Charly Sinewan | Robo en Mozambique. Relato
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Robo en Mozambique. Relato

Robo en Mozambique. Relato

Nacala es una horrenda ciudad levantada sobre un paraíso natural. Es triste lo que “el progreso” y la mano del hombre pueden hacer donde antes tan sólo había una bahía natural, un mar en calma y una frondosa vegetación. Nacala es quizá el mejor puerto natural que conozco. La bahía es enorme, está protegida del océano y es exageradamente profunda. Tanto que los rumores dicen que en su fondo, Estados Unidos esconde submarinos.

Chris y Deborah son misioneros evangelistas. Llegaron aquí hace siete años desde Zimbabue, su país de origen. Apenas había infraestructuras. Se asentaron sobre a una playa sacada de una postal, donde se estaban terminando las obras de construcción de la iglesia, una escuela, dormitorios para estudiantes y un taller de carpintería. En estos años han visto como el progreso les ha ido invadiendo, con lo bueno y con lo malo. Aquí me alojo junto a mis amigos los Zapp, a unos cinco kilómetros de la ciudad y donde todavía se respira paz, aunque quizá por poco tiempo. Dentro de poco abren una refinería y un nuevo aeropuerto internacional. Nacala es uno de tantos lugares que nunca será lo que fue.

Mientras tanto, y aprovechando el parón, seguimos con la historia. Estábamos en la playa de Chocas, festejando el reencuentro con la familia Zapp.

Acampado en Mozambique. SInewan.com copia

El Robo

Los chicos se meten en el coche a ver una película. Su habitación es una tienda de campaña que se despliega en el techo del Graham. Cande, Herman y yo bajamos a la playa. La luna se refleja en la arena húmeda, la marea está muy baja y la playa se ha multiplicado. Sentados en el suelo seguimos charlando y festejando con una botella de Amarula (un licor sudafricano similar al baileys) que traía en el equipaje.

Nos interrumpe Pampa, el hijo mayor de los Zapp. No encuentra el ordenador. Cande marcha con su hijo mientras Herman y yo seguimos en calma unos últimos minutos. La voz de Cande nos transporta a una nueva y opuesta realidad. El ordenador ha desaparecido.

Cuesta creer que mientras cenábamos a pocos metros del coche, alguien entrara y se llevara una mochila con un ordenador. No es sólo la pérdida material, ni el valioso contenido de viaje que guardaba su memoria. Es mucho más que eso, es una sensación de violación, de que alguien vulnera tu intimidad y se lleva lo que es tuyo. Candelaria y Herman apenas duermen durante la noche. A pesar de llevar catorce años viajando en un coche cuyas puertas no cierran bien, esto es nuevo para ellos.

Ha comenzado un gran aprendizaje para todos. No tenemos ni idea de lo que va a acontecer, pero días después Herman y yo tendremos una conversación que cerrará un círculo que acaba de comenzar a trazarse.

A pesar de la mala noche la familia Zapp se levanta de buen humor, como cada mañana. Es un espectáculo verles arrancar el día, llegar de uno en uno y sentarse todos juntos a desayunar. Los niños tendrán cole como casi todos los días, pero no hay un horario que cumplir. Herman y Cande trabajarán duro para que el viaje continúe, pero no tienen la presión de una hipoteca, un jefe o una factura que está por llegar. Las preocupaciones son otras. Como diría Herman, ellos no tienen problemas sino desafíos. Hoy todo pasa por intentar recuperar el ordenador. Para ello lo primero es ir al pueblo, poner una denuncia en la policía y quizá ofrecer una recompensa. Herman se va caminando al pueblo para comenzar el trámite.

–    ¡Suerte!, te esperamos para comer -, le decimos ilusos.

Comienza el surrealismo africano. Póngase cómodo querido lector, que esto no ha hecho más que comenzar.

La comisaría es un antiguo edificio de hormigón roído por la dejadez. Dos mesas desniveladas soportan el peso de una montonera de papeles arrugados, coronadas por un par de piedras que evitan que se vuelen y se pierda el desorden. El techo está hundido. La puerta que comunica con el despacho del sargento tan sólo es un hueco. Tampoco hay sargento porque no está. Herman espera sentado en una silla de plástico junto a un lugareño que se ha convertido en su ayudante. Tiene una moto con la que puede ir a buscar a la autoridad, pero no tiene gasolina. Herman abre el grifo por primera vez. Ha de pagarle para que ponga combustible. El proceso es largo pero por fin aparece el sargento. Viste de paisano, con una camisa rajada por varios sitios.

El vendedor de camarones es el primer sospechoso. Ayer estuvo en la playa y mientras comerciaba con su producto no quitaba ojo de todo lo material de los Zapp. Hay que ir a buscarle pero al parecer el sargento no puede ir porque no puede dejar la comisaría vacía. Lo dice convencido, a pesar de que Herman ha esperado en la comisaría vacía una hora larga. Tendrá que ir su ayudante, un tipo hindú, mal vestido y que apenas habla. No tiene como ir así que Herman le pide al motero que le lleve. Éste se niega porque al parecer el ayudante del sargento no es policía. – ¿Entonces quién es este tipo?, pregunta Herman. – Es el pintor -, contesta el motero. Estamos en tiempo de elecciones y parte de la policía está en Nampula como refuerzo. El pintor, al parecer, se ha convertido en ayudante de policía. Al final acceden a ir ambos a por el vendedor de camarones. Para poder volver los tres necesitan otra moto. Le piden más dinero a Herman, pero éste se niega. Ningún problema, se van dos en una moto y ya volverán tres. Qué más da, el sargento ni se inmuta e incluso le parece lo más correcto.

Mientras, en la playa, Pampa y yo hemos preparado un fuego para asar un par de pollos a fuego muy lento. Así esperamos a Herman, pensamos ilusos. Pero éste sigue esperando sentado sobre la misma silla de plástico. Por fin aparece el vendedor de camarones, que rápido acusa a un tercero. El nuevo sospechoso se llama Mentinho, no es la primera vez que roba a turistas y anoche le vieron paseando por la playa. Esta vez sí hacen falta dos motos para ir a buscarle a su casa así que Herman tiene que pagar gasolina de nuevo. Entre tanto el hindú de profesión pintor y ayudante de sargento en funciones, no hace más que pedirle dinero. Asegura tener hambre, mientras se rasca la panza y tuerce el gesto. Para terminar con el gasto en dietas del día de hoy, sumemos que Herman ha comprado refrescos para todos y saldo para el teléfono del sargento, que no tenía y por tanto no podía cumplir con sus investigaciones policiales.

El primer capítulo termina a las seis horas de comenzar. La cómica cuadrilla regresa sin éxito en su misión. Mentinho no está, ha ido a Ilha de Mozambique, lo que le confirma como sospechoso porque si tiene el ordenador y quiere venderlo, ese es  el lugar para hacerlo. Además se sabe que fue en barca, el capitán que le llevó asegura que viajaba con un saco del que no se separaba ni un instante. Parece claro que ha sido él. Esta noche irán de nuevo a su casa para que cante. Herman vuelve paseando hasta nuestro campamento. El surrealismo africano le ha chupado mucha energía pero mantiene su buen humor. Disfrutamos las últimas horas del día juntos. Veremos qué pasa mañana.

Herman Zapp en Chocas. Sinewan.com

Por la mañana recibimos una llamada. La policía de Ilha ha arrestado a Mentinho. La noticia nos la da Amine, un chico de Chocas que trabaja en un hotel, habla buen inglés y al que Herman llamó ayer pidiéndole ayuda. A lo largo de la mañana vendrá a buscarnos y nos acompañará. Sin embargo las horas pasan y no llega. Cuando finalmente aparece es muy tarde. Viene con el vendedor de camarones, que se ha tomado la misión muy en serio porque al parecer no es la primera vez que le acusan por un robo de Mentinho y quiere que todo se aclare.

Cada vez todo es un poco más absurdo. Tenemos que ir a Ilha de Mozambique con nuestros dos ayudantes, que piensan sonsacarle a Mentinho qué ha hecho con el ordenador. Probablemente tendrán que cascarle para que hable. Pero para sacarle de la comisaría hace falta que venga un policía de esta zona, que es donde se ha cometido el delito y donde está la denuncia. El problema es que no hay un solo vehículo policial en todo el distrito porque todos se están en Nampula por el tema de las elecciones. Así que le tenemos que llevar nosotros. Somos cinco y si todo va bien, volveremos seis, contando con el preso. La opción más económica es ir en el Graham de Herman.

El Graham de los Zapp está muy viajado, es sabio y sabe que la misión es completamente irracional, así que no anda. Arranca pero se ahoga y no va. Pensamos unos minutos como ir cinco personas a la isla sin que el coste supere el valor del ordenador. El resultado es el siguiente: Herman se va en barca de vela roída con los dos ayudantes. Paralelamente yo voy en moto a recoger al policía y nos encontramos allí.  Estamos en la playa de Chocas, en frente de Ilha de Mozambqiue. La travesía en barca de vela roída apenas lleva media hora. En moto he de sortear un enorme manglar y son sesenta kilómetros por pista llena de agujeros y bancos de arena. Antes he de recoger a un poli en un pueblo, a mitad de camino.

Herman y Sinewan con Graham

El comisario y sus dos secuaces me esperan. Entramos en un desangelado despacho, nos sentamos y repasamos uno por uno todos los acontecimientos hasta la fecha. Finalmente me pregunta cuál es el plan. Yo, que a estas alturas de la historia soy parte del surrealismo, le detallo nuestro plan.

– Mi amigo Herman viaja en este momento en barca de vela roída a Ilha de Mozambique, con dos tipos a los que apenas conocemos. Un vendedor de camarones ofendido por la sombra de la sospecha que parece perseguirle, y una trabajador de hotel dotado de un buen nivel de inglés. Usted y yo nos dirigiremos a la isla en moto, circulando de noche por una pista llena de agujeros. Usted además vendrá sin casco. En la isla todos nos reuniremos en la comisaria. Con el poder de su placa sacaremos al preso. Una vez nos hayamos alejado de la comisaría, en algún rincón oscuro, nuestros ayudantes le sonsacarán dónde está el ordenador. Por lo que dicen parece que lo harán sea como sea, cascándole si hace falta. Tengamos el éxito que tengamos, habrá que traerle de vuelta hasta aquí. Como la barca no llega hasta su pueblo tendremos que traerle en moto, pero como tres personas, preso incluido, no cabemos en la mía, hemos tenido una brillante idea: alquilar una moto allí y que su propietario lleve al preso. Usted y yo le seguiremos muy de cerca, por si intenta escapar.-

Unos segundos en silencio y el comisario sentencia tajante.

–    ¡Excelente!, lo único es que yo no puedo ir, ha de ser uno de mis secuaces, el que no lleva uniforme.-

Nuestro nuevo poli está rechoncho, se ha vestido de largo para la travesía y una fabulosa gorra protegerá su cabeza. Cuando ve la moto se acojona. Yo le aseguro que iré despacio, más que nada porque temo por mis suspensiones.

La barca tarda más de una hora en recoger al resto de la expedición, así que llegamos a Ilha más o menos a la vez. Lo primero que hago es parar a comprar una botella de agua. El poli se rasca su tripa rechoncha. Tiene hambre, dice, pidiéndome que le dé dinero. Ni siquiera tiene la poca vergüenza de pedir comida. El gesto mozambiqueño para mendigar es rascarse la tripa. Le ofrezco un trago de agua como mi mayor oferta, pero no acepta. Lo que desea es dinero. Seguimos camino. Herman Zapp y Sinewan en comisaria Mozambique

La comisaría de Ilha de Mozambqiue es un edificio de excelente arquitectura colonial decadente. Gran parte de la isla es así, el tiempo parece haberse detenido y lo único que aguanta y recuerda tiempos de esplendor, son los cimientos de magníficos edificios, tomados por el África más profunda.

El comisario está cenando así que toca esperar. A las dos horas empezamos a desesperar. Hemos comprado saldo para el teléfono de nuestro policía, que no hace otra cosa que rascarse la tripa y pedir dinero. Herman está preocupado por su familia, que está sola en la playa. Por fin el poli habla con el comisario. Hasta mañana por la mañana no pueden soltar al preso. Parece que nos vamos con las manos vacías. Intentamos que el poli se quede y lo saque él por la mañana pero se ofende. Al parecer le estamos maltratando, no le hemos dado de cenar y pretendemos dejarle aquí tirado sin dinero para un hotel. Ni discutimos, le monto en la moto y le llevo de vuelta a casa. Herman vuelve en barca con el cuerpo especial anti hurto de la playa de Chocas.

Dos horas largas después llegamos al campamento. Herman ha sufrido una marea muy baja que ha hecho encallar la barca y ha terminado caminando más de una hora con agua hasta la rodilla. Yo he sufrido la falta de combustible, que nos ha hecho adentrarnos en los confines más profundos de África en busca de gasolina en botellas. Un chico de un pueblo nos ha guiado por callejuelas oscuras de arena hasta llegar a un cruce donde mi moto no cabía. El poli ha seguido a pie con el chaval en busca de la gasolina mientras yo esperaba. Al apagar las luces de la moto, la vista se ha ido acostumbrando a la oscuridad hasta darme de bruces con la realidad. Decenas de personas me rodeaban, durmiendo en el suelo, encima de camionetas o en cualquier rincón medianamente plano que se pueda imaginar. Cuesta creer que mañana todos estos seres humanos se levanten de buen humor. Pero lo cierto es que la mayoría me sonreirán cuando me vean. También, cosa que no termino de entender, casi todos me pedirán dinero. Esto no pasa tanto en el resto de África que conozco.

El desenlace

Por tercer día amanecemos en la playa. Apenas hablamos del ordenador, ya lo hemos dado por perdido. Sin embargo al guionista le está gustando la historia y hace sonar el teléfono de Herman. Es Amine de nuevo, parece que Mentinho ha cantado y si vamos a Ilha de nuevo, podemos recuperar el ordenador. No nos queda otra que terminar el desayuno y enfrentarnos a una nueva misión especial.

Hoy Amine no puede venir porque trabaja. El vendedor de camarones ofendido nos espera en Ilha con un nuevo ayudante que también habla inglés. Esta vez vamos todos en barco. Nos acompañan Pampa y Tehue, los hijos mayores de los Zapp. Candelaria se encarga de la educación académica de ellos, siguiendo el sistema argentino. Pero el viaje les permite además, formarles constantemente sobre la vida. Cualquier momento es bueno para hablar de biología, historia, geografía o humanidad. Por eso Herman quiere que vengan y vean todo lo que va a acontecer.

Barca de vela roida en Mozambique. Sinewan.com

Herman, Pampa, Tehue y yo llegamos a Ilha de Mozambique en barca de vela roída. En la playa nos espera el vendedor de camarones con un nuevo intérprete, el amigo de Amine. Antes de dirigirnos a la comisaría, trazamos un plan muy sencillo.

– Tú nos traduces todo del portugués al inglés. Aunque lo entendemos bastante bien, será mejor así para negociar con la poli, que nos pedirá dinero si aparece la computadora-.

–    Ale, pues vamos –

Llegamos a la comisaría. Milagrosamente está el comisario. Nos recibe en su mesa, custodiado por dos secuaces. Nuestro intérprete habla con él, Herman asiente y el comisario termina dando la orden de que traigan al preso. Yo estoy sentado en un lateral, intentando grabar disimuladamente lo que sucede.

Unos minutos después aparece Mentinho esposado. Es un chico alto y mucho mejor vestido que la media. Por su aspecto nadie diría que lleve dos días en una cárcel africana. Se sienta frente a Herman y le pide disculpas por el robo. Le asegura que va a recuperar su ordenador. Herman le sermonea levemente y le tiende la mano. Entre tanto he hecho un gesto al comisario pidiéndole permiso para filmar. Permiso concedido.

Según el complejo sistema judicial mozambiqueño, si el acusador tiende la mano al acusado, esto es más que suficiente para que a éste le quiten las esposas. Mentinho queda liberado. Ahora tenemos que ir a buscar el ordenador. Salimos de la comisaría en procesión. Mentinho primero, rodeado del intérprete y el vendedor de camarones, a unos metros nosotros, y a otros tantos los tres policías. Si Mentinho saliera ahora corriendo, los polis no le alcanzarían ni hartos de vino.

La procesión se dirige a los barrios más humildes de la isla. El urbanismo se estrecha, el olor a dificultad aumenta, los niños nos miran al pasar y las mujeres dejan sus quehaceres unos segundos para observar tan extraño grupo de personas. El camino termina en una calle estrecha, con construcciones endebles y sencillas a ambos lados. Entramos en una de ellas. Pensamos que es la casa de Mentinho, pero nada está garantizado ya, todo ha llegado a límites de surrealismo inalcanzables para nuestra capacidad de razonamiento. Mentinho se sienta frente a uno de los policías. Herman y Pampa en el otro extremo de la sala. Tehue anda fuera y yo grabo sin cesar.

Robo en Mozambique.sinewan.com

El vendedor de camarones y el intérprete han desaparecido. Presuntamente han ido al hospital, donde al parecer Mentinho vendió el ordenador. El tiempo pasa despacio y el calor es sofocante. Salimos de la casa, damos un paseo y volvemos a entrar. El policía le da unos billetes a Mentinho. ¿Por qué?, ¿están compinchados y saldan cuentas frente a nosotros?, ¿le ha comprado saldo para el móvil?, ¿le debía dinero?. Quizá Mentinho ha comprado su libertad en ese momento y esos billetes eran las vueltas. Hemos perdido el hilo de la historia.

Una hora larga después el poli recibe una llamada, le pasa el teléfono a Mentinho, éste habla con alguien y después le pasa de nuevo el teléfono. El policía asiente y cuelga. Ya han recuperado el ordenador, nos vamos de allí. Entonces, ¿qué coño hemos venido a hacer a esta casa si el ordenador no estaba aquí?. ¿No podríamos haber esperado en la comisaría mientras el vendedor de camarones y el intérprete iban al hospital a por el ordenador?.

Salimos de la casa. Caminamos unos metros hasta encontrarnos con el resto de la expedición anti hurto. El intérprete abre su mochila y saca el ordenador.

-Yujuuuuuuuuuu!!!!!!!!!!!!-, gritamos todos.

Ordenador robado en Mozambique. Sinewan.com

Misión cumplida, ya sólo queda saldar deudas y ver cuánto cuesta la broma. A todo esto Mentinho ya no está, se ha esfumado, libre como el viento.

Volvemos a la comisaría. Herman y el intérprete se sientan frente a los policías de nuevo. Es la primera vez que Herman va a pagar corrupción en catorce años de viaje. Hay dos motivos para ello. El primero es que ofrecimos una recompensa y hay que cumplir con lo prometido. La segunda es que la cámara sigue grabando y mucha gente podrá ver cómo funciona aquí la justicia.

Lo cierto es que el robo en Mozambique, o al menos en esta zona, es parte de la cultura y está completamente aceptado. De eso empezamos a ser conscientes en este momento.
El comisario recoge sonriente setecientos cincuenta meticales (unos veinte dólares) mientras el objetivo de mi cámara le apunta descaradamente. Un último apretón de manos y desalojamos la comisaría.

Comisaria de Ilha de Mozambique. sinewan.com

 

Volvemos al puerto a embarcarnos en una nueva barca. Herman intenta saldar deudas con el vendedor de camarones y el intérprete pero éstos no quieren poner precio a su trabajo. En la mayoría de planeta que Herman y yo conocemos, sería un acto de solidaridad y de compromiso ante algo perjudicial para toda la sociedad, como es el hurto a un turista. Aquí las cosas no funcionan así, si no ponen precio es porque no quieren quedarse cortos. El turista blanco es tan estúpido que a veces paga cantidades desproporcionadas. Y eso es lo que esperan los que hasta el momento han sido nuestros aliados.

Terminamos saldando deudas en nuestro campamento. La amistad se ha esfumado en un segundo, las cifras entre lo que unos ofrecían y lo que los otros esperaban, distaban mucho. Finalmente llegamos a un acuerdo y nunca más los volvemos a ver.

Herman ha terminado pagando unos cien dólares en total, entre policía, ayudantes y transportes a la isla. Mentinho está libre, que es la parte más fea del asunto. Pampa y Tehue han tramado un plan maléfico que consiste en mentir a Candelaria hasta la noche, diciéndole que no hemos recuperado el ordenador. Su alegría cuando sus hijos deciden darle la sorpresa, y la de ellos dándosela, bien vale estos tres días y esos cien dólares.

 

La lección

Los días pasan despacio. Por primera vez en un viaje estoy enfermo. El agua de Chocas, algún pescado en mal estado o una pequeña insolación, quién sabe, me han anulado un par de días. Ya estoy recuperado. Hoy llega la familia Zapp, hace un par de días que les dejé en la playa de Chocas y me vine a Ilha de Mozambique, en busca de wifi y una mesa en la que poder trabajar.

Gabriel es el dueño del hotel en el que nos alojamos en Ilha. Excelente persona que nos trata como amigos desde el primer instante. Una de sus trabajadoras me lava la ropa un día. Cuando me la entrega abre la mano esperando que le pague, pero me pide por favor que no le diga nada a Gabriel, porque se lo quiere quedar ella.

En Ilha conocemos a Maya y Cristina, madre e hija catalanas afincadas aquí desde hace tres años. Maya nos aloja la última noche y nos hincha a comer exquisito varias veces. Cristina nos invita a asistir a una proyección de cine en su centro cultural. Casi cien niños de una humilde barriada disfrutan de una película. Alguno de ellos le roba los zapatos a Tehue, que suele andar siempre descalzo.

Una tarde vemos a un pescador volver con dos pescados en su bolsillos. Se los ha robado al patrón y apenas los oculta. Camina feliz y descarado con el delito sobresaliendo de sus bolsillos.

Unos días después reanudamos el viaje. Nos dirigimos a una misión católica no muy lejana, donde nos espera la Madre Aurora. El Graham va primero, después le sigo yo y tras de mi un turismo Toyota alquilado por Nicolae y Heni, dos canadienses que están haciendo un documental sobre la familia Zapp y se han unido estos días al viaje.

Podríamos llegar perfectamente por asfalto pero a todos nos aburre profundamente. El mapa indica una pista que nos lleva directos a la misión. Ni lo dudamos. Cargamos de gasolina, giramos noventa grados y los vehículos comienzan un continuo traqueteo. Nuestra querida África rural nos recibe espléndida, como siempre. Desaparecen los ruidos y el humo negro, la gente camina feliz por los aledaños de la pista y huele a campo. Además nuestra experiencia nos dice que aquí nadie nos pedirá dinero ni nos intentará robar porque eso es un mal exclusivamente urbano y de zonas turísticas.

Sinewan&Zapp sobre puente copia

Comemos junto a un río. La estampa del coche y la moto es espectacular. Los lugareños que caminan se detienen a observar curiosos lo que está aconteciendo en sus dominios, donde presumiblemente nunca antes se vio algo parecido. Sin embargo de nuevo saltan las alarmas, muchos de ellos nos piden dinero.

– ¿Pero qué pasa en este lugar?, ¿por qué gente que no vive del turismo ve a un blanco y lo primero que se le ocurre es abrir la mano?.

La pista se va complicando por momentos y aún nos quedan treinta kilómetros para llegar al asfalto cuando anochece. Decidimos acampar. A unos cincuenta metros de la pista encontramos un buen lugar para ello. Cada cual prepara su cama y Candelaria cocina para todos. Estamos muy felices, no nos cambiaríamos por nadie en este momento. No hay mayor riqueza que la de no necesitar más de lo que se tiene.

Después de cenar recibimos la visita una cuadrilla policial, armados con Kalashnikov y alertados por la población, alarmada ante la llegada de unos tipos tan raros. El trato es muy agradable y no le ponen precio a nuestra protección, sorprendentemente.

A las cuatro y media de la mañana, la tranquila pista por la que anoche circulábamos se ha convertido en concurrida vía de comunicación. Motos, bicicletas y transeúntes comienzan el día. Cuando salgo de la tienda unas diez personas permanecen inmóviles observando el circo que ha llegado al pueblo. Los tres más listos se acercan, me saludan, se agachan al suelo y cortan un trébol del suelo. Aseguran que esa codiciada planta, un triste trébol,  la exportan. Como hemos acampado allí, les hemos fastidiado una excelente cosecha. Tras semejante parrafada se quedan callados esperando una negociación.

-Cuánto lo siento, digo, qué raro que anoche la policía no nos advirtiera cuando vino a vernos y nos permitió acampar aquí, sobre este campo de oro verde.-

Se escuchan risas del resto de espectadores. Robar o timar parece parte de un juego para ellos.

El público aumenta hasta unas sesenta personas que inmóviles observan como recogemos. Una voz nos alarma. Uno de los canadienses acaba de pillar a un tipo de camiseta negra llevándose una mochila. Sin mucha fe en su robo la deja en el suelo y se aleja unos metros, pero no termina de irse. Todos nos miramos, no podemos dar crédito a lo que estamos viviendo. El resto de espectadores permanece inmóvil y en silencio. En cualquier otro sitio le habrían cortado la mano ahí mismo.

Circo en Mozambique. Sinewan.com

Cuando por fin nos vamos, el tipo de la camiseta se acerca al Graham que sale renqueante de la zona de acampada. La mano del tipo de camiseta negra dice adiós de una forma sospechosa, piensa Pampa desde la ventanilla del coche. Tan sospechosa que haciendo ademán de despedida se acerca rápido hasta meterse dentro del coche y coger un pequeño altavoz con el que los chicos escuchan música. Pampa rápido se lo arrebata y evita tener que darnos una carrera tras el ladronzuelo. Herman baja del coche, increpa al muchacho pero poco más. Para qué, el resto de público permanece inmóvil.

Tardamos tres horas en completar los treinta kilómetros que restan al asfalto. El coche de los canadienses sufre en la arena y el barro. Por temas del rodaje ellos van generalmente los últimos. Cada vez que se queda estancado en la arena, la gente local abre la mano antes de ayudar. – Dinero dinero… -. Empezamos a estar muy cansados de esta gente.

Por fin llegamos a la misión. Una pista de tres kilómetros atraviesa una zona muy rural hasta darnos de bruces con una gran cruz, una iglesia y varias construcciones de hormigón. La madre Aurora nos espera con los brazos abiertos.

La principal actividad de la misión es sacar de la calle a niñas huérfanas. Unas cincuenta chicas viven y estudian aquí. También han creado una escuela agraria para conseguir que la población trabaje el campo y mejore su alimentación, motivo de muchas de las enfermedades que padecen. Hace unos años construyeron una pequeña presa y han conseguido que unas cincuenta mil personas beban agua limpia todo el año, aprendan a tratarla y mejoren su higiene personal. El sueño de Aurora es conseguir financiación para aumentar esa misma presa y poder tener agricultura todo el año, lo que haría el proyecto completamente sostenible.

Madre Aurora

Desde hace diez años formo parte de bonsaid, una asociación sin ánimo de lucro cuyo objetivo es promover el desarrollo del África rural a través del acceso al agua potable. En estos años he dedicado a ello un pequeño porcentaje de mi tiempo y mi dinero. Con mi reciente cambio de vida esta actividad ha cobrado más importancia. Ahora no tengo dinero pero sí tiempo. Una de mis misiones viajando es buscar lugares donde poder ayudar. Lo más complicado es encontrar un socio de confianza, alguien que se encargue del control de las obras y el posterior buen uso de las instalaciones. A los pocos minutos de llegar empiezo a plantearme intentar financiar la ampliación de esa presa.

Aurora llegó aquí hace diez años. Ha pasado cuarenta y cinco malarias, algunas muy fuertes. La misión no tiene electricidad porque el coste de traer el cable son quince mil euros y al gobierno parece que su población le da igual. No es capaz de invertir en un lugar donde se está trabajando para el progreso. Dos horas al día encienden un generador para poder cargar móviles, ordenador y ver un poco de televisión para estar informadas. Eso cuesta doscientos dólares mensuales en combustible y la austeridad de las hermanas no se puede permitir más. Realmente si pueden, pero prefieren que el dinero llegue a los que más lo necesitan.

En bonsaid nadie cobra. Los fondos son privados, amigos que nos dan dinero con la única voluntad de ayudar, a veces rascándose el bolsillo y sin esperar si quiera reconocimiento. Mi trabajo es administrar esos fondos lo mejor posible, asegurarme de que lleguen íntegros a la población y se usen para el objetivo marcado. Según pasan las horas y observo a Aurora, me parece que he encontrado un buen lugar.

Sinewan en misión de Mozambique

La madre Aurora, junto a Edit y Faustina, las otras dos hermanas peruanas, persisten en su empeño a pesar de las dificultades. Ayudar en zonas rurales de África siempre es complicado, hay muy pocas comodidades y las que hay se pagan caras. Sin embargo este lugar tiene un componente extra que quizá no se dé en muchos más sitios. En esta  tierra el robo es un hábito de la sociedad. Las hermanas lo sufren continuamente, por parte de sus empleados, de sus vecinos e incluso de sus propias novicias. Gentes a las que la misión les ha dado la posibilidad de sobrevivir y es así es como se lo agradecen. Cuesta entender como se puede convivir con eso.

Sigo escuchando mientras camino por la misión junto a Aurora y Herman. Me ha bajado la tensión, contagiado por la calma de la Madre Aurora. Sin embargo mi cabeza está invadida de contradicciones. Por momentos pienso que para qué ayudar a esta panda de ladrones desagradecidos. Al instante observo a Aurora levitar sobre su misión, trabajando desde primera hasta última hora de cada día, y veo un escenario completamente diferente. Entonces recuerdo todo lo acontecido estos últimos días, todos esos ladronzuelos perezosos que se han cruzado en nuestro camino, y vuelvo a renegar.

Aurora nos sigue contando todas sus malas experiencias mientras nos muestra ilusionada todas las instalaciones, las mejoras que han hecho, los proyectos futuros. La cabeza de Herman y la mía hace tiempo que sin saberlo van por caminos parecidos. En un momento, durante el paseo, le preguntamos a Aurora.

–    Aurora, con todo esto que nos cuentas, ¿Por qué sigues aquí? ¿Por qué ayudar a quienes no te ayudan a que les ayudes?

–    Porque lo fácil sería ayudar donde es fácil ayudar. Tenemos que ayudar donde más se necesita, aunque sea mas difícil. Yo he entregado mi vida a los más necesitados y no puedo abandonarles. Sé que es un camino largo, que los resultados tardan en llegar, pero poco a poco conseguiremos que aprendan lo básico para que mejore su vida. Eso no es darles comida y lavarles, es enseñarles a conseguirla y educarles para que entiendan que la higiene no es cosa de blancos, es universal y necesaria para evitar enfermedades y muertes. No pretendemos cambiar su cultura, tan sólo es darles la posibilidad de que la mejoren.

Tanto a Herman como a mí nos ha atizado fuerte Aurora. No lo habíamos hablado, pero ambos estábamos pensando seriamente en largarnos de Mozambique, cansados de negar limosnas y de evitar robos. Conocer a Aurora nos ha cambiado el razonamiento sobre lo que nos rodea. Probablemente seguiremos cabreándonos cuando nos intenten robar, pero quizá dejemos de juzgar los hechos bajo nuestra moral.

Criarse en un entorno en el que el noventa por ciento de la población roba o al menos lo tolera, lo convierte en hábito y por tanto lo normaliza. No puedo juzgar igual a un ladronzuelo de mi barrio que a uno de aquí. Esto no quita que me siga protegiendo y que siga viéndolo como algo negativo, pero Aurora lleva diez años aquí y convive con ello, sin perder la ilusión por ayudarles. Yo tan sólo estoy de paso, creo que he de dejar de quejarme. Lo que no tengo claro, es qué hacer con bonsaid y la ampliación de la presa.

–    No sé qué hacer Herman, creo que podría conseguir financiación para esa presa pero mi cabeza va y viene, sube con Aurora y baja con lo que hemos vivido estos días.
–    Te entiendo, pero piensa en que a quien ayudas principalmente es a Aurora, que está volcada en esto y lo necesita.
–    Creo que pensaba eso mismo, aunque al escuchártelo lo he confirmado.

25 Comments
  • dieginsky
    Posted at 00:25h, 21 abril Responder

    Me encantó tu historia! Recordar lugares y gentes

  • dieginsky
    Posted at 00:46h, 21 abril Responder

    [se me disparó el mensaje]. Parece que estuviste en “os quintalinhos”. Gran tipo Gabriel con una vida muy interesante, aunque el wifi no creo que te sirviera para subir grandes cosas el alojamiento que él mismo diseñó y construyó es maravilloso.

    Recuerdo esa sensación de que te vean como una billetera con patas. La verdad es que yo la he vivido en otros sitios, pero en Mozambique es especialmente cansino y curioso. Toda pequeña ayuda tiene precio, a todo transeúnte (sobre todo niños y policías) se le despierta el hambre en presencia de un blanco con pinta de ocioso… Pero el lado bueno es que, pese a lo cansino de esto, el carácter de los mozambicanos es muy tranquilo y amable. Incluso con los policías que te paran en la carretera puedes discutir con calma y buen humor para marcharte sin pagarles el “refresco”, nombre que recibe el soborno de turno. En muchos lugares del mato parece que la población local viviera más de lo que negocian por ayudar a sacar vehículos atorados en el barro de la carretera de turno que de lo que cultivan.

    Afortunadamente debo decir que, en mes y medio, a nosotros no nos intentaron robar (timar si, sobradas veces) pese a que, en ocasiones, lo poníamos bastante fácil…

    Mi recuerdo más desesperante es que, en muchas ocasiones, nos encontrábamos con gente con la que teníamos que interactuar y que parecía que ocupábamos dimensiones diferentes. Les podías hablar en portugués, en inglés o por gestos, que por su mirada perdida sabías que no estaba haciendo ni puto caso o, peor aún, te decía que sí a todo y luego descubrías que, en realidad, no te había hecho ni puto caso, con lo que aparecen una hora tarde cuando los esperas a las seis de la mañana en la puerta del hotel, no te reservan la habitación que has pedido y te encuentras sin alojamiento, te dan el teléfono que no has pedido después de una reunión de dos horas en la que lo único que has insistido es en que necesitas ese puñetero número de teléfono… Y, cuando intentas llamar su atención sobre el malentendido, te vuelven a mirar como si no comprendieran qué te ha molestado, te vuelven a decir que sí como a los tontos y, si tienen ocasión, te la vuelven a liar exactamente igual!!

    Lo mejor es tomárselo con humor y seguir disfrutando del viaje!! ;D

  • martin
    Posted at 01:13h, 21 abril Responder

    Que duro me parece todo ese ambiente

  • Cristina
    Posted at 11:45h, 21 abril Responder

    Vaaaaaya historia!!!! Leer las avesturas de la familia Zapp es mejor que un libro de Fantasias, solo que su historia es real!
    Creo que siempre toman la decision adecuada ante un problema del que siempre salen adelante.

    La leccion de Aurora, a traves de vuestros relatos ha llegado ahora a muchas personas, como a mi… gracias por Hacer publico lo de la corrupcion y la mision de Aurora.

    Y adelante con vuestro viaje, hermososss!!!!! animo cuando tengais momento de tension o decadencia, alimentaros de los paisajes Bonitos que os rodean!

  • Marta
    Posted at 12:42h, 21 abril Responder

    Madre mia!!! Si que hay que tener paciencia! Y realmente Aurora es todo un ejemplo! Gracias por explicar tan bien este trozo de viaje, ha sido como estar ahí con vosotros durante un buen rato! Un a razo!

  • Javier
    Posted at 17:34h, 21 abril Responder

    Esta historia es la propia definición que da la enciclopedia cuando buscas: “pa’cagalse”.

    En fin, que espero que subas lo que puedas de ese vídeo con los policías, complemento perfecto a la historia.

    Salud y laptops.

  • Ricardo Lamancha
    Posted at 19:21h, 21 abril Responder

    Con relación al arelato que me pareció estupendo…además de esos robos….hay violencia…agresión física?….Pregunto porque acá en el Río de la Plata (Bs.As.- MOntevideo)…han asesinado personas para robarle poco dinero…han golpeado brutalmente ancianos…etcssss. Estamos viviendo una era de inseguridad y violencia inusitada. Y se me ocurre la consulta porque en todo el relato y no para minimizarlos he verificado pequeños robos de cosas y sobre todo el tratar de conseguir unas monedas “a toda costa”. Estimo que es tal la desatención en Educación y otros rubros hacia esas poblaciones que aflora algo del peor del ser humano. También destaco que lograron recuperar el ordenador…eso acá imposible incluso con el costoso Estado que todos mantenemos con la pesada carga impositiva.
    Opino en parte desconociendo la idiosincracia de esas regiones, salvo por algunos relatos de viajeros, pues veo que ustedes también se sorprenden por lo que acontece particularmente en ese territorio.
    LO que si está confirmado es que la voracidad y dependencia que provoca el consumismo en las grandes urbes, hace insostenible la vida para quienes coincidimos que “no hay mayor riqueza que la de no necesitar mas de lo que se tiene”.

    • Charly
      Posted at 23:02h, 21 abril Responder

      Buena pregunta Ricardo. En todo momento el relato tiene un tono cómico, nos han robado un ordenador pero nada más, no hay drama. Es así porque la situación fue así, ni hubo violencia ni la hemos visto en todos estos días. Dicen que hay sitios donde sí puede haber asaltos con cuchillo, pero ni lo hemos visto ni lo hemos percibido. Todas las “malas experiencias” han sido con ladronzuelos, pero nada más. También he querido dejar claro que estamos hablando de una zona de Mozambique y no tiene por qué ser así en todo el país. Ladrones hay en todos los sitios, lo que sorprende de esta zona es que esté tan admitido y normalizado, que casi todo el mundo lo haga, lo intente o lo consienta. De hecho, por lo que sabemos, no es sólo con el blanco, entre ellos también se roban continuamente.
      Yo esto no lo había visto en ningún otro sitio.
      Gracias por comentar Ricardo

      • Ricardo Lamancha
        Posted at 23:09h, 21 abril Responder

        Gracias a vos por compartirlo Charly! Percibí lo que comentas pero quería ratificarlo en tus palabras. Estimo humildemente que esta gente ya toma como parte de su sustento el quitarle cosas a sus semejantes. Cierto que hay robos en todas partes, pero te aseguro que por este continente (suadmérica) hoy… te matan por un celular…literal.
        Abrazo

  • miotero
    Posted at 20:32h, 21 abril Responder

    Un buen relato, muy bien transcrito y…desalentador con ésa parte de Africa. Qué pena que la pobreza no lleve aparejada humildad, agradecimiento y solidaridad conlos tambien necesitados.

    ..aún así,, el proyecto de la presa en la misión, me parece muy beneficioso e ilusionante. Solamente por Aurora, merecería la pena. Por cierto: qué bonito nombre (Aurora); transmite alegría, ilusión, esperanza.
    Mucha salud para tí y los Trapp!!

    • Ricardo Lamancha
      Posted at 20:37h, 21 abril Responder

      Ciertamente…mas allá de la presa, decididamente el trabajo a nivel de las nuevas generaciones en ese sitio en cuanto a la incorporación de valores humanitarios…espirituales, debe ser también todo un desafío para Aurora!

  • Eduardo
    Posted at 22:55h, 21 abril Responder

    Charlie, grande la historia de Mozambique, en esencia es la historia de África, situaciones rocambolescas y que desde un punto de vista son divertidas. Recuerdo una vez atravesando Botswana en coche, un policía paró nuestro coche y nos dijo que conducía muy deprisa, después de hablar del Real Madrid y demás llegamos al Papa, nos preguntó que si nos gustaba, le dijimos que nos encantaba y nos dio su “bendición” para continuar y no tener que pagar por el “supuesto exceso de velocidad” calculado con un cacharro parecido a un secador de pelo.
    Por otro lado no soy creyente ni creo en la iglesia o la religión (ninguna), pero esto no quita que me fascine la historia de Aurora y la cantidad de “Auroras” que están por todo el mundo, no sólo en África, sino en cualquier lugar donde lo fácil sería irse y lo difícil sería quedarse, pero estas personas bajo el paraguas de “Dios” se quedan solo para cambiar nada por sonrisas, esto es admirable y envidiable, el resto de la sociedad no seríamos capaces de hacerlo.
    Un abrazo fuerte para ti y los Zapp, a los que encontramos en Namibia también conduciendo por Walvis Bay.
    Edu desde Cape Town – South Africa.

  • Norma
    Posted at 23:28h, 21 abril Responder

    Me encantó el relato…lamento todos los malos momentos vividos, pero bueno son cosas que se superan a seguir disfrutando del viaje

  • Tarque
    Posted at 03:18h, 22 abril Responder

    Has empezado pronto las aventuras del viaje! Cuanto surrealismo Carlos! Parece que sea el guión de una película de humor.
    Felicidades por el relato. Me ha transmitido mucho y es muy cercano, como todo lo que escribes.

  • Daniel
    Posted at 05:10h, 22 abril Responder

    Excelente historia y enseñanza, Aurora es una persona especial que se merece toda la ayuda posible.

  • El gamusino volador
    Posted at 11:35h, 22 abril Responder

    Se agradece que esta entrada concluya con la visita a la misión. Aunque entiendo el punto de vista de Aurora no deja de ser desalentador que hasta en los lugares más recónditos las personas se muevan por y para el dinero. En ese sentido el ejemplo de vida de estas mujeres nos ayuda a mantener la fe en la humanidad y nos recuerda que hemos de ser partícipes de lo que nos rodea si queremos vivir en un mundo mejor.

    A la historia del robo sólo le faltaba un transexual y a Rossy de Palma para ser una película de Almodóvar. Menudo cachondeo se llevan entre todos.

  • Sandra
    Posted at 15:03h, 22 abril Responder

    Gracias por compartir tan hermosas historias de vida. No conozco África pero siempre fue un lugar que desde dentro de mi corazón me llama enormemente.
    Si has decidido ayudar a Aurora y yo algo pueda hacer desde este lugar tan lejano que es mi Argentina, por favor házmelo saber.
    Gracias
    Sandra

  • Alimentando corazones
    Posted at 20:23h, 23 abril Responder

    Me encanto tu historia! Tienes mas datos sobre este lugar, email para poder ponernos en contacto con la madre Aurora?
    Gracias!

  • Bernardo
    Posted at 17:23h, 25 abril Responder

    Me gustó eso de 14 años sin pagar una coima (soborno,untar a la ley), creo que tendrías que ver el móvil del robo si es solamente por travezura o es un modo de vivir, como decís es ayudar a Aurora, el acceso al agua potable es lo más básico, desconosco si hay napas accesibles, he visto la nota de como perforan con el método japones Kazusabori, es muy lavorioso pero tiene la ventaja de utilizar métodos caseros y de fabricasion artesanal, de todos modos hay que averiguar primero si no hay piedra allá abajo o si es salado o con arsenico Etc.
    fdsfdfdffecuador loh

  • Bernardo
    Posted at 02:37h, 27 abril Responder

    Muy lindo “Herman va a pagar corrupción en catorce años de viaje”, se ve que el dios dinero corrompe en todo el mundo. Es chocante, la situacion social, quizás si te centras solamente en dar ayuda a Aurora sea mas bien para ambos y vivir de la limosna/robo se hace muy adictivo y pronto no sabrán hacer otra cosa, Ella con su hobra mantiene un refujio de gente que esté un poco mas cerca de autosustentarse.

    15000euros para tener electricidad… he pensado que esa zona handaría bien los paneles solares, en un principio es muy caro, pero a la larga es sostenible, (cargar el movil, la portatil) luego para la iluminacion Led, solamente es conseguir un panel de al menos 10 watts, con 400watts ya podes con una bnda de agua a 25 metros de profundidad, para domiciliario, no es para riego, de todos modos hay napas potables?.

  • Silvia
    Posted at 13:26h, 09 mayo Responder

    No sé si me has dejado alegre o triste… Qué distinto es todo a como vivimos y sentimos nosotros, y el no poder palparlo en directo como haces tú, me choca y me tensa… Es muy complicado. Beso enorme.

  • eduardo ferro cucalon
    Posted at 17:27h, 21 junio Responder

    Hola. No has vuelto a escribir. Te quedaste ahi o solo estas tomandote un aire para ayudar a esta gente.

  • Compartir con otra gente
    Posted at 17:43h, 10 julio Responder

    […] varios días de aventura, de encrucijadas africanas. Algunas burocráticas, otras surrealistas como el robo y recuperación de un ordenador, y varios días de aventura total por pistas embarradas. La temporada de lluvias se alargó este […]

  • Sinewan Blog | EL Mundo en Moto SinewanEL Mundo en Moto Sinewan
    Posted at 22:24h, 16 octubre Responder

    […] Robo en Mozambique. Relato […]

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