Charly Sinewan | ewan mcgregor
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Vuelta al Mundo en Moto Sinewan. Capítulo anterior

En Bali, Indonesia, en la habitación del hotel Caminni, encerrado forzosamente 24 horas.

La cosa pintaba mal, la imagen del taller vista desde fuera no transmitía seguridad mecánica alguna. Tampoco tenía certeza de que alguien a las dos de la tarde viniera a abrirme. El calor ya era angustioso, especialmente para mis pies y piernas protegidos con ropa  preparada para aguantar una rozadura de asfalto en velocidad durante diez segundos sin romperse, pero no para tomar el sol. La única sombra era la del árbol en el que me apoyaba y que no dejaba de llorar molestas pequeñas ramas. Me apetecía cerrar los ojos pero tenía a la vista todo mi pequeño patrimonio.

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En Kuta Lombok, Indonesia, en un hotel frente al mar,seis meses después de abandonar Madrid.

La última vez que escribí estaba en Batukaras, un pequeño paraíso surfero en el que me quedé unos días descansando después de llegar muy cansado y muy sudado. La idea era afrontar después pausadamente el camino hacia Bali, ruteando y turisteando por Java, la isla más poblada del mundo.

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En Batukaras, Isla de Java, Indonesia. En “Bonsai Bungalows”, como en casa…

Cerca de las nueve de la noche del Jueves entré en Batukaras,  pequeño pueblo pesquero y surfero en temporada baja. Apenas se veía nada, la  pequeña carretera serpenteaba entre una selva espesa de palmeras iluminadas por la luz de los faros, únicamente. No lo veía, pero sabía que estaba entrando a un paraíso. Porque lo había leído, porque había visto fotos, y sobre todo porque lo había soñado desde hacía muchas horas y muchos kilómetros, era el premio tras seis días íntegros de moto.

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En la Isla de Toba, Indonesia. En una Guest House con vistas al lago Danau.

A la promesa incumplida de dejar de fumar, se incluye ahora la de no poner nombre a la moto. Ha terminado siendo inevitable, demasiadas horas a su alrededor y demasiadas preguntas sobre cómo se llama.

Hace ya tiempo, en una de las múltiples luchas dialécticas que tenía con Duncan, metiéndonos el uno con la moto del otro, y después de una noche de Piratas del Caribe en el ordenador, empecé a llamar a la moto “La Perla Negra”, “Black Pearl” cuando como casi siempre la conversación es en inglés.

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En Krabi, Tailandia, en un hotel modesto con internet gratuito

Diluvia en Tailandia, esta mañana amanecí temprano en una playa cercana a Krabi, costa oeste de Tailandia y última parada antes de cruzar a Malasia. Anoche llegué muy tarde aquí, como de costumbre, buscaba una guest house en concreto con internet gratis donde pensaba preparar mi jornada de hoy, ver dónde parar en Malasia, ver el cambio de moneda , y sobre todo ver bien la carretera porque dicen que el sur de Tailandia es algo peligroso. A partir de aquí empiezan a convivir budistas y musulmanes y más al sur siempre ha habido conflictos. Aunque ahora no los hay parece que es mejor pasar deprisa. El caso es que desesperé buscando y al final terminé en un cutre “bungalow” junto a un restaurante italiano donde sin previa ducha cené. Como siempre pasa cuando voy solo, un grupo de italianos se interesó por mi soledad y por mi “locura” de viaje y me obligaron a cenar con ellos, me interrogaron, me invitaron a vino y me cebaron con una especie de cecina que me hizo recordar al tan añorado jamón serrano. Aunque nos empeñemos con que Europa sea una, siempre serán al menos dos, los latinos y los nórdicos. No hablaban inglés pero no hizo falta, el “italoespañol” funciona siempre y con la alegría mediterránea y la forma de gesticular es más que suficiente para pasar un buen rato.

Y esta mañana me he despedido de ellos calurosamente a las diez, a los cinco minutos se ha roto el cielo y ha empezado a caer como si fuera la última vez. Para colmo no llevo guardabarros, lo que ha supuesto que me lloviera del cielo y del suelo, una especie de ducha jacuzzi nada relajante. Y a los quince kilómetros nadados me he encontrado la guest house que ayer buscaba, me he parado, he puesto a secar todo, he sacado el ordenador y me he puesto escribir mientras veo cómo sigue cayendo.

Veamos cuánto escribo, estábamos en Camboya, la noche del 22 de diciembre.