fish River Canyon
    Posted at 18:13h, 04 febrero Responder

    […] información en https://www.sinewan.com, sinewan.com/wp/namibia-en-busca-del-desierto-y-la-duna-45/, sinewan.com/wp/la-soledad-de-namibia-viajar-sandiriam/ y […]

  • Angel Alvaro Bayon
    Posted at 19:23h, 08 febrero Responder

    te he descubieto tarde pero ya me he enganchado..gracias charly por compartir viajes y experiencias…eres un crack.

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