Charly Sinewan | Sudáfrica. Pistas, ríos y armas.
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Sudáfrica. Pistas, ríos y armas.

Sudáfrica. Pistas, ríos y armas.

Post anterior: Elige tu Propia Moto Aventura: Nos vamos a Lesotho, ahora veremos por dónde.

sinewan.com.babions route

Me gusta viajar despacio. Sin duda es la mejor manera de conocer y de sentir cosas más allá de pilotar una moto por sitios espectaculares, cosa que también disfruto. Pasé un par de días con Megan y Rydall en el camping de Plettenberg disfrutando del arte de no hacer nada. Después cargué la moto y me fui al pueblo en busca de una posada en la que estar solo y poder así poner al día el blog. Sin embargo no iba a ciegas.

El viaje comenzó a hablar desde el principio y me encontré unos días atrás con la familia Zapp a las afueras de Ciudad del Cabo. Ellos son los maestros del viaje, llevan trece años y al ritmo que lo hacen van dejando amigos en todas partes. La única noche que estuvimos juntos me dieron una lista de gente que merecía la pena y me podría encontrar por el camino. En Plettenberg tenía la referencia de una familia argentina que podría encontrar en “Hola Café”, el negocio de Mili, una de las hijas del matrimonio que hace quince años emigró a Sudáfrica.

sinewan.com. Stone CottageMili me recomendó el “Stone Cottage”, un lugar que resultó ser inmejorable para lo que necesitaba; paz y vistas al océano por veinte euros. Los ratos sociables los pasaba en Hola Café, compartiendo con la familia Murchio, tomando café de verdad y aderezando almuerzos con chimi churri entre acaloradas charlas argentinas que me hicieron sentir como en casa.

Entre tanto y entre todos, a través de “Elige tu propia moto aventura”, habíamos elegido ir a Johannesburgo por Lesotho y no por Botswana. Las sugerencias de Mad Dispersa y de Pablo e Itziar, habían ganado a la de Edu. Si alguien pensaba que este sistema de viaje iba a condicionarme y meterme en una especie de scalextric, estaba confundido. Lo que ha cambiado es que ahora tenemos destinos intermedios predefinidos, pero el camino hasta allí sigue estando en manos del mismo de siempre.

Una mañana en Hola Café el guionista me mandó un mensaje a través de un sudafricano amigo de la familia. No vayas a Port Elizabeth por la N-II, vete por Baviaans, una ruta espectacular a través de las montañas. Yo como siempre obedezco.

sinewan.com.Hola Café

…………………….

Día de partir. Abandono Plett sobre las diez de la mañana. Megan y Rydall me esperan en Port Elizabeth esta noche. Rápido termina el asfalto. La pista escarcea entre pinos y asciende recortando unas suaves colinas onduladas. Sudáfrica es un país impresionante, para los amantes de las motos y el trail quizá lo mejor que conozco hasta la fecha. La moto va como un tiro, o quizá soy yo que estoy emocionado, el caso es que voy zumbando sobre la pista. Si me calzo una y encuentran mi cuerpo unos días después fijo que sigo sonriendo.

sinewan.com. Camino a baviaans

La ruta por Baviaans resulta ser tal y como decían unos y otros, espectacular de principio a fin. Mi plan inicial era llegar esta noche a Port Elizabeth pero viendo lo escarzado del terreno y mis pocas ganas de tener prisa, empiezo a pensar en hacer noche por el camino. A media mañana hablo con Rydall para contarle en qué ando metido.

–    ¿Estás en Baviaans?, no te salgas de la ruta principal que voy a tu encuentro.

Eso cambia las cosas, conducir de noche no está en mis planes pero en compañía de alguien de aquí es diferente, no tiene por qué pasar nada.

La pista atraviesa el parque natural paralela a un río que tengo que cruzar hasta en cuarenta ocasiones. No es que me dé por contarlas, es que es una especie de reclamo aventurero que unos y otros me han ido anunciando por el camino. La mayor parte de las veces la pista se convierte en cemento durante unos metros y por mucho caudal que haya el paso es sencillo. Sin embargo a medida que pasan los kilómetros la pista se complica, los animales salvajes aparecen y el río deja de tener facilidades. Tanto es así que en un momento desaparece la pista y todo se convierte en río, con casi medio metro de profundidad y cantos rodados en el fondo. Antes de enfrentarme al asunto pienso en lo más importante, dónde poner la cámara. Puedo hacerlo antes de entrar enfocando al culo de la moto o al final del río, enfocando el frontal. Claro que por qué no ponerla en el medio, debe haber unos cuatrocientos metros de largo antes de pisar tierra firme. Dicho y hecho. A mitad de río dando botes entre cantos rodados me acerco a la orilla y aparco en una pequeña playa que se ha formado. El ángulo es perfecto. Dejo la cámara grabando para la  gran toma y me incorporo suavemente al cauce del río. Demasiado suave. La moto se engancha, acelero pero no sale. Todo lo contrario, se ha enterrado. He de bajarme de la moto para sacarla de allí no sé muy bien cómo. Menos mal que mis botas son impermeables. Lástima que el agua me llegue casi a la rodilla.

Captura de pantalla 2013-06-25 a la(s) 14.36.24

Decido volver a por la cámara y no quedarme sin batería, esto tiene pinta de que va a ser largo. Entre la adrenalina y yo conseguimos sacar en vilo la moto del agujero sin descargarla. El problema es que ahora la moto no se sostiene. Sin soltarla avanzo haciendo equilibrios entre cantos rodados hasta tener bien agarrado el manillar. Sin montarme arranco, meto primera y suelto embrague tajante mientras meto un acelerón que haga avanzar unos metros la rueda trasera y salga definitivamente del agujero. Lo consigo pero todo es tan brusco que la moto se lanza de lado contra el suelo, encontrándose conmigo en su camino. Caigo a la orilla del río con la moto encima. Me entra la risa, supongo que no es lo normal en estos casos pero es que a mi estas situaciones me divierten. Levanto la moto ligeramente hasta poder escurrirme y ponerme de pie. Pongo la moto de nuevo recta sin mucho esfuerzo a pesar del exceso de equipaje que manejo. El sitio ya parece más estable, creo que podemos irnos. Lástima que nos quedamos sin toma. Ni de coña,  avanzo unos metros y pongo la cámara en el lateral, no es tan buena como la anterior y el tramo es menos profundo, pero al menos no nos vamos de vacío. Dicho y hecho, salimos de allí como si nada. Adoro esta moto.

Queda una hora escasa de sol. Hace rato que la pista empezó de nuevo a ascender y el río desapareció. Veo un foco a los lejos, es Rydall. Nos fundimos en un abrazo. Ha hecho ciento cincuenta kilómetros para encontrarnos, pero su sonrisa bien lo vale. Esta droga de montar en moto es buena mierda. No vamos bien de tiempo, seguimos metidos en el parque natural y por la noche Búfalos y Leopardos salen a cenar. Hace unos días alguno de ellos se comió a un turista que decidió dar un paseo nocturno.

A las seis de la tarde y con la noche ya cerrada llegamos a la garita, salimos pues del parque natural y estamos a salvo. Descasamos unos minutos y nos ponemos rápido en marcha, en un par de horas estaremos haciendo barbacoa y bebiendo vino. Rydall sale escopetado. Salgo detrás pero algo no va bien. La rueda delantera está pinchada. Mal sitio y mal momento, huelo el peligro. Rápido saco el compresor y meto aire esperando que sea tan solo un pequeño orificio que me permita avanzar al menos hasta llegar al asfalto. La fiesta dura un kilómetro escaso y la rueda está de nuevo en el suelo. Rydall no viene. La noche es cerrada y las luces de la garita quedaron ya muy atrás. No creo que los animales salvajes entiendan exactamente dónde termina el parque natural, si tienen hambre es posible que huelan carne fresca y se acerquen. Pasa un coche destartalado y varios rostros negros me miran.

Siempre que he tenido algún susto viajando ha sido de noche. Además estoy en Sudáfrica, las estadísticas dicen que aquí es donde más probable es que me asalten.  Por fin llega Rydall.

-    ¿Qué te pasa?
-    He pinchado, ¿tienes spray?
-    No, pero tengo varias bombonas de aire comprimido.
-    No creo que funcione.
-    Intentemos llegar a la gasolinera, son cuarenta kilómetros. Estamos en muy mal sitio para cambiar la cámara.

A razón de una bombona cada cinco kilómetros llegamos al asfalto. Quedan todavía unos veinte kilómetros hasta la gasolinera, pero ahora podré ir más rápido. Sin embargo el pinchazo ha ido a más, a falta de quince kilómetros se nos han agotado las bombonas y la moto es ya inmanejable.

-    Ya no va Rydall, avancemos hasta esas luces y cambiemos la cámara.

Unos metros después me detengo junto a unas casas. Me da que este sitio no es el apropiado, pero espero que Rydall se ponga paralelo y me lo confirme.

-    Aquí no Charly, sigamos.

Su cara es un poema, es una barriada negra y eso para un sudafricano blanco es sinónimo de problemas. Para mí, como blanco no sudafricano, probablemente también, pero no lo tengo tan asimilado. Estoy acostumbrado a viajar protegiéndome de los malos, sean del color que sean. Aquí el color de piel ya te hace sospechoso. No quiero entrar en ese juego pero tampoco puedo mirar a otro lado como si el crimen no existiese, es una realidad y en la gran mayoría de ocasiones son negros los que delinquen.

Unos metros después paro frente a algo parecido a una mansión con una entrada de garaje iluminada tenuemente por un par de farolas. Metemos la moto hasta la puerta del garaje, cerrada a cal y canto y con cámaras de seguridad que nos apuntan. No hay luz en la casa ni tampoco perros, cosa rara en este país. El sitio parece perfecto para arreglar el pinchazo. Estamos algo resguardados de los pocos coches que pasan por la carretera, no es fácil que nos vean. Nos ponemos con la tarea.

Pasa un grupo de chavales caminando. Se acercan hasta el muro de la casa que linda con la carretera, a unos diez metros de nosotros. La luz de las farolas es tenue y la luna no alumbra lo suficiente, apenas divisamos sus siluetas. Son siete, dos de ellos algo mayores y el resto parecen críos. Comentan, ríen y no dejan de observarnos. Seguimos a lo nuestro pero Rydall vigila continuamente, algo no le gusta. Saca un cuchillo de un bolsillo y me lo da.

-    Toma, por si las moscas.
-    ¿Tú crees? Parecen niños.
-    Son siete y dos de ellos algo mayores, si te fijas se están acercando poco a poco.

En el África negra que conozco hace rato que ya estarían rodeándome, curiosos por ver a un hombre blanco arreglando una moto enorme. Pero Sudáfrica es otra cosa, ni es Europa ni es África, es un lugar complejo en el que unos y otros se miran siempre con desconfianza.

Rydall no quiere seguir con esta situación y toma la iniciativa. Pasea despacio hasta la carretera, a unos cinco metros de los chavales pero sin acercarse a ellos. La luz ilumina su silueta lo suficiente para que nuestros enemigos, si es que realmente lo son, vean que Rydall ha desenfundado su pistola y apunta con ella al suelo. Pura metralla intimidatoria, los siete salen de allí escopetados y ya no vuelven a aparecer.

-    Es viernes Charly, estos chavales fuman mierdas que los vuelven locos. Se van acercando hasta que sin darte cuenta, tienes un cuchillo en el cuello. Ya no nos molestarán más. Te recomiendo que al menos lleves un buen cuchillo a mano mientras estés en Sudáfrica.

Me cuesta entender esta forma de vida en la que te vas de ruta en moto y has de hacerlo con un arma. No todos los sudafricanos blancos van armados pero sí la mayoría. Armas de fuego, cuchillos o sprays de pimienta. Yo sin embargo no puedo ni debo hacerlo. Ir armado significa estar dispuesto a combatir, algo que no sé hacer y por tanto las consecuencias podrían ser catastróficas. Una vez sacas un cuchillo has de saber qué hacer con él porque rápido tendrás uno intentando rebanarte el pescuezo. Mi único ejercicio para salir con vida en caso de asalto, y no es nada fácil, es concienciarme de no poner resistencia. Me imagino un tipo que me levanta mis cámaras o mi moto y no sé muy bien cómo reaccionaría. Depende del número y tamaño de los malos puede que me revuelva. No sabemos quiénes somos hasta los momentos críticos en los que aparece nuestro verdadero yo. Nunca antes de hacer estos viajes hubiese imaginado que soy capaz de intentar escapar de un policía corrupto en Burkina Fasso o meter una hostia a un iraní que me intentaba quitar las llaves de mi moto. No tenemos ni idea de quiénes somos. Si me asaltan puede que me defienda y probablemente será un error. De todas formas no creo que pase, la estadística juega a mi favor. La prudencia además es el mejor arma de defensa.

Sin embargo he vuelto a cometer una insensatez. Cuando pinché entre Namibia y Sudáfrica me cambiaron la cámara en el primer taller que encontré. No tenían recambio para llantas de 21 pero sí de 19, cosa que funcionó perfectamente. En un taller con buena herramienta puedes colocarla sin mayor problema. La que llevo de recambio también es de 19. Una de las tareas que quedaron pendiente en la frenética preparación de este viaje fue comprar dos buenas cámaras y sustituirlas en Ciudad del Cabo. Pensé hacerlo al llegar. Luego pasó lo que pasó y entré en un túnel del que sólo pensé en escapar sin mirar atrás, así que me fui sin solucionar el problema pensando en hacerlo por el camino. Probablemente lo habría hecho en Port Elizabeth donde estaba Rydall y su taller de confianza. Demasiado tarde, el guionista me ha mandado un ultimátum. O le das importancia a estas cosas a tu exceso de confianza te puede jugar una mala pasada. Si no hubiese venido Rydall habría parado antes a dormir, pero dependiendo en qué momento hubiese pinchado, me podría haber visto de noche dentro de un parque natural con animales chungos y sin poder arreglar el pinchazo, porque lo cierto es que no podemos. La cámara entra muy justa y con los desmontables de juguete la hemos vuelto a pinchar al meterla. Nos toca parchearla y volver a intentarlo.

-    ¿Podemos llamar a alguien que venga en un pick up?
-    A esta hora no, puedo ir a por mi furgoneta y venir.
-    Por mi genial.

Rydall se queda pensativo unos instantes hasta que niega con la cabeza. No me quiere dejar aquí solo. Saca el teléfono y llama a su mujer.

– Cariño, despierta a los niños, mételos en la furgoneta y vente a buscarnos, no podemos arreglar el pinchazo.

Casi dos horas después aparece Megan. La generosidad de esta familia no radica exclusivamente en el hecho de que Megan ha tenido que sacar de la cama a dos renacuajos y ha conducido dos horas de noche con problemas de visión nocturna y con un revolver entre las piernas. Lo que fascina es ver a Megan llegar sonriente y emocionada por cumplir con la tarea encomendada. Mientras esperábamos Rydall y yo no hemos parado de charlar de la vida, de nuestras miserias y nuestras alegrías. Cada lunes arranca su furgoneta y viaja a Ciudad del Cabo, descarga, carga, y sin dormir vuelve a Port Elizabeth. Con lo que gana y el mísero sueldo de Megan consiguen vivir muy justos. Cuando le he pedido disculpas por mi estúpida cabeza y no llevar el repuesto adecuado no ha dudado en su respuesta.

-    Tranquilo Charly, me lo estoy pasando muy bien, al menos esto es diferente al día a día.

Al día siguiente sin descargar la moto nos vamos al taller. Pasamos junto a una urbanización de blancos, amurallada y con alambre electrificado como todas.

-    Hace años compré una casa ahí. Entonces no teníamos medidas de seguridad. En cinco meses me robaron tres veces. No me quedó otra que venderla.

Sudáfrica es un país muy diferente al resto de mundo que conozco. Viendo el asfalto, las señalizaciones, las gasolineras y los centros comerciales, podríamos perfectamente estar en Australia. Sin embargo vamos en la parte delantera de la furgoneta con Jessica entre nosotros, su hija menor. Ninguno llevamos el cinturón de seguridad. Por los laterales de la carretera deambulan negros desarrapados mientras por el otro carril nos acaba de pasar un Porsche a toda velocidad. Su conductor probablemente vaya armado.

Por cincuenta euros cambio la cámara delantera por una reforzada, compro otra de repuesto y metemos gel anti pinchazos en ambas ruedas. Espero no volver a pinchar en un tiempo.

Quizá el guionista quería cerciorarse de que ponía la moto a punto antes de la sandez que pienso hacer en las próximas fechas. Esto tampoco es cosa mía sino suya, hace días que me manda mensajes de por dónde he de ir a Lesotho si quiero disfrutar de algo diferente de verdad.

Seguimos viaje. Gracias por acompañarme, los placeres son mayores si son compartidos.

Mañana vídeo

22 Comments
  • Porrester
    Posted at 11:20h, 26 junio Responder

    La Sudáfrica real! Afortunado tu Charly… Muchas gracias por compartirlo. Un abrazo fuerte para ti y la familia Staples.

  • Kerguelen
    Posted at 11:28h, 26 junio Responder

    Joder Charly… da un poco de miedo…. el guinista nos ha salido un poco tremendista en esta ocasión…

    Qué guapa la pista esa y qué guapa la cúpula que llevas. Qué tal va?

    Saludos

  • Ra
    Posted at 11:39h, 26 junio Responder

    Buena aventura Charly! Sigue disfrutando… pero por el día 😉

  • marins
    Posted at 12:09h, 26 junio Responder

    Increíble, que bueno Carlos, me acaban de tirar un clip a la cabeza…me había quedado aquí apoyada leyendo…absorta…Feliz viaje amigo, me alegro de que no sepas ni en que día estás, un beso.

  • Adolfo LULO Ferreira Pechs
    Posted at 12:27h, 26 junio Responder

    .
    Juuuder Carlos, has tenido buena fortuna compañeiro…

    … pero NO tientes mucho a la suerte, porque existe algo llamado “The Murphy Law”

    Cuidate maderfacker como diría MrKicks & Keep rolling mate.

    – LULO –

  • Anónimo
    Posted at 13:17h, 26 junio Responder

    Que barbaridad !!!, pero que adrenalina, y sobre todo que envidia sana, aunque creo que eso de “sana” no existe. Un abrazo y enhorabuena. Sois un ejemplo y una gran alternati.va de vida.
    Miguel Mollá

  • Ruben
    Posted at 13:39h, 26 junio Responder

    Gracias Charly. Como siempre es grato leerte, haces que me evada de mi rutina durante un rato y eso se agradece.

    Sigue así, V`sssss

  • Ciscu Martinez
    Posted at 14:34h, 26 junio Responder

    Muy bien si señor…posiblemente de las cronicas que más me han gustado….cuidate nen.

  • DANIEL SANCHEZ
    Posted at 18:58h, 26 junio Responder

    gracias por compartir tus vivencias hago de cuenta estoy viajando jajaja abrazo y buenas rutas che

  • Mikel Veinte
    Posted at 20:56h, 26 junio Responder

    very good my friend

  • Carolina
    Posted at 21:47h, 26 junio Responder

    parece que estoy leyendo “Desgracia”!
    besos

  • perthes
    Posted at 09:36h, 27 junio Responder

    Parece ser que Sudáfrica no es el país que nos vendieron en el mundial. (Ya lo intuía :D)

    Gracias por mostrarlo.

  • Iñaki
    Posted at 11:46h, 27 junio Responder

    Ahgg!!! Otra vez enganchados a este jodido madrileño… ;-p
    Será tu prosa costumbrista… pero, una vez más, resulta adictiva.
    Gracias x compartirlo.
    Seguimos viajando contigo!

  • Vídeo: The Baviaans Road with Rydall — El mundo en moto Sinewan
    Posted at 17:42h, 27 junio Responder

    […] Post anterior: Sudáfrica: Pistas, ríos y armas. […]

  • zenmon
    Posted at 18:48h, 27 junio Responder

    vale… ya estas en las buenas Charly!

  • Miguel Ángel Morillas
    Posted at 08:47h, 28 junio Responder

    Otra lectura fascinante. Pero ten cuidado, coño! Que nos preocupas!

  • Ferney meneses G.
    Posted at 09:31h, 28 junio Responder

    Charly, excelente. Fuerza y éxitos en la travesía. Saludos desde Colombia Suramérica.

  • Ainhoa
    Posted at 01:02h, 29 junio Responder

    Mmmmm, don bolis, minipunto

  • Comenzando el periplo
    Posted at 09:43h, 12 julio Responder

    […] viajar a través de destinos que me sugieran los lectores de mi blog https://www.sinewan.com. Eso se plasma en un mapa y a medida que avanzo voy preguntando hacia dónde dirigirme, a través de […]

  • paratito
    Posted at 12:49h, 15 julio Responder

    Madre mía!!!!!
    Cuando estabais reparando el pinchazo y se acercaba aquel grupo de siete……..me habría hecho caquita seguro!!!
    No sé si por ver que es lo que se avecinaba o por ver la cara de preocupación de mi compañero.
    Suerte que como siempre, todo acaba bien.
    Un abrazo.

  • Ciudad del Cabo - Madrid - EL Mundo en Moto SinewanEL Mundo en Moto Sinewan
    Posted at 21:08h, 06 febrero Responder

    […] Post 10. Sudáfrica. Pistas, ríos y armas. […]

  • Vídeo: The Baviaans Road with Rydall - EL Mundo en Moto SinewanEL Mundo en Moto Sinewan
    Posted at 18:35h, 19 mayo Responder

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